Camille Colbert

«Marca y tiembla hacia un lugar en particular.» — de la daga que porta, puesta a flotar en una tinaja

Treinta y dos años. Espía de oficio —«Expertise en espionaje», pericia profesional y no maña improvisada— e integrante del elenco de una expedición ligada a descubrimientos arqueológicos importantes. Fue elegida para las misiones de la daga, y como la daga es lo que fija el rumbo del grupo, lo que le pasa a Camille no es asunto privado: es la aguja del conjunto.

Señas particulares

Tez «muy pálida, muy fría», con un tono «un poco azul». La piel, «estúpidamente lisa y sin marcas»; si se lastima, cicatriza rápido — y nadie ha establecido si eso es naturaleza o consecuencia de otra cosa. Pómulos prominentes, figura esbelta, largo pelo «negro profundo» —«muy negro»—, ojos verdes.

Verde y negro son también su ley de vestir, y conviene leerla como uniforme de trabajo, no como adorno: pantalones largos negros con largos tiradores verdes, camisa escotada verde o «camisa negra explotada con rayas blancas», botas militares negras «como bien de trabajo», y sombrero verde — de campaña según una descripción, cloché según otra; si son dos prendas o dos nombres de la misma, las versiones no lo aclaran. Todo en ella dice espionaje de campo, no de salón, por más que la etiqueta que el mundo le cuelga sea la de femme fatale. Ella, por su parte, vive obsesionada con Mata Hari — fijación suya, no juicio de nadie más.

La daga y el rumbo

Su segundo instrumento es una daga que, puesta a flotar en una tinaja, «marca y tiembla hacia un lugar en particular»: el noroeste. Un sistema de marcas y movimiento que convierte el objeto en brújula. Es ese rumbo, y no un lugar con nombre, la única coordenada firme: qué hay al noroeste, la daga no lo dice y nadie lo ha visto todavía. De dónde salió el objeto y cómo llegó a sus manos, tampoco consta.

Lo que pasa por debajo

Hay un tercer canal, y ese no lo eligió: visiones y sueños extraños, y una conexión con el inframundo que se manifiesta en el cuerpo. Por episodios, sus pies «están levemente otra vez modificados», pareciéndose a los de él — un sujeto que ningún testimonio identifica. Cuando los pies cambian, algo de abajo está operando: su cuerpo funciona como indicador del mundo, y los demás han aprendido a mirarle los pies para saber en qué estado está lo que no se ve.

Los tres registros —la espía, la portadora, el cuerpo permeable— no son atributos sueltos: componen una misma función de detección. La espía busca información humana; la daga busca dirección en el espacio; los pies y las visiones buscan lo que está debajo. Por qué el inframundo eligió ese cuerpo y no otro, nadie lo ha dicho.

Reservas del cronista

Este cronista deja constancia de lo que no puede fijar. Primero, el nombre: unas voces la presentan como Camille Claudel, otras como Camille Colbert; si son la misma mujer o dos, los registros no lo establecen, y aquí se conserva la disputa sin fallarla. Segundo, la regla de los pies: cuándo ocurre la modificación, si retrocede, si avanza. Tercero, qué muestran las visiones, y si beben de la misma fuente que la daga o de otra. Cuarto, la piel sin marcas y la cicatrización veloz: rasgo de cuna o efecto de la conexión, no se sabe. Y queda el enigma mayor, dicho en una sola letra: quién es él.

Véase además: Daga de Camille Colbert · Mata Hari


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.