Mordenkainen
«La cuestión jodida acá está en Tovag Baragu.» — dictamen atribuido al rector, recogido en los registros del Caldero
Quien quiera un permiso, una llave o un diagnóstico sobre el desequilibrio del cosmos, que prepare el viaje: todo eso pasa por una sola voluntad, y esa voluntad no se mueve de la Torre de Greyhawk. Mordenkainen es rector de la Universidad de la Magia, uno de los principales «sentinelas» de la ciudad, y el hombre cuyo nombre quedó pegado a un hechizo que todo mago con acceso conoce. El que lo quiera, tiene que ir a Greyhawk. Él no viene.
El hombre
De su persona el archivo guarda apenas dos rasgos: pelado, con «barbita de Van Dyke», y «algo en la mano» que ninguna voz llegó a nombrar. Ni vestimenta, ni edad, ni voz. Es de esas figuras que el mundo describe por sus efectos antes que por su cara: marginal en presencia, central en consecuencias.
El linaje del nombre
Su nombre corre por dos venas. Una es histórica: se lo cuenta entre los personajes importantes de Greyhawk, junto a Robilar y Tenser, y una figura llegó a especular sobre su papel en la fundación misma de la ciudad — especulación, no acta. La otra vena es la de la disciplina mágica: el Mordenkainen’s Private Sanctum, el recinto que lleva su firma, es infraestructura corriente entre los magos, de modo que el nombre se hereda cada vez que alguien lo conjura.
El Sanctum es, bien mirado, un rectorado portátil: un cubo que puede ser tan chico como 5 pies o tan grande como 100, dentro del cual «el sonido no pasa», nada puede teleportar, el viaje planar queda bloqueado y las criaturas adentro no pueden ser objetivo de hechizos de adivinación. Cuatro vías por las que se entra sin permiso, las cuatro cerradas. En campamento reparte «cada uno su habitación»: se duermen juntos y «a la mañana se despiertan y están solos».
La aduana
Mordenkainen funciona como autoridad y como aduana. Otorga permisos —hay que «conseguir el permiso de Mordenkainen»— y dirá dónde se encuentran ciertas criaturas, que solo tiene en la Torre de Greyhawk: no las mueve. Custodia objetos críticos: posee la llave para ver el God Trap, y esa llave circula en régimen de trueque, no de venta. La promete a cambio de la Espada de Kas, y quien quiera desplazar esa oferta debe «ofrecer algo mejor». Es la economía de los poderosos: no hay precio en moneda, hay equivalencias entre objetos únicos.
Como asesor cosmológico, su dictamen abre esta entrada: es él quien señala a Tovag Baragu como punto focal del desequilibrio cósmico. Con la compañía mantiene un trato diplomático establecido.
El aparato
La Torre, la Universidad y el rectorado son una sola cosa: el poder mágico institucionalizado en un edificio y encarnado en un cargo. Ahí se guarda todo lo peligroso —criaturas, llave— porque la custodia y la enseñanza se ejercen desde el mismo sitio. El resultado es un cuello de botella del mundo: las criaturas que se liberan, el acceso al God Trap y la lectura del desequilibrio dependen de un solo hombre en una sola torre.
Advertencias del cronista
Acá conviene pisar el freno y anotar lo que el archivo no dice. Qué tiene en la mano, nadie lo registró. Qué son esas «otras criaturas» para las que da permiso, y por qué las retiene solamente en la Torre, tampoco. Sobre la llave del God Trap las voces usan dos fórmulas —que lo abre, que solo permite «verlo»— y este cronista no va a elegir por ellas. Su papel en la fundación de la ciudad es especulación de una figura, nada más. Del trato diplomático con la compañía no consta qué obliga a cada parte. Qué es un «sentinela» de Greyhawk como cargo, y quiénes son los otros, queda abierto. Y de la Torre misma —cómo es el edificio, cómo es la Universidad, cuánta gente la habita— el archivo calla por completo: el hombre más descrito por sus efectos vive en el edificio menos descrito del mundo.
Véase además: Greyhawk · Espada de Kas
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.