
Steve Reyes
«Vas a ser un rey de las cenizas, Steve.» — sentencia recogida en el archivo, sin que conste quién la pronunció ni si era profecía, amenaza o burla
De los linajes que este cronista ha intentado ordenar, pocos comienzan tan abajo y prometen tan alto. Steve Reyes —«un poeta verdadero, Steve Reyes, marinero y estudiante de la vida», según su propia presentación— entra al registro como huérfano de puerto y sale de él como cabeza de una estirpe: en ANTITERRA se habla todavía de «el nieto de Steve Reyes», de modo que el nombre ya no designa solo a un hombre sino a un antepasado.
El origen: un bar, un puerto, los que limpiaban
Lo dejaron de niño en un bar de un puerto cuyo nombre el archivo no conserva. Lo criaron «el personal de limpieza», «la gente que laburaba y les dieron permiso». Nadie lo educó; de ahí sale el «estudiante de la vida», y del estudiante sale todo lo demás: el marinero, el autodidacta, y —cosa notable— el anatomista, porque el saber del cuerpo le vino sin cuna. Este cronista anota la paradoja sin adornarla: el hombre que certifica cómo se abren los cuerpos aprendió el mundo entre los que fregaban los pisos.
Los oficios de una sola pieza
La figura se arma por acumulación de oficios que en otra tierra serían incompatibles y aquí forman un solo compuesto. Se lo reconoce por lo que carga: un morral de cuero «también con libros y papeles», «algunos scrolls en el cinturón» y «una ballesta pequeña colgando». Equipo de estudioso antes que de guerrero — papel, cuero y una sola arma, y esa arma chica.
Como iniciado, tiene rango en una logia («vos sos un iniciado, porque ya sos nivel…») y la orden lo mueve por escrito: «te habían enviado ahí, a propósito, una carta». Como anatomista, su función es técnica y no verduga: está contratado para supervisar los procesos de tortura y dictaminar su precisión — es el perito que certifica que el cuerpo se abre como debe. Si alguien establece cómo se castiga y se ejecuta con exactitud en ANTITERRA, el sistema penal entero pasa por su ojo. Y su cuerpo carga la marca del otro lado del mismo oficio: escapó de unos calabozos donde «casi me descuartizan». Perito y superviviente de la misma mesa de trabajo — el archivo lo pone a los dos lados y no reconcilia nada.
También se lo nombra guardián. Y en lo prodigioso, domina su descenso desde las alturas: «baja como elevándose sobre el aire y se pone sobre el piso» — un descenso gobernado, no una caída. De dónde le viene ese dominio, la logia, un objeto o un don propio, el archivo calla.
La estancia parisina
La carta de la orden lo despacha a París con motivo de una ejecución medianamente importante, en calidad de asesor, por una estancia acotada: «un mes, 60 días». Se aloja en casa de Sarpaoli —que otras plumas escriben «San Paoli»—, donde deja un escorpión del que nada más se sabe. El primer día recibe invitación a jugar «al juego de póker»: el perito de la maquinaria penal circula también por las mesas de azar de la ciudad.
El retorno y el castillo
Su ausencia pesa sobre la compañía —«¿Está Steve Reyes?», se pregunta cuando falta— y su regreso altera la escala de todo: «volvió con un castillo». De asesor de sesenta días a poseedor de una fortaleza. Qué significa exactamente «volver con» un castillo —título, escritura, edificio— es una de las preguntas que este cronista deja abiertas más abajo. Lo que consta es la sentencia que lo acompaña como sombra: un rey, sí, pero de las cenizas.
El linaje
La descendencia registrada llega al menos hasta un nieto, mencionado como testigo posible en el momento de un crimen. Y aquí el árbol se bifurca en disputa de escuelas: el archivo nombra también a un Alfonso Reyes, hijo de Castán Espelle, versado en metamagia y luego en el arte de agrandar. ¿Es Steve bajo otro nombre de pila, o un pariente, o un homónimo? Las versiones no concuerdan y este cronista no las va a forzar. Hay incluso una disputa sobre el estatuto mismo del hombre: unas voces lo describen desde afuera, como figura del mundo que dictamina torturas por contrato; otras lo dejan hablar en primera persona, poeta y marinero. Un solo rol mixto o dos identidades superpuestas — el linaje Reyes admite las dos lecturas.
Advertencias del cronista
Mucho de este hombre está escrito en tinta que se borra. No hay registro de su rostro, su edad ni su vestimenta fuera del morral y el cinturón. El puerto y el bar donde lo dejaron no tienen nombre, ni se sabe si alguna vez supo de sus padres. La logia no tiene nombre registrado, ni escala de niveles, ni sede. De los calabozos no consta ubicación, ni verdugo, ni el modo de la fuga, ni si la orden lo sabe. Del castillo, ni procedencia ni asiento. De la levitación, ni fuente ni límite: si vuela o solo gobierna el descenso. Del escorpión dejado en casa de Sarpaoli, nada. Y de la sentencia sobre el rey de las cenizas, ni la boca que la dijo ni las cenizas que promete. El que complete estos huecos, que lo haga con documentos; este cronista prefiere el vacío a la invención.
Véase además: Sarpaoli
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.