Alaska

«Como ahora ya no hay guerra, llevada a búsqueda de ayuda climática.» — así se rotula, en los papeles, un silo de misiles

Todo lo que en este mundo reparte poderes y muertos empieza lejos de Megapolis, en el norte helado del mapa: en Alaska cayó la sustancia «que vino del exterior», y en Alaska la esperaba —coincidencia que nadie ha explicado— la infraestructura exacta para encerrarla. Esta redacción lo consigna como lo que es: no un paisaje, sino un punto de origen. El origen de la droga, y por lo tanto de casi todo lo demás.

Ficha catastral de un lugar sin paisaje

De Alaska los registros describen la instalación antes que la tierra: «una base ex antigua de silos que ya no hay más que arrancar». Un silo de misiles desmantelado, sobrante de una guerra que ya no existe, reconvertido de nombre pero no de arquitectura: sigue siendo un silo, con todo lo que eso implica de subsuelo, blindaje y aislamiento, solo que ahora con cartel de investigación climática. Adentro hay «un laboratorio especial», donde se hacen experimentos con componentes atómicos.

Y no es una sola instalación. Los registros hablan de silos, en plural; de una base de misiles; y de que las corporaciones, en general, «tienen facilidades en Alaska». Alaska es zona de instalaciones corporativas, no feudo de un solo dueño. Uno de esos silos, «supuestamente abandonado», está hoy en manos de Marte Sociedad Anónima: se lo dieron legalmente —«le dieron esto es legal de alguna manera le dieron un silo supuestamente abandonado en Alaska»— para su trabajo filantrópico. Tomen nota del adverbio: supuestamente.

La cadena que baja del cielo

Alaska funciona como origen y como planta de proceso al mismo tiempo. Origen: allí cayó el meteorito y con él la sustancia extraterrestre, de la que «hay como si fueran tres cosas que pudieron pasar». Planta: de esa sustancia la mafia deriva el combat drug pack, y la droga resultante sigue «llenando de poderes a la gente y matando a la gente más querida». Ese es el balance completo del producto: poderes por un lado, el reguero de muertes por el otro, y las dos columnas cierran en el mismo silo.

La lógica del lugar es la reutilización. Infraestructura militar que quedó vacía cuando «ya no hay guerra», y que por sus propias virtudes —enterrada, blindada, remota, legalmente opaca— es exactamente lo que necesita quien quiere investigar un material caído del cielo y componentes atómicos sin testigos. El silo pone el continente, el laboratorio el contenido, y la coartada climática o filantrópica pone el permiso. Las tres cosas van juntas; ese es el modo normal de operar de estos sitios.

Punto de disputa

Alaska no es decorado: es botín. Alrededor del silo se apretujan los actores mayores —el Estado que cede, Marte Sociedad Anónima que recibe, la mafia que procesa— y en algún punto de su historia «invadieron la base de Alaska»: quién, cuándo y contra quién, los registros no lo dicen. Lo que sí queda fijado es que el lugar sigue activo: una operación de febrero de 2035 lo confirma como escenario, no como ruina.

En los archivos, el meteorito de Alaska aparece mencionado junto a la transformación de Cheeseman y en el mismo conjunto que el cargamento de la pizzería — hilos de una misma trama que esta redacción registra sin poder todavía anudar.

Advertencias del cronista

Lo que esta crónica no puede decirles es casi todo lo que un mapa debería mostrar. Del paisaje, nada: ni clima, ni terreno, ni accesos, ni qué se ve al llegar, ni el estado material de las estructuras. Las «tres cosas que pudieron pasar» con la sustancia se cuentan pero no se nombran. No sabemos si la base invadida es el mismo silo de Marte Sociedad Anónima o otro; no sabemos si las «facilidades» de las distintas corporaciones forman un único complejo o instalaciones separadas y rivales; no sabemos quién firmó la cesión del silo ni bajo qué figura legal. Y queda abierta la pregunta más incómoda: si el meteorito cayó sobre la base, cerca de ella, o si la instalación se levantó después, por él. Que la sustancia haya caído justo donde había esta infraestructura disponible es la coincidencia que arma el lugar — y nadie la ha explicado. Este cronista tampoco lo va a hacer.

Véase además: Marte Sociedad Anónima · Meteorito de Alaska · Combat drug pack · Cheeseman.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.