Espada de Kas

Asiento de catálogo — pieza sin estante. El archivero que quiera fijarla en un anaquel pierde el tiempo: esta arma no tiene lugar de reposo conocido, y de las tres tenencias registradas ninguna termina en vitrina. Una sola existe —«única en todos los universos»— y por eso este asiento se abre no con medidas de hoja sino con una advertencia: lo que sigue es el inventario de un objeto que mira a quien lo inventaría.

Señas del objeto

Se ofrece cubierta: envuelta «en unos extraños copajes arapos negros» —capas y trapos negros—, y así la sostienen los tentáculos que la presentan. Quiénes son esos tentáculos, el archivo no lo dice. Lo que identifica al arma cuando aparece en la balanza no es la hoja sino lo que hay sobre ella o sobre la pieza que la corona: «se abre un ojo», y quien lo vio lo nombró «el ojo de Dios». Junto al ojo se anotan «dos pernas», voz que este cronista transcribe sin poder glosar. De una espada del archivo consta «empuñadura robusta» y un «sillo especial» —término que nadie aclaró—, pero no está probado que esa descripción sea la de esta arma. Del cuerpo restante —largo, material, filo, peso— no hay una sola línea. La espada más famosa de todos los universos es, en los registros, un ojo y unos trapos.

Lo que hace con quien la lleva

Tres oficios cumple, y los tres a la vez.

Enseña. El saber no se estudia: se recibe del objeto. Así quedó dicho por uno que la portó: «esos conocimientos los obtuviste de la espada misma… te dio proficiencia en conocimiento arcano».

Prueba. Lleva alojada en sí una trampa, y la trampa apunta al propio portador: «esta trampa podría haberme matado». No se desarma con maña ni con herramienta; se desarma con condición moral. Fue neutralizada por «un destello de justicia» del que la empuñaba, y sin ese destello el resultado habría sido la muerte. La envoltura que cubre, el ojo que se abre y la trampa que aguarda forman un mismo dispositivo: algo que se ofrece tapado, que mira, y que mata al que la toma sin estar a la altura.

Bebe. Se le atribuye —con probabilidad, no con certeza— que «su espada puede beberlos para llevarlos de otro lado»: beber almas y transportarlas a otro plano. Si esa boca es parte del mismo mecanismo que la trampa y el ojo, o una función aparte, el archivo no alcanza a decirlo.

El precio de entregarla

Cuando esta arma cambia de manos, lo que se mueve no es el poder de un hombre sino el equilibrio del mundo. La entrega mayor está asentada: dársela a Vecna en Tovag Baragu produce desequilibrio cósmico. Y ponerla en manos de «quienes pueden hacer un ritual terrible» es, precisamente, lo que habilita el ritual. Cuál es ese ritual y qué consecuencia concreta tuvo el desequilibrio, los registros no lo consignan; consignan el temblor, no la grieta.

Tres momentos de tenencia guarda el archivo, sin lugar de reposo entre ellos: estuvo en manos de un compañero de cierta gesta —«tenés la espada de Kas», le fue dicho—; fue robada mediante un ritual y quedó «en manos de aquel que más le teme a la espada de Caz», figura cuya identidad nadie fijó; y fue entregada a Vecna en Tovag Baragu. Los bequilianos buscan activamente su paradero y conocen «por lo menos una historia» sobre ella: el arma tiene seguidores fuera de toda compañía que la haya tenido. No es botín; es moneda entre potencias. Y su unicidad la vuelve irreemplazable: si se pierde, no hay otra que buscar.

Piezas que se le parecen y no son ella

Acá conviene pisar el freno y separar los fierros, porque el archivo nombra varias espadas y las escuelas tienden a fundirlas.

  • La Espada Solar o «espada del sol»: «una espada de la que dijo aquel que la recibió a una luz en el infierno», que debe recuperarse del Valle de la Tempestad junto con «las almas y respuestas», y de la que su portador dijo «mi espada está emitiendo sunlight». Ningún registro la cruza con la Espada de Kas. Este asiento las trata como dos.
  • La Espada Sagrada: arma contra Balantru, obtenida al destruir la base subterránea enemiga. Entidad separada; propiedades no especificadas.
  • Una espada guardada «donde murió Evita», y otra vista dentro de una pústula rodeada de líquido, de la que solo asoma el pomo «todo sucio en medio de ese grano». Ninguna de las dos está confirmada como esta arma.
  • Consta una tasación de trescientas monedas de oro por una espada recuperada como tesoro en expedición. Que sea esta, nadie lo estableció — y a un objeto que desequilibra el cosmos, trescientas de oro le quedan cortas.

Advertencias del cronista

Que el lector no me pida lo que el archivo no da. No sé si la Espada de Kas y la Espada Solar son la misma arma bajo dos luces o dos artefactos que solo comparten el filo: las voces las nombran por separado y nunca las cruzan. No sé qué es el «sillo especial» ni qué son las «dos pernas»: las copio como se dijeron, por si un lector futuro sabe leer donde yo deletreo. No sé si la espada de la pústula y la del lugar de Evita son esta o son otras. No sé quién es «aquel que más le teme a la espada de Caz» — y confieso que un arma cuyo ladrón se define por temerle es la clase de enigma que este oficio no resuelve. No sé si el destello de justicia que desarmó la trampa fue gracia de una vez o virtud repetible; recomiendo, al que la encuentre envuelta en sus trapos negros y sostenida por tentáculos, no apostar la vida a la segunda opción.

Véase además: Vecna · Valle de la Tempestad


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.