Cuernos de Hattin

Itinerario para el que va de la costa a la Ciudad Santa: desembarcá, caminá unos cien kilómetros tierra adentro —o veinte millas, si tu punto de partida es la zona de Haifa, y ya volveremos sobre esa discordia de leguas—, y antes de Jerusalén el paisaje te va a poner delante dos elevaciones gemelas recortadas contra el cielo. No hace falta que preguntes el nombre. «Ya la imagen misma son cuernos.»

El terreno

Es «una de las pocas zonas volcánicas» de la región: tierras rojizas, «encrespadas como olas petrificadas», picadas de cráteres, huecos y grietas, y en el centro de los dos cuernos, un agujero. El suelo engaña al pie y a la pala por igual: «tiene arena, pero es piedra sólida» — arena por encima, roca maciza abajo. Sobre el fuego que duerme —o no— bajo esa roca, el mundo sostiene dos versiones y no zanja ninguna: «algunos dicen que está apagado, otros dicen que no». Este cronista ha oído también darlo llanamente por volcán apagado, con la seguridad de quien nunca caminó su arena; consigno las tres voces y no elijo, porque el lugar mismo parece complacerse en no elegir.

La necrópolis

Aquí fueron destruidos los cruzados, y aquí quedaron. Entre las ruinas reposan las tumbas de todos los caídos, visibles ya desde la aproximación: la cuenca volcánica se hizo necrópolis donde cayeron los cuerpos, y nadie las movió después. Una comitiva puede acompañar al viajero por el camino «hasta donde pueden ver la tumba de todos los cruzados» — no más allá. Ese es el límite de la compañía humana en este sitio; lo que sigue se camina solo.

El que lo ocupa

Nadie tiene los Cuernos. Los ocupa un dragón rojo, instalado donde el terreno ya había hecho el trabajo: un hueco de piedra sólida bajo arena, defendible y quemado de antemano. El encargo que circula sobre el lugar no gasta palabras: «en los Cuernos de Hattin hay un dragón rojo, vayan y destrúyanlo». Quienes entraron recibieron «unas llamas abrazadoras» — y aquí el sitio despliega su rasgo más propio: esas llamas no se dejan atribuir. ¿Del dragón, del volcán, del propio suelo? Lo volcánico y lo dracónico se confunden sobre la misma roca, y acaso esa confusión sea la verdadera defensa del lugar.

Medidas del viaje

  • De la costa, en el punto de desembarco, a los Cuernos: unos cien kilómetros por tierra.
  • De la zona de Haifa: unas veinte millas.
  • Hasta el dragón: cuatro días por lo menos.
  • Después del dragón: por lo menos cuatro días más de marcha.

El sitio queda al lado del Lago de Tiberia —que otros llaman Mar de Galilea— y «en el medio de todo eso» entre Damasco y Jerusalén: el tramo intermedio de la ruta que va de la costa a la Ciudad Santa. No hay otro paso entre Damasco y Jerusalén, de modo que toda expedición lo tiene por delante; es «uno de los lugares cercanos a los que se pasa». Y sirve además de mojón para otra ruta más oscura: quien busca la puerta del infierno se orienta por los Cuernos. Memoria de la derrota, guarida del dragón, señal hacia el infierno — tres cargas sobre un solo suelo, que ningún otro sitio de estas tierras acumula.

Reparos del cronista

Quedan cuestiones que el archivo no resuelve y que este cronista no va a inventar. Las dos medidas —cien kilómetros desde la costa, veinte millas desde Haifa— pueden ser dos puntos de partida distintos o una cifra corrigiendo a la otra; el viajero prudente pregunte en el puerto. Nadie ha mirado dentro del agujero central para decir si es la guarida del dragón, un cráter, o el acceso mismo a la puerta del infierno. Del estado de las tumbas —marcadas, saqueadas, abiertas— y de su número, nada se dice. Hacia dónde llevan los cuatro días de marcha posteriores al dragón, tampoco. Y falta el escalón que uniría las dos rutas: si el camino a Jerusalén y el camino a la puerta del infierno son uno solo que se bifurca aquí, o dos caminos que solo coinciden en este sitio de cuernos y ceniza. Que el lector decida si esa coincidencia lo tranquiliza.

Véase además: Jerusalén · Damasco


▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.