Dragones
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
Nota de bestiario, apenas desbastada. Que existen dragones en Antiterra consta con firmeza; casi todo lo demás llega en fragmentos que no siempre se dejan conciliar. Los cronistas los registran por colores —rojos, verdes, negros, y en algún recuento hasta cinco colores, cada uno atado a una de las cinco casas— y les atribuyen oficios dispares: criaturas de escama que pueden montarse como vehículos, devoradores de cadáveres en un escenario de visión, guardianes asociados a la estructura de una carcelería subterránea. Un mundo entero habría estado, en parte, dominado por ellos.
Su teología es el nudo más enredado del legajo: una tradición los hace personificaciones de Satán; otra los cuenta como enemigos de los diablos; y una compañía llegó a pactar con algunos dragones para liberarlos de la esclavitud de Tiamat. Esclavos, demonios y adversarios del infierno a la vez — este cronista anota las tres cosas sin elegir, porque el archivo las sostiene todas. Consta además que hacía cientos de años que no aparecían dragones, y que últimamente reaparecen cosas relacionadas con ellos, incluidos dragones locales y dragones rojos de las sombras.
Cuarenta y ocho hechos y ni una anatomía completa: esta nota es una escama suelta. Quien haya visto el ala entera, que lo deposite en el archivo.
En VALA
Nota de bestiario. Los dragones existen en Vala y no son leyenda de sobremesa: hay jinetes que los montan y vuelan sobre ellos, hay crías además de adultos, hay colores múltiples —constan los azules— y hasta se habla de dragones del espacio. Sus pieles se usan como vestimenta o adorno, y otros dragones, en piedra o en carne, guardan o adornan las puertas de la ciudad concéntrica. Amenaza y ornamento a la vez: para la ciudad de Ur representan un peligro importante, y en el combate de Kardan Xairas al menos dos fueron vencidos.
Pero el archivo insiste en que no son meras bestias. Algunos sienten responsabilidad de involucrarse activamente para evitar que el Cosmos sea perturbado; existe un pacto antiguo entre los sortianos —los teósofos— y los dragones; y en Terra y Antiterra tuvieron con los mortales una relación que el registro solo atina a llamar extraña. Sobre las alturas de Ardisvala habría al menos uno, posiblemente identificados como Castor y Nanni — el dato llega en voz baja y este cronista lo anota sin jurarlo: dos nombres para un dragón, o dos dragones para un cielo.
Cincuenta hechos y ninguna anatomía completa: quien haya cabalgado uno, desollado otro o pactado con un tercero, que lo deposite en el archivo. Esta nota es una escama esperando su bestia.
Véase además: Valle de la Tempestad · Stejara
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.