Panteón
Una sola palabra, y el mundo la usa dos veces sin pedir permiso: para el conjunto de los dioses —que se divide, se rearma, disputa territorios como cualquier casa venida a menos— y para un edificio de París donde los vivos guardan a sus muertos honrados mientras alguien, al lado, abre el suelo. Este cronista consigna ambos usos y advierte desde ya: nadie ha demostrado que sean la misma cosa. La homonimia está en el archivo; el vínculo, no.
El edificio, para el viajero
Quien llegue a la zona sur de París por el boulevard lo encontrará sin esfuerzo: «cerca del panteón acá a ver si lo ven bien hay un trencito», dice la voz que orienta, y ese trencito del boulevard es el acceso que lleva gente hasta el sitio. A su lado, ruinas —«cerca de las ruinas romanas donde está el panteón roman[o]»— y una excavación abierta, «la excavación del panteón», con un punto vecino que las voces llaman «car dumon parnas» y que ningún mapa ha sabido fijar.
Tres capas se superponen en ese punto de la ciudad: lo romano antiguo en ruinas, lo que se está sacando ahora de abajo, y lo conmemorativo levantado por los vivos. Es a la vez lugar de entrada al subsuelo y lugar donde el mundo guarda a sus muertos honrados. Del edificio mismo —material, tamaño, estado— las voces no dicen nada, y este cronista no describe piedras que no ha visto.
El memorial de los reguladores
El sitio funciona como «una especie de panteón»: estatuas de los reguladores desaparecidos, y no lejos el sistema mayor del Arco del Triunfo con sus doce avenidas «que hablan de ellos y algunos otros héroes». La ciudad, que no pudo retener a sus reguladores, retiene al menos su recuerdo en piedra. Quién levantó el memorial, las voces no lo dicen.
Para el que camina París, el Panteón sirve además de brújula: se lo usa para situar a la gente —«ustedes están cerca de la excavación del panteón»— y aparece una y otra vez como punto desde el cual medir la ciudad. En otro registro urbano se anota apenas que «el panteón también se queda», sin nombrar ciudad ni explicar de qué partida se salvó.
El otro Panteón: los dioses
Del panteón divino no hay retrato: ni el aspecto de sus miembros ni el lugar donde se reúnen. Lo que hay es su historia de fractura. «El panteón se divide» — y esa división se equipara, en las mismas voces, a «la caída de los aventureros»: el cielo se partió primero, y la caída humana fue la réplica. En cuántas partes se partió, y qué dioses lo integraban, es cosa que el archivo calla.
No terminó ahí. «El nuevo panteón de un nuevo mundo Infernal se ha reunido»: hay al menos dos panteones simultáneos, el dividido y el nuevo, y la configuración de poderes del mundo se rehace mientras escribo. El infierno mismo es territorio en disputa, ganado por robo según sus antiguos dueños: «era el mundo de los egipcios, las cavernas», y los egipcios sostienen que «nos robaron a nosotros, el infierno era nuestro».
Y sin embargo el poder divino tiene su frontera declarada. Del pozo de Nivelas quedó dicho que «ni el Panteón se animó a meterse ahí». Hay lugares del mundo vedados incluso a los dioses; el viajero prudente tomará nota.
Advertencias del cronista
Escribo con las manos atadas, y prefiero decirlo a disimularlo. No sé si el panteón de los dioses y el Panteón de París comparten algo más que la palabra; la tentación de unirlos es grande —una excavación junto al edificio, unas «cavernas» que fueron infierno egipcio— pero tentación no es prueba, y este cronista no excava donde el archivo no llegó. No sé qué es «car dumon parnas»: la voz se estropeó ahí y así quedó. No sé quién excava en el Panteón, desde cuándo, ni qué busca. No sé qué es el pozo de Nivelas ni por qué ni los dioses se animan. No sé quiénes fueron los reguladores desaparecidos, más allá de que la ciudad los honra. Y en «el panteón también se queda» no sé de qué ciudad se habla ni de qué se queda. El que pueda responder, que escriba en el margen; los márgenes son para eso.
Véase además: París — la ciudad del edificio, la excavación y las ruinas romanas.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.