Veracruz
En los inventarios donde se cuentan las piezas por las que se hace la guerra, la enumeración es corta y no admite plural: «lanza Veracruz grial libro». Cuatro renglones, cuatro reliquias mayores. Ésta es la segunda: la astilla de la Vera Cruz de Cristo, única en el mundo, arma en la mano de quien la porta y muralla del mundo entero contra lo que quiere entrar desde afuera.
Descripción de la pieza
Quien espere un leño o un relicario se llevará una decepción instructiva. Los que la vieron no describen madera: describen «la masa esa toda luminosa de la Veracruz». Lo que el ángel celestial llevaba era esa masa, y esa masa era la astilla. En combate funciona «en forma de Mazo», y una vez tomada «no se podía sacar»: la reliquia no se suelta del portador. Se lleva sobre el costado derecho, y ahí queda «como muy plantado» — la postura es parte del objeto; se la carga con orgullo, a la vista, nunca escondida. En una de las visiones se la representa como círculo y cruz, y de esa figura se libera «esa fuerza». Si esa figura y el mazo son el mismo estado de la cosa o dos estados distintos, ningún testigo lo ha aclarado.
Regla de posesión
Su ley es dura y exclusiva: «si yo no la tengo no la puedo proteger… si ustedes la tienen no la puede proteger yo». No hay custodia compartida, no hay delegación posible. Quien la porta protege; quien no la porta queda fuera de la protección y de la responsabilidad. Por eso la cadena de custodia de la Veracruz no es una anécdota de tesoreros: es una estructura del mundo. Un ángel la portó. Los Templarios la reencontraron y juraron con su vida protegerla. Los Hospitalarios la tuvieron bajo su guardia y la perdieron hace siete años — y esa pérdida no dejó de ser de la orden: siete años después sigue definiéndolos. Hoy es la Orden del Temple la que responde por su destino.
Obras del mazo
Como arma tiene victoria registrada: con la astilla de la Veracruz el Gran Maestro templario venció al padre de Philippe. También consta que se la usó como proyectil — cargaron la ballesta con la Veracruz y dispararon con ella. Este cronista debe dejar ambas versiones en pie, aunque se muerdan entre sí: una escuela sostiene que la reliquia no se separa de la mano; otra la vio volar desde una ballesta. Las dos cosas están dichas y ninguna ha sido retirada. Quede la disputa como está: no es la primera reliquia cuyo comportamiento excede a sus doctores.
Escudo del mundo
Como protección no opera a escala del portador sino del conjunto: «funciona como una protección para que entidades de otros planos de existencia no puedan invadirnos». Tres cosas la constituyen y ninguna sobra: la materia santa, la forma de mazo, la luminosidad que hace de barrera. Por eso la portan órdenes militares y no un templo: sólo cumple su función de escudo mientras alguien la carga al costado y pelea con ella. Si la Veracruz cambia de manos, cambia quién puede proteger el mundo — no hay reliquia con más consecuencia sobre el todo. Fue el objeto central del primer propósito de las Cruzadas; hubo por ella grandes batallas, y hay quienes asocian su suerte a la caída — o al ascenso — de Kronamon.
El hilo que la ata
Sobre la Veracruz tiene poder una sola cosa conocida: el hilo de Ariadna. Se planteó que «la Veracruz sea atada por el hilo de Ariana», y ésa era la manera de redimirla a ella. Qué hace exactamente el hilo al atarla, y a quién alcanza esa redención, es materia que el archivo enuncia pero no despliega.
Itinerario conocido
Sus movimientos se rastrean por hitos sueltos, como se rastrea a un cometa: llega la Veracruz desde Masada; en otro momento la sacan del laberinto. Entre la pérdida hospitalaria y su llegada desde Masada, las manos por las que pasó no constan. Nadie la tiene sin que eso constituya, de por sí, un hecho de custodia.
Reservas del cronista
Quede advertido el lector de lo que este catálogo no puede fijar. No hay medida, peso ni tono para la «masa luminosa». No se sabe cómo se pierde una reliquia que no se suelta de la mano: las circunstancias de la pérdida de hace siete años no fueron consignadas. No se sabe quién la tiene ahora. No se sabe qué son, con nombre y rostro, esas «entidades de otros planos de existencia» que la astilla mantiene afuera, ni si su ausencia de siete años dejó abierta alguna puerta — pregunta que este cronista formula con inquietud y sin respuesta. Y de la lanza, el grial y el libro que la acompañan en el inventario, sólo puede decirse que comparten renglón: qué sistema forman entre sí las cuatro piezas, el archivo no lo establece, y no seré yo quien lo invente.
Véase además: Philippe · Hilo de Ariadna · Kronamon · El laberinto
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.