Taito

«Taito, ya no se llama más Taito.» — voz recogida en el archivo, con remisión a la aclaración de Mr. T

Al que bajó con nosotros no lo reconocías por la cara. Nadie recuerda la cara. Lo reconocías por el equipo: el traje con «mucha tecnología», «ese casco oscuro», el brillo del reloj en el brazo. Cuando algo hablaba por cable, por aire o por dentro de la cabeza, todos nos dábamos vuelta hacia él. Taito era el genio de la expedición — «otro Taíto que es un genio que está con nosotros» — y esta entrada nombra, como se verá, una etapa más que un hombre.

El equipo sobre el cuerpo

Viste un traje de live support —o life support: las voces del archivo no permiten decidir, y de esa letra depende si el traje lo mantiene vivo o solo lo mantiene operando— que «todavía tiene los gadgets, o sea, tiene mucha tecnología». Lleva el casco oscuro, del que nunca se dijo qué hace, solo cuándo se lo pone. En el brazo, «un techno reloj cibernético» y «un brazalete».

Del cuerpo, el archivo guarda una sola cosa, y es una resta: le faltan dos dedos. Los perdió en una caída desde un puente, en el encuentro anterior — «cayó del puente proyectado con dos dedos menos». Todo lo demás de su persona física es silencio: ni edad, ni rostro, ni estatura. El técnico es su equipo, y su cuerpo es el registro de lo que el equipo no alcanzó a proteger.

El taller

Su taller es «un lugar de aparatos electrónicos de transmisiones y todo tipo de recepciones»: receptores y transmisores, controladores, celular, wifi, satélite, infrarrojo, bluetooth, radio, microondas — y, en la misma lista, sin cambiar de tono, «borágines psíquicas»: la vorágine, el maelström psíquico de este mundo, tratado como una banda más del dial.

Esa es la lógica de Taito, y conviene enunciarla porque ordena todo lo demás: acumular canales para no quedar sin escucha por ningún medio, incluido el que no es tecnológico. El taller junta bandas que no se hablan entre sí; el traje, el casco, el reloj y el brazalete son ese mismo taller reducido a lo portable. Por eso puede salir del taller sin dejar de ser el técnico del grupo: la función viaja con él.

Dónde queda el taller, de qué está hecho, qué tamaño tiene, si se puede mover — nada de eso quedó fijado. La descripción que rige es la que propuso el Narrador; la misma mano que encarna al compañero declaró no tenerlo definido.

La esfera

En la operación decisiva es él quien se ofrece: «Taito, que tiene ese casco oscuro, va a tratar de colocarse el medio de la esfera» — colocarse, o conectarse: el archivo fijó ambas formas. El mundo depende de él para todo lo que sea transmitir, recibir y manipular aparatos, y cuando llega el momento culminante es su cuerpo el que va al centro. Los dos dedos que faltan dicen lo mismo desde antes: a este se lo expone en primera línea, y él se deja exponer.

La última transmisión

Antes de la batalla final, y antes de que se corte toda la energía, Taito envía una foto a su mujer. Una sola. El testigo que anote esto que lo anote bien: es el mismo gesto del taller, la misma necesidad. Mientras haya un canal abierto, se transmite. La foto a la mujer es la última emisión posible antes de que no quede ningún medio — ni cable, ni aire, ni satélite, ni luz.

Quién es ella, dónde está mientras todo se apaga: el archivo no lo dice.

El nombre que dejó

Sobre él rige una regla de identidad: dejó de usar su nombre. «Taito, ya no se llama más Taito.» Lo que vino después atiende a Mr. T, y la aclaración quedó remitida a esa entrada. Quien consulte este glosario debe saber, entonces, que «Taito» nombra una etapa: el técnico del taller, el del puente, el de la esfera. Qué cambió en él con el nombre, el archivo no lo establece.

El otro Taito

Hay, además, un barrio llamado Taito, en Japón — Tokio. El mundo lo usa como figura: «Taito es otro barrio en Japón también. Son representaciones. Son alegorías de esos lugares». La homonimia está declarada; la relación entre el técnico y el barrio, no. Dónde queda el taller respecto de ese barrio, o de cualquier otro punto del mapa, tampoco quedó fijado. Mismo nombre, dos referentes: el testigo lo deja así, porque así está.

Lo que el testigo no puede jurar

Este cronista viajó al lado del casco oscuro y aun así no puede responder: qué hace exactamente ese casco; si el traje sostiene la vida o la operación; por qué abandonó el nombre y qué se llevó el nombre consigo; qué son «lightweight» y «hide infinity», dos voces que figuran en la lista de receptores y que probablemente sean ruido del propio canal por el que nos llegó el archivo. Y del hombre bajo el equipo, nada más que las dos manos — una de ellas incompleta. El que quiera más, que siga la remisión a Mr. T. El que quiera inventar, que no firme como testigo.

Véase además: Mr. T · Vorágine psíquica · La esfera · Taito (barrio de Japón)


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.