Anubis

«Me cago en Dios y en el diablo, dice Anubis mientras cosecha.» — recogido entre los trabajadores de los campos, en México

Que el lector no se escandalice de que una exégesis sobre el Señor de los Chacales comience con una puteada. Este cronista ha aprendido que los dioses de Antiterra no se dejan conocer por sus altares sino por sus costumbres, y la costumbre registrada de Anubis —dios del panteón egipcio, guía de los muertos, potencia que decide quién muere y quién no— es la de un labrador enorme y malhablado que cosecha junto a los peones y maldice mientras trabaja.

Del cuerpo y de la imagen

Dos formas le conoce el registro, y ninguna lleva rasgo de chacal. La primera es la encarnación: un hombre gigante, el mayor de dos hermanos gigantes que trabajan juntos en los campos, viviendo en una casa con granja, en México, cosechando entre los trabajadores. La segunda no es cuerpo sino imagen: un hombre mayor que aparece en los espejos. De color, tamaño exacto, ropa o voz, el archivo calla, y este cronista no adorna lo que no vio.

Del linaje

Hijo de Osiris y de Nephtys. La fuente es explícita en la corrección, y la exégesis debe conservarla: no de Seth y Nephtys, sino de Osiris y Nephtys. Las voces del archivo nombran además a Sobek como hermano de Anubis; si ese Sobek es el hermano menor gigante que cosecha con él en los campos mexicanos, o bien otra figura, nadie lo ha establecido. Del hermano menor sí queda un episodio que retrata al dios mejor que cualquier himno: Anubis lo juzgó mal, creyéndolo traidor cuando era un jovencito. Y queda otro, más doméstico todavía: su mujer lo golpeó y lo pateó. Quién es ella y por qué lo hizo, el registro no lo dice. Nótese la simetría que este cronista se limita a señalar sin resolver: las fallas registradas del dios de la muerte son todas domésticas, ninguna cósmica.

De sus dominios

Rige la muerte y la vida de las almas, y también el embarazo — cómo se articulan ambos portfolios es materia que la exégesis deja abierta. Decide quién muere y quién no. Y opera en el otro lado: es quien administra el cruce del muro. Puede hacer cruzar el muro a un muerto, y puede devolver al mundo de los vivos un alma que quiera volver: revivificación por voluntad del dios y deseo del alma. Toda resurrección pasa por él. Qué pide a cambio, si algo pide, no consta. Qué es el muro y dónde se alza, tampoco: solo que Anubis tiene la llave del cruce.

De la Piedra

Se lo registra como guardián apostado en el lugar donde residía la Piedra del Apocalipsis. Su custodia funcionaba por presencia pura: «Si estaba Anubis nadie se podía llevar la piedra». Mientras el dios esté en su puesto, la Piedra no se mueve; mientras él decida, la frontera entre vivos y muertos es negociable. Pocas potencias del mundo sostienen dos goznes semejantes.

De los muertos que caminan

No le gustan los undeads, y no le gustan las momias tampoco. Su dominio sobre la muerte es orden cósmico, no animación de cadáveres, y esa aversión declarada fija de qué lado está el mundo entero en la cuestión de los muertos que caminan: el dios que administra la frontera abomina de quienes la burlan.

De sus servidores

Una figura llamada Orateol invoca o trabaja «con Anubis». Si se trata de sacerdocio, de pacto o de préstamo de poder, la fuente no lo aclara, y la prudencia manda dejarlo escrito así, sin bautizar el vínculo.

Escolio de Paulus

Queda para el lector la pregunta que este cronista no puede cerrar: qué distancia hay entre la granja mexicana y los otros dos puestos del dios —la guardia de la Piedra, la administración del muro. ¿Es la granja un exilio, un disfraz, un retiro, o el estado normal de un dios que ya decidió todo lo que había que decidir y ahora cosecha? ¿Abandonó la guardia, o la sostiene desde el surco? El archivo reúne ambas capas como una sola cosa y no da para más. Añádanse a la lista de lo no sabido: la identidad de su mujer y la razón de los golpes; la verdadera cara de Sobek; las condiciones del regreso de las almas; y el rostro mismo del dios, del que no tenemos ni un pelo de chacal. Que el que sepa más, escriba al margen.

Véase además: Piedra del Apocalipsis · Panteón egipcio


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.