Paul Morand

A quien le toque tratar con él, que lo sepa antes de estrecharle la mano. El juicio ya está dictado, y es doble:

«Gente peligrosa esta. Pero que tiene dinero.»

Con esa frase se resume todo el trato posible con Paul Morand: se lo frecuenta sabiendo lo que es, porque no hay otro que pague.

Señas del hombre

Se lo reconoce por poco y ese poco alcanza. «Una especie de Johnny Depp con bigotito, cuando hace de malo»: el bigotito chico, el aire malévolo del que actúa de villano. Lleva chaleco. Francés, de trato diplomático, «un ranchute germanófilo». No hay más semblanza que esa — ni estatura, ni edad, ni voz, ni el estado de la ropa quedaron asentados en ningún registro. Uno solo es: no existe clase ni familia de morands; existe este hombre.

El dinero y la hipótesis

Morand es hombre de poder, y su poder tiene dos patas: el cargo diplomático y la fortuna. «Tiene mucho dinero», es millonario, y de ese dinero vive la arqueología: «que nos financió la expedición Paul Moran», quedó dicho, y sin ese financiamiento no hay trabajo de campo en Hermópolis. Fue él, además, quien puso a rodar la frase que mueve toda la empresa: «dicen que puede haber aquí un templo olvidado».

Ahí está el nudo que este cronista quiere dejar señalado: la línea entera de excavación depende del dinero de un hombre que es, al mismo tiempo, rival y enemigo declarado de quienes excavan. Quien paga tiene agenda propia, y la agenda de Morand no es la ciencia. Busca adquirir artefactos arqueológicos antiguos, y para sacarlos tiene conexiones con redes criminales cuyo nombre y alcance nadie ha establecido. El cargo le da la cobertura y la movilidad; el dinero, la expedición; las redes, la salida de las piezas. Y el ocultismo esotérico —del que es conocedor— le da el motivo por el cual quiere el templo olvidado y no solamente la ganancia.

Las creencias del personaje

Conviene consignar sus opiniones tal como las sostiene, sin hacerlas propias del mundo ni de este archivo. Morand cree «que no habría que haber sido tan malvado con los franceses»; le caen bien «los italianos más tipo Mussolini»; y sostiene que «tal vez hay una figura prometedora en Berlín hoy en día que podía salvar a ese pueblo». Germanófilo, en suma — y como quedó dicho, «en la mala parte germanófilo». Son las creencias de un hombre de su tiempo y de su dinero, no afirmaciones de nadie más.

Los encuentros

No es figura de una sola escena. La compañía ya tuvo un cruce con él en el ascensor del hotel, en el circuito de hoteles y de excavación de Egipto. Y reapareció después viajando por las vías férreas desde Luxor con un grupo armado — cuántos hombres y con qué armas, no consta. El patrón es claro: donde hay piezas antiguas y dinero grande, Morand vuelve. Se lo presentó alguna vez como «un tercer amigo» dentro de un conjunto de amigos que el registro no identifica; a quiénes pertenece esa amistad es otra cosa que quedó sin decir.

Advertencias del cronista

Este archivo debe declarar lo que no sabe, que no es poco. Las voces del registro dan el nombre de varias maneras —Moran, Morano, Morin, Morz— y todas se dejan leer como el mismo Morand. Pero circula además un Porvorá cuya descripción coincide punto por punto —el Johnny Depp con bigotito, el aire malévolo, el cruce en el ascensor— y cuyo nombre, sin embargo, no se parece en nada. Si Porvorá es el mismo hombre bajo otra pronunciación o un personaje distinto que le copia hasta el bigote, este cronista no lo puede establecer, y no lo va a inventar.

Quedan abiertas, además, las preguntas que más importan: qué busca exactamente en el templo olvidado de Hermópolis —la pieza, el saber esotérico, o ambos—; qué cargo diplomático ocupa concretamente y ante qué país está acreditado; cuáles son las redes criminales que le mueven las piezas; y cuánto puso en la expedición, porque no hay cifra fijada ni de su fortuna ni del financiamiento. El que negocie con él, que negocie a ciegas — como hasta ahora lo hicieron todos.

Véase además: Hermópolis — destino de la expedición que financia · Luxor — punto de su reaparición por las vías férreas.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.