Gorgona
Toda genealogía de la frontera empieza arriba y termina en un peaje. Esta empieza en un dragón de seis patas y termina en un hombre —o en un toro, o en ambos— que guardó el paso entre México y Estados Unidos hasta que dejó de pagar lo que se paga por guardarlo. El linaje es corto y el precio, largo.
El eslabón
Don Gorgona fue el mayor a cargo de una fortaleza-outpost en el paso fronterizo, y a la vez la criatura petrificante que ese apodo nombra. Desciende del dragón de seis patas, y de esa descendencia le viene la deuda: el guardián de abajo tributa al de arriba, y el tributo incluye entregar extranjeros sospechosos. Fortaleza con torres, guarnición de hombres, insignias y toros componen un puesto de peaje-y-aduana que existe porque un dragón cobra arriba y una frontera pasa gente abajo. El puesto no necesita aparato grande, porque su jefe es, él mismo, el aparato.
El hombre del poniente
En forma humana es «un hombre que se acerca al poniente», de pelo negro, con «esa ropa que parece de cuero» y «esa mirada adusta, medio seca». Lleva insignias, y son las insignias las que lo acreditan como oficial: «un tipo muy rudo y crudo pero solid y legal». En su otra forma es un toro, el toro de Aries, «esa gorgona violenta»; el pasaje de una forma a otra se cuenta así: el toro «deja de ser un toro y pasa a ser el chabón que ustedes conocían como gorgona». Su arma propia es la mirada que petrifica.
Con él andan los Toros —el archivo consigna veintidós, y anota que salen contra petrificación—, en algún caso como montura. Si son criaturas aparte que él comanda o extensiones de sí mismo, es cuestión que las voces del archivo dejan abierta.
La boca de la frontera
Como autoridad del outpost, Gorgona controla el paso y está obligado a informar a los viajeros de los requerimientos legales. Es la boca oficial de la frontera, y él mismo lo dice con lo que le falta: «Sé que no tengo un cartel que dice informaciones encima mío, pero los voy a informar.» Contra él existe una vía civil: la queja formal firmada — y el propio Gorgona llegó a firmar una, en representación de los mexicanos, por cuentas pendientes.
Fue aliado de la compañía «hace no demasiado tiempo»: los reconoce y los informa en el outpost. En combate se lo vio operar la ametralladora de la nave insecto —«Gorgona estaba abajo y de golpe empieza a subir»— y se lo registra combatiendo en el desierto de Chihuahua, en 1888.
El escarmiento
El eslabón falló. Gorgona no entregó el tributo, y el precio estaba tarifado: primero el escarmiento —el dragón derribó sus torres y mató a algunos de sus hombres—, después la remoción del cargo: fue «intervenido». Y como represalia contra la zona vinieron los ataques de frío, que mataron gente «hasta incluso en México», «porque era lo que no había entregado Gorgona». Queda de él la acusación lanzada hacia arriba: «¡Tú, maldito, destruiste mis torres!»
Ahí está el peso de esta genealogía: el mundo cambia cuando Gorgona cambia. Su negativa no le costó solo el cargo; mató civiles tierra adentro. Toda la obediencia de una franja fronteriza pasaba por ese nudo, y el nudo se cortó. De su fortaleza quedan torres destruidas, y el outpost quedó sin cabeza conocida.
Advertencias del cronista
Este cronista consigna lo que las versiones no cierran. Sobre la naturaleza: si la forma de toro es disfraz, forma alternativa o cuerpo verdadero, nadie lo ha establecido. Sobre la persona: unas voces lo tratan como hombre —«el chabón», Don Gorgona— y otras hablan de una «mujer que había sido arrojada desde arriba»; las dos versiones quedan en pie, como dos escuelas que no se han sentado a la misma mesa. Tampoco se explica qué liga la función fronteriza con la forma del toro de Aries arrojado desde lo alto. Se ignora el nombre de la fortaleza y cuántas torres tenía antes del escarmiento; se ignora qué era exactamente el tributo retenido —extranjeros, bienes, ambos—; se ignora quién guarda hoy el paso. Del vínculo con Erzsébet solo consta que Gorgona le reveló un «doble», sin que nadie diga qué doble ni por qué. Queda en duda a quiénes saluda con su «Muchísimos gustos oficiales» —¿su tropa, los viajeros?—, y queda trunca, para siempre quizás, la frase que empezaba a decirlo todo: «Gorgona era el señor de la…»
Véase además: Toros · Erzsébet
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.