Isla de la Serpiente

«Ese es el lugar donde está la serpiente… un ser además extraño y poderoso.» — advertencia recogida entre los que hicieron la travesía

Hay islas que existen para ser habitadas y otras que existen para ser señaladas desde lejos. Esta pertenece a la segunda estirpe: «es una isla en el mar negro solitaria extraña», y todo lo que se sabe de ella se sabe por su faro —«en el faro en una isla que también tiene un faro que es la isla de la serpiente»—, como si el nombre y la luz fueran la misma cosa. Quien escribe ha aprendido a desconfiar de los lugares que solo se dejan conocer por su señal.

La travesía

Se llega tras «todo el día viajando por el mar negro interior no muy lejos de la costa», con las bocas del Surina como referencia de ruta. En la red de faros del mundo, este cumple el papel del faro cercano —«la isla de la serpiente no quedaba cerca sí que queda más cerca»— por contraste con el de Alejandría, que queda más lejos y brilla más alto; el de la isla es, se dice, «un poco más limitado». Que sea el más próximo lo vuelve escala obligada de las travesías. Que la expedición se haya calificado de «casi una misión suicida» dice el resto: cercano no quiere decir hospitalario. Hubo compañeros que estuvieron allí —«estaban en el faro de la isla de la serpiente»— y los que esperaban en tierra lo cuentan todavía con cierta reserva: «estaban en ese lugar de la serpiente no sé qué cuando los esperábamos».

La superficie: luz, cable y fusil

La isla está poblada, «pero más que nada hay una guarnición rusa». La lógica del conjunto es la de un punto de control en el mar: el faro señala, el telégrafo transmite —queda memoria de «el mensaje ese que hicieran en telégrafo en la isla de la serpiente»—, y los soldados custodian esos dos aparatos. No están ahí para poblar la isla; están ahí para sostener la señal.

Los itinerarios añaden una nota de peligro que no terminan de explicar: «creo que es un faro peligroso ese», con mención de «aventuras volcánicas». Si hay cráter, si la roca humea, si el peligro viene del suelo o de otra parte, las voces no lo dicen. Este cronista consigna la advertencia sin poder cartografiarla.

Lo de abajo: el tiempo arcaico

Bajo esa capa militar corre una segunda, más antigua. La isla «tiene otra cosa» y «unas conexiones extrañas subterráneas que han estado aprovechando» — el sujeto de ese aprovechamiento queda, inquietantemente, sin nombre. Y además del faro hay «un círculo simultáneo»: un punto de tránsito por el tiempo, coherente con la condición que define al lugar entero, la de que allí «el tiempo encapsulado permanece arcaico».

Léase bien la arquitectura: la guarnición ocupa la superficie de un sitio cuyo verdadero valor está abajo. Arriba, una luz y un cable, la modernidad de un imperio; abajo, galerías y un círculo que atraviesa las edades. El mundo cambia según quién controle esos subterráneos y ese círculo, y por eso esta roca solitaria pesa más que provincias enteras.

La que habita

Todo lo anterior sería geografía si la isla no fuera, además, domicilio. Ahí reside la Serpiente, «un ser además extraño y poderoso», potencia que las crónicas del ciclo tratan como conspiración mayor. Existe también un Culto de la Serpiente, homónimo, «que realiza manipulaciones y conjuros»; si el culto rinde tributo a la isla, si opera desde ella, o si solo comparte el nombre, los registros no lo establecen. Tampoco aclaran si la guarnición rusa sabe qué custodia — si esos soldados montan guardia sobre un faro o sobre un dios.

Reparos de Paulus

Este cronista, que ha visto cuántas cosas distintas cargan un mismo nombre, deja anotadas sus dudas. No se sabe de qué está hecho el faro ni en qué estado se encuentra: si arde, si está apagado, si es ruina que todavía sirve de seña. No se sabe cuántos hombres tiene la guarnición ni bajo qué mando. No se sabe adónde lleva el círculo simultáneo, qué exige, ni quién puede usarlo. No se sabe si hay un volcán o solo su rumor. Y queda abierta la cuestión más grave: si la Serpiente que habita la isla es la misma que la potencia conspirativa, la misma que la Serpiente Amarilla, la misma que el Toro-Serpiente de los emblemas — o si son entidades distintas que la palabra ha ido enroscando en un solo nudo. El archivo no lo resuelve, y prudente es el que no desata ese nudo con la mano desnuda.

Véase además: Alejandría — el otro faro de la red, el lejano.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.