La isleña que abre la puerta. Hospitalaria de fachada, dueña del umbral por donde la gesta del Atlántico Sur baja a lo profundo.

Presentación

Cuando los cóndores reparten a los pasajeros por las casas de la isla al caer la noche, hay una puerta que se abre con una sonrisa de más. La mujer que recibe a los recién llegados del Operativo Cóndor se llama Betsy Clark —el cuaderno 99 la registra con su otro nombre, el de viuda de Casa Brockford, y el archivo terminó de fijar su nombre completo: Betsy Ann Clark, huida de Brockford. Las dos grafías designan a la misma viuda. Es ella la dueña del umbral: la gesta entra en lo sobrenatural por su puerta.

La hospitalidad es de fachada. A quien la mira con verdadera atención —quien alcanza a ver lo que está debajo— se le tuerce algo en la mirada de ella. La casa guarda señas que ninguna viuda isleña debería tener: fotos de un hombre que pudo ser oficial de la Segunda Guerra, un revólver del treinta y ocho bajo la cama, y, en algún rincón, prendas sin costura. Esos trajes sin costura son la primera de las señas que más tarde se revelan como una sola cosa: la marca de la Orden Esotérica de Dagón, la cofradía batracia que adora a Cthulhu desde el fondo del mar. Betsy no acoge a los argentinos: los estudia, y juega a recibirlos sin que sepan a qué casa han entrado.

La que sabe lo que viene

Cuando habla en público, Betsy “mete algo de piedras” en su discurso —deja caer la materia que está en el centro de todo lo de la isla, esa piedra azul que pasa de mano en mano. Coordina en inglés, por lo bajo, con un hombre llamado Joe_Garfield el traslado del cilindro y “del otro”: you brought the other… bring it here. No improvisa. Sabe lo que viene, conoce el rito y su lugar en él, y mide a los recién llegados como quien estudia un material antes de usarlo.

La madre del híbrido

Su tragedia, sin embargo, no es cósmica sino doméstica. Betsy es la madre de el hijo híbrido: un muchacho que por ella es humano y por el padre ausente carga la sangre de los Profundos, y que está en plena metamorfosis hacia lo anfibio. El hijo quiere descender, seguir al padre al abismo donde la familia verdadera lo espera bajo las olas; la madre lo retiene en la superficie y en lo humano. Esa pelea de madre e hijo, recortada contra el fondo abisal del Mythos, da la nota más reconociblemente humana de todo el horror malvinense. Betsy pertenece a la Orden y prepara la venida de Cthulhu, pero al mismo tiempo sostiene a su hijo del lado de la tierra: es a la vez sacerdotisa del umbral y mujer que no quiere perder a su muchacho en el mar.

Notas

El registro físico de la viuda y de su casa —la Orden de Dagón, el zirconio, las cuevas subterráneas, el Monumento_de_Huesos_de_Ballena— se guarda en el cuaderno 99 bajo el apellido Brockford; en el desarrollo de la gesta se la nombra como Betsy Clark. Su arco queda abierto: la metamorfosis del hijo no se ha consumado y el destino de la casa pende todavía sobre la gesta.

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