El Maelström
«El maestrum va más allá. Y el maestrum somos todos.» — voz recogida abajo, durante la cuarentena
Nadie lo vio nunca. Eso es lo primero que hay que decir de la vorágine psíquica del mundo: los que hablan de ella hablan de lo que se le enchufa —«ese casco tubar» de realidad virtual, aparatos, artilugios— o de lo que aparece en pantalla: «un puntito» delante del maelström, que se monitorea y se borra. Del Maelström mismo, ni color, ni tamaño, ni ruido. Lo que hay adentro se nombra como sustancia, no como imagen: «psychic soup», «el centro del magneto», mensajes que llegan firmados «P.S. — psychic soup». Como si el mundo entero fuera una olla y nosotros lo que hierve.
Una red vieja, y sin embargo
Su naturaleza técnica es híbrida y anterior: «analógico digital», «una forma de digital todavía no tan accesible o controlable», tecnología caducada pero todavía accesible, nacida del uso de la tecnología que volvió todo post-apocalíptico. Un lugar «donde el algoritmo llegó después». Cuando el colapso se llevó las otras redes, quedó esta: lo que sobrevivió del sistema técnico se volvió el medio en que la gente piensa, se comunica y se cura. Por eso las tres capas no se separan: la infraestructura heredada de la ruina, la sopa psíquica común donde todos somos nodos, y el aparato de acceso individual —casco, artilugios, VPN y triangulación—. O simplemente una mente abierta.
Uno solo, en todas partes
No es un ente único sino una fuerza distribuida sin centro propio: cada persona es nodo esclavo de un poder mayor. Está donde está la mayoría de la gente —«la realidad que está en el Maelstrom en esta cuestión virtual de la cuarentena»— y por lo menos un punto de él tiene alcance planetario: «vorágine SIGCA mundial», «world psychic milestone». Se lo alcanza desde cualquier lugar donde haya con qué conectarse.
Lo que se hace ahí
Se abre la mente al Maelström y desde ahí se establece canal seguro —así se le ordenó a Taito—, se consulta, se rastrea infraestructura («Tiene que ver con las redes»), se accede a la fuente de comunicación de un aparato ajeno, como el cepelín. Los savvyheads lo usan para curar: se abren al Maelström en conexión con el que está enfermo. Sobre la red identificada con el Maelström incide, con augurio, Shibuya.
Su interior está catalogado: un directorio alfabético le asigna a cada cuestión su lugar como «secciones o convolutes del maelstrom» — índice de un archivo que es también índice de una mente, porque acá archivo y mente son la misma cosa.
Y rige una regla dura, la única ley que abajo todos repiten: estás en el centro del magneto, y querer cambiar cualquier cosa ahí te va a cambiar a vos también. No hay intervención neutral.
El límite y la amenaza
Que quede claro: «El maestrom es la conectividad. No es todo lo que sucede.» No es la totalidad de lo real; es el medio, y el medio es casi todo. Pero puede volverse hostil: destruye comunicaciones, desactiva hackeos, y hay quien lo nombra como enemigo activo — «nos está ganando el maestro». A la vez genera soluciones: «Ella es parte de todo el mundo del maelstrom que está generando esta solución». Hay gente poniéndose directamente en contra de él, junto con «toda la empresa esta del Orwell».
Lo que este testimonio no puede fijar
Escribo desde abajo y con lo que se oyó, así que anoto los agujeros como agujeros. Nadie dejó dicho cómo se ve o se siente el Maelström desde adentro. Nadie fijó si es potencia, criatura, lugar, proceso o red: las voces usan todo eso como si fuera lo mismo, y quizás lo sea. Alguien lo llamó «viejo enemigo mío», pero no consta quién o qué actúa como su voluntad hostil, ni si esa hostilidad es del Maelström o del que lo controla. Del directorio de convolutes no quedó registrada ninguna entrada: no sabemos cuántas secciones hay ni quién las asignó. Del costo de conectarse solo sabemos la regla del magneto: cambiarlo te cambia. Y queda sin resolver lo más incómodo: qué es exactamente el Orwell respecto del Maelström —si lo administra, si lo explota, o si solo opera adentro, como todos—. Tampoco alcanza el material para decidir si el Maelström preexistía a la tecnología o nació de su ruina. El que baje, que baje sabiendo eso.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.