
Oratiol
«Vos no estás más.» — sentencia de la Dama del Dolor, a las puertas de Sigil
Hay nombres que se agotan al pronunciarse y nombres que trabajan. El de este clérigo pertenece a la segunda estirpe: es un anagrama que se reengendra en cada configuración —Lotario, Latiol, Rodejart, Horatio— y que, barájese como se baraje, siempre vuelve a decir lo mismo: amor, clérigo, revolución y libertad. Quien escribe estas líneas ha visto pocas garantías más firmes en este mundo que esa: la de una esencia que, tras cada reseteo, se recompone alrededor de las mismas cuatro palabras.
El hallado en el mar
Viene del norte, de la isla de Gotland. Apareció flotando en el mar Báltico —otros registros dicen un río en Europa del Este; el cronista consigna ambas corrientes— sin acordarse de nada, y así estuvo meses. Despertado amnésico, volvió a la tierra en la época de las revoluciones europeas, y en 1891 alcanzó «parte de ese horizonte de sucesos». Conviene no leer la amnesia como accidente: a nivel divino, el lapsus de memoria es una necesidad y no una falla.
El agua es el hilo que cose su cuerpo entero. Respira tormenta —al respirar «se escucha como el viento sobre las olas del mar»: el golpeteo del agua, el viento, la respiración muy pesada—, apareció flotando en el Báltico, y navega mares convencionales y no convencionales, en aguas «donde el tiempo se vuelve espacio».
Retrato
«Un hombre súper rojo.» Metro ochenta —o metro setenta y largo, según qué testigo—, bastante flaco pero con todo el cuerpo muy tonificado, cara hermosa de ángulos marcados, cabello carmesí ahora largo, cejas rojas. Los ojos son «color miel, como el color de los gatos, amarillo animal», y se le focalizan en forma de vaina. Voz profunda. En las células de su cuerpo hay más átomos, «entonces es como que es duro de atravesar». Aparenta treinta y tres años, «en el mejor momento de su vida, en el pico», yendo de los treinta.
Viste pantalón de cuero negro, camisa blanca de época, capa verde, y una placa debajo del pecho sin que se le vea armadura —otro pasaje habla de una coraza que le protege el cuerpo; el cronista no arbitra entre paño y metal. Lleva una firma o marca: Coyote y Guajira. Se lo vio antes postrado, tirado; ahora se alza con la espada delante.
El paño y la mesa
Todo lo que lleva encima es la misma pieza vista de dos maneras. Su túnica es el manto divino llamado el manto de la fe, y es el mismo paño verde que extiende para jugar al póker —juego del que es inventor—; sacado de la mesa, vuelve a ser manto. La mesa de juego es altar; el juego que inventó es la moneda con que negocia hostias y almas. En la baraja que dejó al mundo, su ausencia obligó a reemplazarlo: la K de corazón pasó a ser de Krisina.
Sobre el manto porta el «centro» del rey Enrique IV de Francia, un «centro de loyalty sign» por el cual los reyes se transforman en una multiplicidad de armas. Qué sea exactamente ese centro —corazón, cetro, esencia— es cuestión que este cronista deja abierta más abajo.
Las tres capas
Sobre el eje del paño se ordena todo lo demás en tres capas, unidas por una sola cadena.
La clerical. Es clérigo: tiene reliquias y cosas de clérigo, oficia la parte ceremonial de un matrimonio, y su gran poder visible es canalizar energía negativa. Se le atribuye además una fuerza de desafío que no responde bajo furia extrema, y el arte de la travesía por el tiempo, ligado a esas aguas donde el tiempo se vuelve espacio.
La bélica. Es «manatanz»: va recogiendo armas en el viaje. Empuña el Hacha del Rey y eligió portar el casco de Asmodeus. Cuando se enoja, toma la reliquia y corta. Lleva cadenas con bolas: un palo de cadena que suena cuando entra en modo berserker, cadena que «la puede mover tipo de acá hasta allá, hace un destrozo».
