Región
Quien haya de recorrerla, sepa primero esto: es una sola. El archivo no le conoce pares ni vecinas con nombre; todo lo que existe en estos registros —ciudades, estancias, deudas, guerras, muertos— cabe dentro de ella. Los viajeros la llaman, sencillamente, la Región, y esta carta se escribe para que el que entre por su puerto sepa qué terreno pisa, en qué moneda paga y de quién conviene esconderse.
El terreno
Desparejo y de pocos accidentes verticales. Hay sectores donde, sin más explicación, «no hay árboles acá»; hay montañas y hay mar. Hay desierto —el que rodea las catacumbas, adonde «todos corren y se pierden»— y hay «una región en la zona toda llena de cenizas», el lugar donde se incineraban los cuerpos, con «una especie de gruta excavada en una parte». En la zona sur, entre los acantilados, se abre «una parte que es la bahía del puerto».
La lógica del conjunto es la de un litoral colonizado de espaldas al interior. Las estancias de Santa María en un extremo y la ciudad en el otro arman el eje de la zona sur, con el puerto en el medio como bisagra. En el borde opuesto, el desierto, las catacumbas y la región de cenizas con su gruta forman la zona donde se va a morir y a perderse: allí se incineraban los cuerpos y allí se pierden los que huyen —de un bandido llamado José María se dice que se perdió en ese desierto. Entre ambos extremos, las montañas y los sectores sin árboles.
El clima y el camino
Húmedo antes que ventoso: lluvia de noche, niebla al levantarse, temperatura fresca — «lo que hace más fresco es la humedad, no es que corren unos vientos terribles». Yendo al sur en barco, «cada vez va a ser más frío».
La escala engaña al que mide sobre el papel. Un tramo del tipo Tiro–Petra–Jerusalén–Jericó «no pasan a ser más de cuatrocientos, trescientos o cuatrocientos kilómetros»: plazas cuya distancia mutua fija la vara de toda la Región. Pero corto en el mapa no es corto en el camino: sin coches, «400 kilómetros te puede llevar unos días de viaje». El clima decide el ritmo, la escala decide los días. Calcule provisiones en consecuencia.
Las dos monedas
Se paga en dos monedas a la vez: «hay pesos, pero la verdad que los todos traducimos a libras». La libra es la moneda estable del momento; en libras paga Lord Ponsbury, y en libras apuestan y comercian los ingleses. Detrás del dinero está la casa Baring, que maneja los contratos de tierra y los préstamos, y que tiene «muchos enganchados».
La bahía del puerto entre acantilados explica por qué la libra y la casa Baring pesan más que el peso: el dinero entra por el mar y la tierra se hipoteca hacia adentro. La doble moneda decide quién puede pagar qué; el que llegue solo con pesos, sepa a qué mesa puede sentarse.
El orden y sus dos caras
La lengua es el español, «el idioma de los que trabajaban en España», y se lo habla en Isidora, ciudad de la Región. El orden político lo sostiene un régimen —el archivo no lo nombra— con dos caras simultáneas: la noche del 24 de mayo inaugura un teatro con Amantes y celosos todos están locos, y hace pasar a la Mazorca con las listas. Cuando la Mazorca «sacó la lista», el efecto es el miedo. Lo que cambia dentro de la Región —la lista, la deuda con la casa Baring— no es asunto local: alcanza a toda la población registrada.
Se bebe cidra, asociada al Río Colorado.
Las guerras
La Región tiene guerra propia, y en dos frentes. Hacia afuera, guerras con los parambucos, «con el equivalente al imperio de Brasil». Hacia adentro, guerras civiles, intestinas, contra Artigas. El viajero que crea que la distancia corta lo protege, recuerde que en un territorio de trescientos o cuatrocientos kilómetros ninguna guerra queda lejos.
Advertencias del cronista
Quede dicho lo que este cronista no puede establecer, para que nadie lo dé por sabido. La Región no tiene, en estos registros, nombre propio: es «la región», y así la dejo. Del enemigo intestino circulan dos grafías, Artigas y Arslan, y no está resuelto si son un solo hombre mal oído o dos enemigos distintos; el prudente cuente con los dos. No se sabe si la región de las cenizas y la de las catacumbas son la misma zona o dos lugares separados, ni a qué distancia quedan de la ciudad; tampoco si «la ciudad» que cierra la zona sur es la misma Isidora u otra. Del «roble doble del sur» y de «los colos» solo tengo las palabras: si son accidentes reales de la zona sur o ruido del que copió, no lo diré yo. Nadie ha fijado la tasa de cambio entre el peso y la libra —lo cual, sospecho, conviene a la casa Baring—. Y de la extensión total, la población y los límites al norte y al oeste, el archivo calla: la Región termina donde terminan sus registros.
Véase además: Isidora · Lord Ponsbury · Mazorca
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.