Reina Amarilla
«Soy la dama de cartas.» — fórmula con que se presentó, según las voces del archivo, la soberana que aquí se registra
De la soberana y su señal
Escribo, como Paulus Alexandrinus escribió de tantas potencias que el mundo prefiere no mirar de frente, sobre la reina de amarillo: una sola, siempre nombrada en definido, potencia soberana de una corte propia que no es Bizancio ni depende de trono alguno de los que figuran en las cartas de los reinos. De su cuerpo el registro conserva una sola cosa cierta, y es la que basta: los ojos, «amarillo gatuno y violeta», cuyas pupilas «le dan vuelta en el espacio blanco», «están locas» — un movimiento continuo, anormal, dentro del blanco del ojo, señal que delata que no gobierna allí una mera mujer. De su talla, de su vestido, de si el amarillo es color de ropa, de piel o de heráldica, el archivo calla, y yo con él.
Del acceso a su corte
A su corte no se llega viajando: se llega en un acto. El medio ordinario es el Pergamino de teleportación, para el cual «corte de la Reina de Amarillo» es destino conocido o especificable — lo que la vuelve alcanzable desde lejos y en un instante, cosa que ninguna otra soberana de este registro puede reclamar. Se sabe que la corte existe, que un oasis aparece asociado a la llegada hasta ella, que hay vasallos que reportan sus faltas y que a la reina se la puede exigir alcanzar —«exijo que me lleven inmediatamente»—; cómo se ve ese lugar, dónde está y cuántos la sirven, nadie lo ha dejado escrito.
De su autoridad y su espera
Funciona como autoridad final: sus órdenes se ejecutan sin discusión, puede ordenar ejecuciones, recibe cuenta de las faltas de los suyos. Y sin embargo el registro la muestra también en otro temple: «la reina de amarillo está esperando» — aguarda a su Rey, y en ese aguardar es figura de espera, no de acción. Sobre ella pesó además «el ataque a la reina amarilla», que la instala como objetivo de rescate o defensa; quién la atacó y cuándo, no consta. En el encuentro directo su trato es doble y extraño: acepta un matrimonio que ella misma nombra como cadenas —«matrimonio solo llamo cadenas pero las acepto»— y comparte información por vínculo de mente, diez minutos de saber vertido sin palabras.
De la sospecha
Los compañeros que la trataron nunca resolvieron del todo de qué lado estaba. El debate quedó registrado en su propia voz: «estamos seguros ahora que la de amarillo no era parte de todo esto también», y la prudencia que de ahí siguió — «yo no iría hasta que por lo menos definamos si ella tuvo implicancia en esto o no». Todo el arco gira sobre esa duda: si tuvo parte en los hechos investigados, la pesquisa entera se reorienta; si no, es aliada y ha de protegérsela. La decisión de acercarse o no a su corte organizó el movimiento de la compañía entera. No es ornamento mitológico: es poder político real.
Del linaje de las reinas por color
ANTITERRA sostiene —y esto es lo que este registro genealógico debe fijar— una serie de reinas designadas por color, que funcionan como potencias diferenciadas y no como variantes de una misma. El color no es adorno: nombra facción y naturaleza.
- La Reina Verde — lideresa de «la facción verde de Bizancio»; mujer grande y severa, porta báculo, monta caballos con sangre de dragón, y tiene contacto directo con las emperatrices. Su nombre verdadero no ha llegado limpio hasta nosotros.
- La Reina Negra, «una reina oscura» — potencia hostil que persigue venganza; de ella quedó la advertencia: «tengan cuidado, está muy enojada». A su sombra se asocia una «señora» enlutada que exigió el Libro Negro.
- La Reina Arterial — título o entidad de la que no queda más que el nombre.
- La Reina Amarilla — soberanía aparte, con corte propia, la que da título a esta entrada.
Y hay un segundo estrato: reinas de tronos reconocibles reescritas bajo ley sobrenatural. Teodora, autoridad en la corte de Bizancio, que camina por los jardines y dispone de una entrada «donde nadie podía escuchar la conversación». Elizabeth, «elizabeth la reina lich», no-muerta al mando del Imperio Británico, cuyo reinado ronda ya los cien años. Draga Machine, asesinada en Belgrado — crimen del que quedan tres hipótesis abiertas: agentes franceses, agentes alemanes, el Círculo de Serbia. Y una Reina de Bizancio deprimida, probablemente por ausencia de su consorte, canonizada y venerada tras querer inmortalizarse.
Si ambos estratos forman un solo sistema, si las reinas de color se oponen entre sí según regla o heráldica, el archivo no lo establece. Registro la coexistencia; la ley que las ordena, si existe, no ha sido escrita.
Advertencias del cronista
Debo, por honestidad de oficio, dejar asentadas las grietas de este linaje. La cita de los ojos dice «él tiene ese en amarillo gatuno», en masculino: la atribución a la Reina proviene de lectura por contexto, no de la letra. Qué sea «la dama de cartas», y si ese título es de ella o de otra figura del oasis, queda abierto. Tampoco puedo jurar si la Reina Amarilla y la Reina de Bizancio deprimida y canonizada son una o son dos: las voces las listan juntas sin fijarlo. El nombre verdadero de la Reina Verde nos llegó corrompido; de la Reina Arterial no hay más que el nombre; y hay una referencia mutilada —«a una __ amarillo»— cuyo epíteto perdido acaso diría más que todo lo que aquí conservo. El que venga después de mí, que no rellene: que pregunte.
Véase además: Pergamino · Draga Machine
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.