Los cuernos de piedra levantados sobre la tierra roja y los huesos; desde la loma, dos jinetes miden la distancia hasta el nido.

La tumba de todos los cruzados; allí será muy fácil que lleguen al Infierno.


Cien kilómetros tierra adentro, camino de Jerusalén, junto al lago de Tiberíades —el mar de Galilea—: un volcán apagado donde se supone que anida el dragón, aquel que destruyó al ejército del ancestro del rey en esos mismos cuernos.

Visto de cerca, el suelo es rojizo y contra el horizonte se levantan unos dedos gigantes de roca: un abanico de espinas, huecos y dientes rotos, como la dentadura de un gigante en un terreno de devastación. Tierras encrespadas como olas petrificadas, y en el centro un agujero.

Es el segundo encargo, el que Jacques de Molay les hace desde el principio, junto con la cabeza de playa: hay un dragón rojo en los Cuernos de Hattin. Baybars promete escolta hasta ahí y advierte que hasta ahí puede llevarlos — el resto del camino es oculto. Llegan; reciben unas llamas abrazadoras; ahí queda la pesada carga que traían, y desde ahí sigue el camino amarillo de azufre hasta el bosque.

Cuando se cruzan antes con un dragón, la comprobación que los alivia es de descarte: no es el rojo, no es el grande, no es el legendario de Hattin.


Vínculos

  • Florenzen — la crónica que peregrina hasta acá.
  • Jacques de Molay — de quien viene el encargo del dragón rojo.
  • Pavura — el hermano verde, que cae antes.

En el papel

C55 p42, entrada datada 27-10-15: «Los Cuernos de Hattin, allí el Dragón Rojo. Es el lugar donde se perdió la batalla frente a Saladino.» — escrito con todas las letras, y con el eje Templarios/Hattin ya trazado desde p11. También en p73.


[R] — Capa asertórica de mesa. Entidad de FLORENZEN minada del cruce entre la crónica jugada y el cuaderno C55. Pendiente de cotejo con el cuaderno físico.