La musical. Al costado, un «laudo profano» que al cantar y tocar lo mete en trance místico. Toca la guitarra. Y aquí la costura: de la misma cadena que hace destrozos «nunca y siempre» sale una guitarra o un ataúd. La destrucción, la música y la muerte comparten eslabón.
Cuando alguien lo agarra de las manos, dice «¡Taca mano!». Si es tabú, juramento, fórmula o reflejo, nadie lo ha establecido.
El contrato
Su economía es contractual: vendió su alma para tener hostias consagradas, robando las de los diablos. El contrato consigna a Monseñor Goull como consignatorio y a Oratiol como contratante; le entrega la hostia, la juventud y «el corrimiento de los mil años de existencia» a cambio de noventa y nueve almas inocentes modificadas en el plazo de un año —hay quien sostiene que fueron cien; la cifra sigue en disputa—. Si incumple, su alma pasa al consignatorio tras su muerte.
La reina Eva de Huizinga respondió que puede tratar de revertir el contrato si se le lleva una copia. Su alma, entre tanto, ha sido objeto de robo y negociación: fue custodiada en «una gema, un palo negro» junto con la de Krisina, y ambas fueron devueltas a cambio de un libro en el evento de las cadenas.
En lo carnal, tuvo relaciones con la Reina Margot, y posiblemente con el Marqués —relación o contagio, el archivo no lo fija.
Los dobles y el destierro
Es uno solo, pero está duplicado. Existen dos versiones: «el sombrío, el pesadillesco», que quedó atrapado en el sueño, y la que viaja con la compañía. A eso se suma un simulacro, doble que se hizo por si moría, y cuyo cuerpo cedió a Krisina «para que vaya su cosa».
Fue expulsado de Sigil por la Dama del Dolor y quedó recluido en un semiplano propio, donde hay una puerta que va al plano de los sueños y donde ahora se alberga «una especie de construcción especial» gestada en la transición. Comparte destierro con Yoxotl, dejado como él fuera del juego de plataformas. Pero la exclusión no lo elimina —«vos no podés, pero podés»—, porque tiene manera de reconfigurarse de otras formas. Los Reguladores obraron a su favor desde adentro de las plataformas: lograron regularlas y activar la gema. Y buscaba a Kutú para completar ese sistema.
En la tierra, ocupa un cargo de liderazgo en la iglesia del amor de Nueva York.
El peso
El mundo lo trata como riesgo cósmico. Es el único ser que dio su alma a los diablos y logró recuperarla, y él mismo lo sabe: «si algún día él es turned, como Darth Vader, realmente es muy peligroso para el cosmos». Su alma en peligro moviliza a una reina y a una compañía entera. Una semilla prosperó gracias a él. Y su baraja le sobrevive: donde faltó su corazón, hubo que poner otro.
Advertencias de Paulus
Este cronista, que ha copiado genealogías más limpias y ninguna más viva, deja constancia de lo que el archivo no sostiene. No se sabe si Garantiol, Notario y Reijard son máscaras del mismo anagrama o personas distintas: no figuran en el elenco estable. No se sabe si Monseñor Goull es entidad propia o variante de otro nombre. Queda sin declarar el origen «del norte, de los agros», que no coteja con Gotland. Queda sin resolver la contradicción mayor: «para mí ya no está más en Antiterra» contra «está ahora» — si ascendió a otro plano y se manifiesta, o si permanece, es disputa de escuelas que no me corresponde zanjar. Nadie ha dicho si la versión sombría atrapada en el sueño puede actuar por su cuenta, ni qué la distingue del simulacro; ni dónde queda el semiplano respecto de Antiterra y de Sigil, ni cómo se entra si no es por la puerta de los sueños; ni qué son las cartas «K de Épica» o «de Tremont» que reemplazaron su K de corazón en la Revolución. De La Plume se dice que es su amigo, sin que el vínculo esté fijado; y las voces del archivo lo colocan junto a Casemiro, el elemental de agua que respira agua —afinidad que el hilo acuático hace tentadora, y que precisamente por eso me abstengo de convertir en parentesco.
Véase además: La Dama del Dolor · Los Reguladores · Asmodeus · Reina Margot · La Plume · Casemiro
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.