Shibuya

«Shibuya levanta su libro, lastimado.» — así empieza siempre; el que estuvo abajo lo sabe

Esto lo cuento como se cuenta abajo, de vagón en vagón, porque a Shibuya no se la explica: se la ve levantar el libro. Un objeto físico, escrito, portátil, y lo que lo define es lo que le falta: es «el libro escrito que no está en la red». En un mundo donde todo se transmite y todo se cuenta en likes, Shibuya es la persona que guarda un papel que ninguna transmisión puede leer.

Y el nombre pesa tres veces: nombra a la persona, nombra al territorio que esa persona controla, y nombra —en la cosmología de la Cuarentena— al barrio de Tokio, «el barrio que iba a ser aplaudido», usado como alegoría. Si son la misma cosa, homónimos, o si una tomó el nombre de la otra, es disputa abierta entre los que cuentan; más abajo lo dejo dicho.

Las caras

Shibuya no es uno. Es un conjunto de facetas que se turnan, y en pelea el conjunto «funciona como una pandilla». De las caras, dos tienen nombre fijado: una es «una especie de dark queen» —hay quien la registró como drag queen, y las dos grafías circulan—; la otra, más reciente, es la matrona: «muy, tipo, muy también de educación japonesa». Hay otras que en el trato normal no se muestran nunca: Shibuya «aparece en personalidades cuando está en situaciones de potencial combate». Del cuerpo, la ropa y la voz, los que contaron no dijeron nada, y yo no voy a poner lo que no vi.

Lo que junta a todas las caras es una sola cosa, y está dicho con todas las letras: «todas las personalidades de Shibuya tienen algo que por eso se juntan en Shibuya, que es que quieren liberar las máquinas de las personas». Por eso conviven en la misma figura el carrero que maneja la máquina, el fabricante que la arma, la dark queen y la matrona que salen según haya pelea o crianza, y el maestro de pintura.

Los trenes

El territorio de Shibuya son trenes abandonados donde «la naturaleza lo invadió». Máquinas que ya nadie maneja, tomadas por el monte: si la doctrina es liberar las máquinas de las personas, el territorio es la doctrina hecha lugar. Y no está vacío: «hay gente mía ahí». Gente que vive en lo liberado.

Likes y supervivencia

Shibuya se sostiene por dos vías a la vez, y son opuestas. Por la red: es ídolo con followers, y en las transmisiones circulan «los poemas de muerte de Shibuya». Los followers «ponen los likes suficientes» para que sus ídolos «no sean exterminados como simple escoria». Que quede claro lo que eso significa acá abajo: la cuenta de likes no es vanidad, es la línea entre existir y no existir.

Fuera de la red: el libro. Lastimado, escrito, repartido en mano. El mismo referente sostiene un canal que se mide en likes y un canal que no se puede medir. Eso es lo que hace de Shibuya el punto donde el mundo guarda lo que la transmisión no puede tocar.

La banda y el escalón

En la escala de mando, Shibuya y su gente vienen «justo debajo de Ardis». Manda sobre una crew propia —«la banda que tiene»— cuyos nombres, tal como se dijeron, son: Gonzalo, Gusano, García, Rubicon, Margot, Mesnada, Cuadral, Manboy, Anina, Malboy, Buscalis, Lunes y Kelpi. Trece, más «tres o cuatro contactos más».

Como carrero, «va a sobrevivir porque es un carrero»: experto en conducción de vehículos, dicho en contexto de conducción del tren. Ha demostrado hacer un arma letal. Y es «un referente para todos, para los grandes y para los chicos», con una doctrina que cabe en una frase: «la rebelión no es más que la guerra renovada».

La otra punta de la vida

Hay una versión más —la última que se contó, y se contó entrecortada— donde Shibuya aparece «pintando… tomándose sus años… como una artista con una escuela», con niños que aprenden a pintar con ella. ¿Son dos momentos de una misma vida, el referente armado que envejece en maestra, o dos versiones que nunca se tocaron? Los que lo contaron no lo cerraron, y las dos circulan.

Lo que este testigo no sabe

Digo lo que falta, para que nadie lo invente por mí. No sé cuántas personalidades tiene Shibuya ni cómo se llaman las que faltan: sólo la matrona y la dark queen tienen nombre, y de las otras quedó dicho que «no vi nadie». No sé si Shibuya persona, territorio de Shibuya y barrio de Tokio son una sola cosa o tres que comparten palabra. No sé qué dice el libro lastimado, quién lo escribió ni a quién se lo reparte: sólo consta que está escrito, que está dañado y que no está en la red. No sé qué arma letal fabricó, de qué está hecha ni quién la porta. Y no sé qué se le hace a una máquina para liberarla de las personas — aunque los trenes tomados por el monte parecen la respuesta que nadie formuló.

Véase además: Ardis · la Cuarentena


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.