Greyhawk

Ruta de las estepas, tramo primero: se sale de la ciudad libre, se toma el camino que baja hacia el río, y si el viajero mira por sobre el hombro hacia el norte, a seis millas verá tres torres recortadas contra el cielo. Eso es todo lo que queda del castillo que le dio nombre a la ciudad. Anótelo el que viaje: en el mundo de VALA —«el mundo alcón gris»— hay una sola Greyhawk, y son dos cosas a la vez: una ciudad viva y una ruina aparte.

La ciudad libre

Greyhawk es ciudad libre por estatuto, no por naturaleza: la condición se la otorgó un alcalde hace unos doscientos años, de modo que su libertad tiene fecha y firma, aunque el nombre del firmante no llegó hasta este cronista. Es entidad política con historia registrada — su nombre figura en contratos, su fundación está fechada, su territorio se negocia.

Y sin embargo, en los registros que este glosario pudo consultar, Greyhawk aparece sobre todo como punto de partida: se la deja atrás cuando el Hindenburg avanza por las estepas cerca del río, y queda abandonada a espaldas del viajero. Si «abandonada» quiere decir vaciada de gente o simplemente dejada atrás en la ruta, las voces no lo aclaran, y el baqueano prudente no elige por ellas.

Las tres torres

Castle Greyhawk está «en el norte de la ciudad», a seis millas exactas: una fortaleza antigua reducida a ruina, de la que sobreviven tres torres — «lo que queda del Castillo». Las tres torres son «de la magia, del poder y de la guerra»: una función por torre, como si la fortaleza hubiera repartido entre sus tres piedras en pie los tres poderes que el mundo reconoce como tales.

La separación es lo que define al lugar. La ciudad viva heredó el nombre de la fortaleza muerta y conserva su origen a las afueras: alcanzable, pero aparte. Por qué el asentamiento libre creció a seis millas del castillo y no junto a él, nadie lo ha dicho. El castillo no opera como plaza: opera como seña, ruina identificable a distancia por sus tres torres.

Las voces del archivo tratan a este conjunto como sitio fundacional — el origen del que descienden las gestas, no una escala cualquiera del camino. Que un lugar sea a la vez origen y punto que se abandona es una ironía que el cronista deja anotada sin resolver.

El mapa como mercancía

Un fragmento del mapa de Greyhawk circula como objeto: va adjunto a un contrato de negociación, como si un pedazo de territorio dibujado valiera lo que una cláusula. En ese fragmento hay una marca de localidad que dice «Isidora». Qué es Isidora —aldea, ruina, punto de encuentro—, entre quiénes se firma el contrato y qué se negocia, el archivo no lo establece. Pero el hecho queda: en Greyhawk el mapa mismo es moneda.

Advertencias del baqueano

Acá conviene pisar el freno. De la ciudad no hay descripción física: ni murallas, ni barrios, ni tamaño, ni población — el que llegue, que mire con sus propios ojos. No se sabe si sigue habiendo alcalde ni si la libertad de la ciudad se sostiene o está en disputa. De las tres torres no consta si están habitadas, selladas o practicables, ni qué hay debajo del castillo — y en un castillo así, lo de abajo suele ser la pregunta grande. En la cita del mapa hay una palabra dudosa, «Steric», que podría ser una segunda marca de localidad distinta de Isidora; queda en cuarentena. Y circula una versión según la cual el castillo tendría origen en «un castillo italiano real… en Florencia»: si eso es un hecho de este mundo o una explicación venida de afuera, las escuelas no se ponen de acuerdo, y este cronista lo deja donde lo encontró.

Véase además: Hindenburg · Isidora


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.