YPF
«Yo soy administrativo, yo nunca voy ahí.» — empleado de la oficina de Río Gallegos, sobre el trabajo de campo
Yacimientos Petrolíferos Fiscales. En el sur austral la sigla no nombra solamente a la institución argentina del petróleo: nombra al aparato que administra, hospeda y abre puertas para quien llega de afuera. Quien no es de YPF depende igual de YPF.
El membrete como llave
Se la reconoce antes por el papel que por los edificios: el «membretado oficial» vale como credencial. Su moneda de cambio no es el dinero sino ese membrete y la creencia que la gente le tiene; con eso mueve astilleros y gente que trabaja con barcos pesqueros. Un investigador que llega al sur entra al mundo por la puerta de YPF y queda, desde ese momento, bajo su calendario y sus jefes.
Un archipiélago, no un edificio
YPF no es una casa: es un reparto de puntos. La oficina de Río Gallegos, con mostrador y alguien que «recibe gente»; «otras dependencias» con alojamientos para «empleados o gente de YPF», dispersas «en múltiples dependencias en la zona de Río Gallegos»; y la base de Punta Loyola, el polo operativo. Entre la oficina y la base corre una división de mundos que el propio personal enuncia sin pudor — la frase que abre esta entrada. El campo, donde YPF «tiene trabajo», es precisamente el lugar adonde el administrativo «nunca va».
Las dependencias con alojamiento existen porque el campo austral no ofrece dónde dormir; lo que las dependencias no alcanzan a cubrir lo cubre el pago de hotel: YPF paga el hospedaje en el Hotel de Río Gallegos a quien viene por su cuenta.
Tres oficios de una sola casa
Opera en tres registros a la vez. Petróleo: prospección y exploración geológica en los territorios australes. Mensajes: la oficina es nodo; apenas uno llega, YPF ya tiene mensajes de los jefes para uno, y por ahí bajan las órdenes. Intermediación: aloja, paga hotel y hace de puente institucional — «YPF te puede ayudar en relación con la Universidad Argentina», para destrabar trámites de licencia de investigadores.
En esa zona no es una empresa más entre otras: es la institución presente, la que paga, la que aloja, la que tiene tratos con los astilleros y con la gente de los pesqueros. Los tratos con la costa se dejan entender —la costa es la vía hacia Punta Loyola y hacia el campo—, pero conviene decirlo con franqueza: eso es lectura del cronista, no letra del archivo.
La creencia
Quedó dicho que la gente «debe tener una creencia en el YPF». La frase no se explica a sí misma: puede ser prestigio, puede ser confianza comercial, puede ser algo de otro orden. Lo que sí se ve es su efecto: la institución sostiene un orden social entero, no solo una extracción. Sin YPF no hay hospedaje, no hay licencia universitaria, no hay contacto con astilleros ni con pesqueros, no hay mensajes. Es una empresa estatal que, en un territorio despoblado, tiene que ser también el Estado y el hotel.
Reparos del cronista
Del registro material, nada: ni la fachada de la oficina de Río Gallegos, ni la base de Punta Loyola, ni las dependencias, ni el hotel que paga. Ni materiales, ni tamaño, ni ruido, ni olor a petróleo o su ausencia. Tampoco consta cuántas dependencias son ni a qué distancia quedan. Los jefes cuyos mensajes esperan en el mostrador no tienen cara ni domicilio conocido — ¿Río Gallegos, Buenos Aires, otra parte? El trabajo de campo se afirma pero no se describe: qué se prospecta, con qué equipo, con cuánta gente. Y la pregunta más incómoda queda abierta: qué gana YPF a cambio de pagar hoteles y destrabar licencias. La contraprestación no está declarada en ninguna voz, y este cronista prefiere anotarlo como deuda antes que suponerle un precio.
Véase además: Hotel (Río Gallegos) — hospedaje pagado por YPF.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.