“Señor… cabalgamos, señor. ¿Quiere que me encargue? Aquí hay que matar.”
Presentación
Entre las filas de la caravana de la cruz roja —veinticinco sacerdotes de túnicas blancas custodiados por hombres rudos como leñadores, con máscaras negras que les caen sobre los hombros, hombres de la inquisición— avanza algo más: un hombre lobo, un ángel animaloide que respira pesado y mira a todos. Cuando lo increpan, muestra garras retráctiles del tamaño de una espada curva, de filos que brillan: plata. Es Domingo, el Perro de Dios — domini canis, el sabueso, el “domingo negro”.
Sirve a Luca con obediencia total: “sus deseos son órdenes, como siempre”. Ofrece siempre lo mismo —limpiar, encargarse, matar— y siempre Luca lo frena: a nadie, sin sangre. Recibe sus encargos —ir con un clérigo y algunos leñadores a una misión, interceptar después el barco donde se encuentre— y los cumple con la frialdad de quien fue hecho para eso. A los paganos les deja sentencias oscuras sobre el día del final y la destrucción que traerá su nombre.
Los leñadores enmascarados que lo acompañan son los custodios-inquisidores de la iglesia de Luca: descendientes de los pobres de las colinas florentinas, tan miserables que a veces vestían corteza, echados por las guerras entre güelfos y gibelinos en la Italia pre-plaga. Generaciones de hombres durísimos y fanáticos, primeros seguidores de aquel viejo sueño de Luca —una iglesia surgida del pueblo—, cumplido dos siglos después y contaminado. De esa misma raíz brotarán, andando el tiempo, los interfectores.
Vínculos
- Luca — su señor; le da órdenes y le prohíbe la sangre
- Los interfectores — herederos de los leñadores-inquisidores de su misma cofradía
- Ciudades_Invisibles — la caravana de Luca cruza el arco italiano de las ciudades
Apariciones
- Ciudades Invisibles / rescate de Luca en Tovag Baragu — la caravana de la cruz roja; el encargo de interceptar el barco
- Interludio infernal (dirección invitada) — combate en Baator del lado de los que sellan el portal