Infernal London

Advertencia del itinerario: a esta ciudad no se llega por camino alguno. No figura en carta náutica ni en rumbo de caravana; se llega por los viajes cósmicos entre plataformas —«a donde vamos nos puede llevar a Infernal London»— y consta, al menos, que de ella también se sale: «nos pudo llevar a Infernal London y salimos». Que el lector no confunda esa constancia con una promesa.

La ciudad detrás del rayo

Escribo, con la melancolía del que cataloga lo que preferiría no existir, sobre la sede de todo el poder de los diablos: una ciudad entera encerrada en una barrera de electricidad. Dentro de ese cerco no rige la magia que conocemos; rigen los espectros, que «pueden capturar las almas directamente». Y ésa es la clave de todo el artificio: Infernal London funciona como una planta que se alimenta de almas. Las que caen al infierno —«que en realidad son muchas o todas», advierte el interludio explicativo, es decir, el destino de casi todo el mundo— entran en la máquina y se vuelven combustible urbano. La barrera encierra, los espectros capturan, las almas alimentan. Por eso la ciudad no necesita magia convencional: tiene fuente propia.

Bestiario del recinto

Circulan por ella criaturas de composición dudosa. Una «criatura extraña que tiene seis alas», de un rojo pálido, las seis alas saliéndole desde atrás, «de ángel, pero también de murciélago». Y «espíritus del pozo chorreando veneno de las bocas». Entre las criaturas infernales corre una moneda propia: las larvas, pues «toda criatura infernal puede usar esas larvas» — qué se compra con una, quién las acuña, el archivo no lo dice. Consta además que estas criaturas vuelven a la vida, aunque «tardan más en regenerar» que otras; cuánto más, tampoco quedó escrito. Y consta la prohibición que las excluye de todo rito de limpieza: «jamás voy a dejar que una criatura del mal e infernal haga eso».

El Castigo de los Diablos

El único interior que el archivo registra es el salón llamado Castigo de los Diablos: «una especie de salón muy grande donde hay muchos nobles [—], re caretas, todos copados y dominados, cantando una canción horrible que genera una cacofonía». Esa cacofonía es ley física del lugar: entorpece gravemente toda acción de quien no pertenece a la ley del mal, y deja intacto a quien sí. El salón es, así, el órgano de control social de la corte: un canto que separa, dentro de la misma sala, a los leales del mal de todos los demás. Preside la ciudad una reina con cetro, de nombre no registrado. Al mando se asocia una reliquia, el Claw of Infernal Mighty, ligado a «la corona Modeus de la verdad». Y hay una potencia propia del registro infernal, la Ira Infernal, que se siente por primera vez como algo nombrado y distinto.

Sede de dos imperios

No todo su peso es infernal. La ciudad fue tomada «como sede, o sea, todo el mundo del imperio británico», y fue sede del Virrey de Anguila. Si eso fue ocupación, herencia o mera coincidencia de nombres es cuestión que las fuentes dejan sin dirimir; el cronista se limita a asentar que sobre el mismo suelo pesaron, en algún orden, la corona de los hombres y la corona de los diablos.

Dos ciudades en una

Y aquí las escuelas se dividen, porque el archivo conserva dos estados incompatibles de la ciudad, y con ellos dos estados del poder diabólico entero. Según la primera versión, Infernal London sigue siendo el último baluarte: los diablos, presionados por los Reguladores y perdiendo terreno, «apenas les queda una base en Infernal London»; «los diablos se quedaron con los Infernal London». Según la segunda, «es un lugar que supuestamente tuvo una purga de diablos y ahora busca la idea de progreso y la justicia social». Nótese el «supuestamente» de la propia voz: la purga puede ser hecho, creencia o propaganda. Mientras la disputa no se cierre, el viajero hará bien en preparar dos ciudades en la cabeza antes de entrar en una.

Reparos de Paulus

Confieso los límites de mi catálogo. De la ciudad fuera del salón no tengo un solo dato: ni calles, ni materiales, ni escala, ni estado de conservación — una capital descrita solo por su cárcel eléctrica y su corte cantante. De la barrera misma no sé si es cúpula, muro o red, ni si puede cruzarse sin las plataformas; de las plataformas, no sé desde dónde se abordan. De la reina con cetro ignoro el nombre y su relación con los diablos, con la corona Modeus y con el Claw of Infernal Mighty. Y de aquellos nobles del Castigo de los Diablos —¿diablos, hombres dominados, almas capturadas?— la palabra que los calificaba llegó rota hasta mí, y no voy a completarla con la mía.

Véase además: Reguladores


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.