En el corazón del barrio de Saint-Germain-des-Prés, entre calles que en el año de gracia de 1648 albergaban tanto a letrados como a mendigos, las Hijas de Dios sostenían una institución de doble función: convento y hospital, refugio y encierro piadoso para mujeres en huida, enfermas o simplemente sin otro amparo en la ciudad convulsa.

Madeline Boulet fue conducida allí durante su convalecencia de la Fiebre Americana. Las Filles de Dieu no exigían votos permanentes ni clausura estricta a todas sus acogidas; su función era más caritativa que monástica en sentido estricto, una red de asistencia femenina que operaba a la sombra de la abadía mayor. En los años de la Fronda, cuando el hambre y el desorden militar arrojaban a tantas mujeres a la calle, la institución recibía más de lo que podía contener.

El archivo la ubica como location subordinada al entorno de Saint-Germain-des-Prés, en estrecha relación con el arco dramático de Madeline y con el período posterior al pacto que Madeline contrajo con fuerzas que el convento nunca habría bendecido.

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