Titán
«Un ojo en donde adentro tenía una piedra, que a su vez adentro de la piedra tenía esa astilla.» — de lo que se sabe del Titán caído
Escribo sobre los titanes con la cautela de quien mide una sombra al mediodía: la cosa está ahí, enorme, y sin embargo cada testigo trae de ella una medida distinta. Antiterra los registra en su cosmología antes que en su geografía: son criaturas de escala divina o semidivina, asociadas a dioses caídos, y aparecen a la vez como cuerpo presente en el terreno y como figura mitológica de una caída. Lo poco que la vista ha fijado es esto: la figura gigante tiene un hombro de hierro.
De la talla, y de la disputa de las escuelas
Los registros no se ponen de acuerdo, y yo no voy a ponerlos de acuerdo por ellos. La escuela mayor sostiene que el titán «es tan grande como un Mazinger», «una cosa de 50 o 60 metros». Otra voz, igualmente asentada, fija que «es un titán de tres metros veinte de altura». ¿Especies distintas? ¿Titanes menores junto a mayores? ¿Una confusión de criaturas? El archivo calla, y las dos cifras quedan escritas una junto a la otra, como dos mojones que señalan caminos contrarios.
Hay, sin embargo, un titán que resuelve la disputa por exceso: el que «está paseando por la orilla» con la cabeza casi en el plano astral — de una talla tal que la cabeza atraviesa el límite entre planos, rozando ya el plano astral. Ante semejante medida, discutir metros parece oficio de agrimensores tercos.
Del cuerpo como cofre
La lógica del titán es el encaje: titán, ojo, piedra, astilla. Del Titán caído se sabe que guarda, encajada en el ojo y dentro de una piedra, la Astilla de la Veracruz. El ojo es continente, la piedra es continente, y en el centro está la reliquia. El cuerpo colosal resulta así la última cáscara de un contenido diminuto y sagrado, y esa estructura de muñeca rusa explica por qué un titán caído sigue siendo un destino y no una ruina: llegar a la reliquia exige pasar por el cuerpo del titán. Si la astilla estaba en el ojo antes de la caída, o llegó ahí por ella, es pregunta que dejo abierta más abajo.
Del silencio que lo rodea
El Coloso —así lo llaman también los registros, sin fijar si Coloso y Titán son una misma cosa— emite a su alrededor una zona donde la magia se anula: «está dentro de una zona de magia y allá dejó de haber magia; en realidad cayó una energía de cancelación». La magia no opera en su entorno inmediato. El titán no es, pues, solo un obstáculo de masa: es un anulador de recursos, y las distancias a él se cuentan como magnitudes tácticas. Una compañía lo tuvo primero a 1100 pies; luego, tras el traslado obrado por el Fang de Paz, apareció sobre una plataforma rocosa y una pasarela de roca a 120 pies de la mole — «está el Titán al lado, a 120 pies». El espacio en torno a un titán se organiza así en anillos alrededor de una masa, y el que entra en el anillo interior entra desarmado de todo arte.
De los titanes contados
No hay un solo titán. El archivo da al menos cuatro apariciones, sin decir si el mundo los cuenta:
- El Titán caído, cofre de la Astilla de la Veracruz.
- El negro titán: «negro, titán, gigante, demonio», el que «cayó sobre la ciudad del agua». Una respuesta del libro lo identifica con Aso, con la aclaración de que avatar y dios, o descendiente y ancestro, están relacionados — identificación por contexto, no palabra que cierre.
- El titán de las orillas, el que pasea con la cabeza casi en el plano astral.
- Kronamon, titán y dios sin ubicación fijada, cuyo nombre importa por otra razón: un personaje persigue «el ascenso, el catasterismo de su dios, del titán Kronamon». Un titán puede ser objeto de culto, y su elevación a los astros, el propósito de una vida.
De la caída como acontecimiento
La caída de un titán no es solo catástrofe: es materia de visión. En el año 1889 se vio una. Que la caída de estos cuerpos se registre por vía profética y con fecha dice que Antiterra los tiene por acontecimientos del cielo tanto como del suelo: cuando un titán cae, el mundo lo anota.
Advertencias del cronista
Confieso los límites de mi ciencia, que son muchos. No sé si «Titán», «Coloso», «Titán caído» y «negro titán» nombran una misma clase de ser, ejemplares distintos de una misma estirpe, o categorías que el archivo agrupa por mera homonimia de lo enorme. No sé cuál es el radio de la zona de cancelación, ni si anula toda magia o solo cierta clase, ni si la emite todo titán o únicamente aquel Coloso. No sé quién cayó en la visión de 1889: la nota registra la duda —¿Kronamon? ¿Helec?— y una resolución por contexto que lo liga a Aso, sin sello del autor. Del aspecto general nada puedo decir fuera del hombro de hierro y del negro de uno solo: ni rostro, ni miembros, ni si se mueve, ni qué ruido hace un cuerpo así al andar. Y no sé, en fin, cuántos titanes tiene Antiterra. El que escriba después de mí, cuente mejor.
Véase además: Astilla de la Veracruz · Kronamon · Plano astral
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.