Wall Street

«No hay nada como la zona de Wall Street para estas cuestiones de comercio.» — dicho recogido entre los mercaderes de Nueva York

Relación que un cronista de las colonias levanta para uso de viajeros, comerciantes y hombres de fe, sobre la calle que fue muro y hoy es mercado.

De cómo un muro se hizo calle

En el borde del viejo asentamiento holandés de Nueva Ámsterdam, los primeros pobladores alzaron una empalizada, y del trazado de esa defensa quedó el trazado de la calle: «en esta época era realmente la calle del muro, porque es donde está el muro». Lo que entonces eran «las afueras del muro» es hoy el corazón de Nueva York, «un lugar bastante antiguo de la ciudad». Sobre el sentido de aquella defensa las escuelas discrepan y este cronista asienta ambas versiones sin decidir: unos dicen que fue «el muro que cuidaba a los indios»; otros, que fue muro holandés «para evitar la venida de los indios Pequod». Una versión protege hacia adentro, la otra excluye hacia afuera: las dos quedan escritas, porque las dos se dijeron.

Que el nombre de una defensa contra los indios designe hoy un mercado es, en sí mismo, la historia entera de esta ciudad comprimida en una calle.

Lo que el viajero encuentra

Sobre la calle y su zona: una taberna donde se comercia con objetos mágicos; casas de comercio de joyas y perfumes; y los terrenos de Trinity Church, «los que se quemaron» — hubo un incendio, y la iglesia se reconstruye con donaciones, pues «el otro tipo estaba poniendo guita». En los mapas de la época el sector aparece marcado, y los terrenos quemados de la iglesia se señalan con un círculo.

Hacia Canal Street, en la vecindad, «todavía hay canales» y «los barqueros todavía reman» trayendo ostras: la mercadería llega remando, y el agua completa por su lado lo que la calle hace por el suyo.

El recién llegado que desembarca de noche sabrá que «Wall Street está cerca, pero es de noche»: la parte antigua de la ciudad queda a poca distancia de los muelles de arribo.

Plaza de comercio y frontera de mando

Wall Street es dos cosas a la vez, y ambas por herencia del muro. Es plaza: allí se compran y venden joyas y perfumes, allí la taberna trafica lo mágico, y esa publicidad tiene su precio — es un lugar de comercio «más público, y también más odiado» que otros mercados, porque lo que se ve se juzga. Y es frontera: el gobernador controla los territorios al sur de Wall Street «y algunas cosas un poco al norte», de modo que la vieja línea de la empalizada sigue partiendo el mando aunque ya no parta nada más.

En su zona opera además una fundación que celebra reuniones semanales con «discursos de tipo analogía, que tienen vistas hacia la economía», y corre el proyecto de fundar allí un banco. Todo lo que en esta ciudad tiene que ver con la circulación de valor —el lujo, lo mágico, el dinero de la reconstrucción de la iglesia, los discursos, el banco por venir— pasa por estas pocas cuadras.

La lógica del borde

Quien quiera entender por qué el mercado se asentó justamente aquí, considere esto: el muro fijó el borde del asentamiento; el borde atrajo el intercambio, pues lo que entra y lo que sale se negocia en el límite; y el intercambio atrajo lo demás — la taberna, los joyeros y perfumistas, la iglesia con sus terrenos, la fundación, el banco que todavía es un plan. Que el comercio público y el comercio de lo mágico compartan la misma zona explica que sea a la vez el sitio más frecuentado y el más odiado de la ciudad.

La disputa de las dos ciudades

Debe el lector saber que no todos los registros ponen esta calle donde este cronista la ha puesto. Una voz del archivo la sitúa en Boston —«está en un lugar bastante antiguo de la ciudad que se llama Wall Street»—, y a esa versión se atan un proyecto de banco y la casa «Mirando hacia el futuro». El resto de las voces, sin excepción, la ponen en Nueva York, sobre la vieja Nueva Ámsterdam. Si son dos calles homónimas en dos ciudades, o una sola calle que los itinerarios confunden, el archivo no lo establece y este cronista no lo va a resolver por su cuenta.

Advertencias del cronista

Quedan preguntas que las voces del archivo no contestan, y las dejo asentadas para el que venga después. Del muro mismo no hay descripción material alguna —ni altura, ni materiales, ni puertas—, de modo que no puedo decir si la empalizada sigue en pie o si solo persiste su traza en el nombre de la calle. Se registra también un Wolf Street, «un lugar de comercio público, más público y más odiado»: sospecho que es esta misma Wall Street con el nombre torcido en la voz, pero no lo puedo confirmar como calle distinta ni descartarlo. De la fundación no sé el nombre, ni quiénes la integran, ni qué relación guarda con el banco proyectado. De la taberna de objetos mágicos ignoro quién la regentea y bajo qué reglas se comercia. Del incendio de Trinity Church no consta la fecha, y del benefactor que «estaba poniendo guita» no consta el nombre. Precios, distancias y medidas: ninguna. El viajero prudente pregunte en el lugar.

Véase además: «Mirando hacia el futuro»


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.