Bucarest
Itinerario del viajero: se llega por tren, y se llega lejos — tan lejos que más de un compañero pudo sopesar el desvío y decidir que «no tenías que ir hasta Bucarest». Quien lo tome, sepa que baja en la capital rumana, aunque no en el centro de nada: la ciudad está «en el borde, en realidad», plantada en la frontera de Rumania, plaza de paso antes que corazón de reino.
La pequeña París
La fachada es de ciudad moderna: «calles amplias con bulevares» — «por eso le dicen la pequeña París». Hay una plaza que «se parece a las plazas también de Barcelona, que tienen como esas arcadas», con arcadas grandes, hecha para el paseo público y el desplazamiento a la vista: los compañeros «se mueven por entre las calles» sin más obstáculo que el clima, que en los registros es siempre de agua — «lloviznando un poco», y lluvia franca la noche de la ceremonia.
Pero la modernidad es de escaparate. La luz eléctrica llegó «en algunos lugares, no en todos; ahí también usa gas», y ese reparto desigual divide la ciudad en dos regímenes de vida. Detrás de la zona de tabernas corre un callejón «iluminado con luz de gas»: el reverso oscuro de la misma trama urbana. Lo que los bulevares exhiben, el callejón lo esconde a una cuadra de distancia.
Lo que se trata a la luz del gas
Bucarest no es solo escenografía. Hacia julio de 1901 la ciudad concentra reuniones de conspiración, y por sus tabernas circulan «datos sobre Bucarest» que enredan a los vampiros con el gobierno — sin que el archivo aclare quién conspira contra quién, ni cuál de los dos partidos es el peor. Fue también sede de una ceremonia nocturna, celebrada bajo la lluvia del 4 de julio de 1901: fecha que amarra todo lo demás.
En el marco mayor, la ciudad aparece asociada a París Ucrónica — importante dentro de ese tablero, aunque la naturaleza exacta del vínculo entre la París verdadera y su diminutivo rumano queda por establecer.
Advertencias del cronista
Quien escriba después de mí encontrará el plano lleno de blancos, y hará bien en no rellenarlos de memoria. No sabemos qué barrios gozan de la electricidad y cuáles siguen al gas, ni por qué criterio se repartió esa gracia. La plaza porticada y el callejón no tienen nombre fijado; tampoco sabemos dónde cae la zona de tabernas respecto de la plaza. Del borde en que la ciudad se asienta, nadie dijo cuál es ni qué hay del otro lado de la frontera. El tren llega, pero no consta de dónde parte ni cuánto dura el viaje. De la ceremonia bajo la lluvia conocemos la noche y el agua, no el rito ni el sitio; de las conspiraciones, la existencia, no los rostros. Población, gobierno local, economía: silencio. Este cronista anota los silencios y sigue viaje.
Véase además: Rumania · París Ucrónica
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.