No lo mató el dragón ni el derrumbe: lo mató una hoja por la espalda, en el peor momento posible.


El que mató a Stormy

Arriano —lo dice con doble erre— se presenta caminando muy tranquilo entre los escombros humeantes, las manos en los bolsillos, mostrando un signo: una cruz dentro de un círculo. Se declara «asesor del guardián» y trae un consejo envenenado de sensatez: que los Profundos se vayan — no son de acá, para los mexicanos son gringos, están “sembrando tanta muerte” que en algún momento les va a tocar. Hasta defiende al dragón (“no es una criatura malvada sin más: actúa con poder por sus creencias, igual que ustedes”) y ofrece un duelo de campeones — todo o nada, uno contra uno. El grupo rechaza; Arriano les muestra un mapa del lugar y se retira dándoles la espalda.

No se había ido. Es un caballero infernal —un Hell Knight de espada enorme— aliado del dragón azul Oximec, y estaba oculto en una grieta detrás de la pared, observando. Cuando Stormy baja al pozo a recuperar el cofre atlante, y el dragón y el derrumbe ya lo tienen maltrecho, es Arriano quien lo embosca por la espalda: un golpe crítico le corta la pierna, y en esa herida —sin fortuna que lo salve— Stormy muere. El intento de resucitarlo con el cofre fracasa. La venganza es inmediata y grotesca: Ariel convierte a Arriano en conejo y lo hace devorar por una bolsa mágica — “este conejo mató a Stormy, tal cual”. De sus despojos sale la capa roja de la mano de seis dedos. Arriano queda en el archivo como la figura de la traición paciente: el que aconseja irse, ofrece el duelo justo, se retira a la vista de todos — y espera en la grieta.


Vínculos

  • Stormy — el compañero que asesina por la espalda
  • Oximec — el dragón azul del que es aliado
  • Ariel_Profundos — el que lo venga volviéndolo conejo
  • Los_Profundos — la gesta en cuyo nodo más doloroso interviene