Balduino IV

Quien emprenda la genealogía de los reyes de Jerusalén hará bien en dejar la pluma un momento y considerar esto: en esa casa no se hereda la carne. Se hereda la envoltura. Una máscara que circula, una túnica que pasa de un rey muerto a un rey vivo, unas vendas que nadie quita. Yo, que he visto podrirse dinastías enteras por dentro sin que se les moviera un pliegue del manto, no conozco linaje donde eso sea tan literal como en el de los Balduinos. El cuarto de ese nombre es su cifra: «este rey pútrido» que sigue vivo bajo la máscara.

Del linaje

Antes hubo un primer Balduino, primer rey de Jerusalén en Tierra Santa: él encabeza la estirpe. Hay un Balduino II, «el segundo con el nombre de Balduino», soberano de Jerusalorium, que está en el Templo «esperando Corona». Y hay un Balduino IV, el enmascarado del trono. Cómo se ordenan el segundo y el cuarto —si se suceden, si coexisten, si son uno solo bajo dos numerales— es disputa que las voces mismas no cierran: el registro se corrige a sí mismo, «Balduino primero, no Balduino cuarto», y deja la enmienda sin sentencia. Este cronista consigna las tres coronas y no fabrica la cuarta certeza.

Lo que sí queda establecido es que la corrupción no es un accidente del hombre sino la marca de la casa: el narrador de estos hechos lo fija como «el linaje pútrido». Lo que se pudre es la estirpe, y por eso el trono de Jerusalén queda marcado más allá de quien lo ocupe. El mundo ya lo usa como vara histórica: de Arsaces se dijo que «podría haber sido como un Balduino que fue rey de Jerusalén» — comparación, encarnación o remanencia, el archivo no lo decide.

El cuerpo bajo las tres capas

Bajo la máscara no hay rostro: «no tiene nariz, no tiene nada acá», todo hundido, como devorado. Las manos vienen vendadas — «se acerca a tocarte con una mano que tiene vendas». Viste túnicas blancas, y en combate esas túnicas «se empezaron a enrojecer y manchar de sangre»; pero atención al detalle, que es de los que valen una crónica entera: lo que mancha no es sangre roja. «Es un líquido negro en realidad, está es extraño, está vivo, entienden.» La lepra terminal no lo mata: lo conserva. Sangra negro y sigue vivo, y el daño que abate a los hombres no opera sobre él como sobre un hombre.

Máscara, vendas y túnica forman un solo sistema: tres capas que cubren un cuerpo que no puede mostrarse. La túnica cubre el tronco, las vendas las manos, la máscara la cara. Y cada capa cede en su propio orden: la túnica se mancha de negro en el combate; las vendas se ven pero no se quitan; la máscara se saca — y sacársela es una revelación, no un accidente. El gesto entrega el rostro corrupto.

La máscara espejo

Sobre la cara lleva la máscara de Balduino, también llamada máscara espejo: objeto de poder que refleja identidad y que «funciona como la base de un Ice of eye». Es única y va con el rey — pero no queda atada a él: «un hombre con la máscara de Balduino» puede hablar portándola, de modo que el objeto circula y la identidad que refleja no pertenece a un solo cuerpo. De qué está hecha, qué tamaño y qué aspecto tiene, las voces callan: solo dicen que se saca y que refleja. Qué sea exactamente ese Ice of eye, y qué hace cuando la máscara le sirve de base, tampoco está escrito.

La túnica corre suerte pareja: Reynó «ahora lleva la túnica de Balduino el muerto». Cuál de los Balduinos sea ese muerto —el primero, el segundo, el cuarto— es otro pleito abierto. Pero la lección genealógica es una sola: lo que hace rey de Jerusalén es la envoltura, no la carne que hay debajo. Si el poder de la máscara sobrevive a su portador original, el archivo no alcanza a afirmarlo.

El rey contra los Templarios

Balduino IV es a la vez soberano y adversario: ocupa el trono y el Templo, en el Reino de Jerusalén —o Jerusalorium, si ambos nombres cubren la misma tierra, cosa que nadie ha jurado— y combate a los Templarios. Junto a la posesión del Rey Balduino II se menciona además al Gran Maestre, sin que el vínculo quede desplegado.

Y hay una frase. Balduino declara: «Yo nunca llevé esa armadura.» La misma frase que el archivo pone en boca del maestre Q. Dos figuras enlazadas por la boca antes que por el linaje — ¿identidad, cita ritual, coincidencia? Yo he aprendido a desconfiar de las coincidencias que hablan en primera persona.

Reparos del cronista

Quede dicho lo que este viejo escriba no puede resolver y no va a inventar. No sé si el Balduino II que espera Corona y el Balduino IV pútrido son dos reyes o uno. No sé quién es el muerto cuya túnica viste Reynó. No sé si Arsaces carga algo de Balduino o solo su comparación. No sé qué es el líquido negro que sale de él, ni por qué «está vivo» — y confieso que esa pregunta me quita más sueño que las otras. El que consulte esta entrada, que la lea como se leen los reinos: sabiendo que debajo de la envoltura puede no quedar nada.

Véase además: Templarios · Gran Maestre


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.