Virginia

Carta de relación sobre la región de Virginia, que otros llaman Carolina, compuesta para uso de quien viaje a los estados norteños.

Al este de los estados norteños de Antiterra se extiende una región de montañas y tierra de plantación que los mapas no terminan de nombrar: sus propias gentes declaran que «nos llaman o Virginia o Carolina», y así queda dicho, con las dos palabras, porque ningún registro ha zanjado cuál es la buena. En su suelo se levanta Fort Henry, y de su tierra sale la hoja que el mundo entero fuma.

Del clima y del terreno

De junio consta lo que un viajero necesita saber: calor durante el día, y «no hace frío en la montaña». La montaña marca el borde de la región; el fuerte lo guarnece; la plantación explota lo que queda dentro. De sus poblados, caminos y construcciones fuera del fuerte, este cronista no ha recibido noticia, y prefiere el silencio a la invención.

De los fuertes

Fort Henry se asienta al sur de Richmond —el Richmond de tiempos actuales—, y no está solo: los registros mencionan al menos otro fuerte en la misma zona, del que no consta ni el nombre ni el trato que guarda con el primero. Dos guarniciones en una frontera de montaña dicen, sin decirlo, que la región vale lo que cuesta defenderla.

De la hoja y de quién la paga

El producto por el que Virginia es conocida en el mundo es «un tabaco inglés de Virginia hecho con el sudor y sangre indios primero y ahora negro». Que quede escrito así, sin adorno: la materia física de la región llega al resto del mundo en forma de hoja fumable, y viene marcada por el trabajo forzado que la produce. Virginia es el punto donde el mundo dice en voz alta de qué está hecha su riqueza. Quien administra esas plantaciones, los registros no lo nombran.

De la doble soberanía

Virginia tiene gobierno propio: «hasta tienen a su rey». Y sin embargo sobre ella pesa además un título imperial, «imperatriz Virginia», asociado a Rebeca en una fórmula latinizante —«matraca de Rebeca filia potentis principal»— cuyo tenor exacto ninguna pluma ha fijado. En el pasado que los registros alcanzan, gobernaba allí Pohuatán. Rey propio y emperatriz encima: dos coronas sobre un mismo suelo apuntan a un territorio disputado o superpuesto entre dos autoridades, pero el material no alcanza para afirmar cómo se articulan entre sí, y este cronista no lo va a suponer.

De lo que allí ocurre

La región no es telón sino escenario: la gesta de la Corona del Norte se sitúa expresamente en ella, y en su territorio transcurre el vuelo de las águilas. Si cambia quién gobierna Virginia, cambian el fuerte y la producción de tabaco; por eso conviene mirar quién manda antes de mirar el precio de la hoja.

Advertencias del cronista

Tres cosas quedan sin cerrar, y el viajero prudente las llevará anotadas. Primera: si Virginia y Carolina son la misma región bajo dos nombres, dos vecinas confundidas, o un ajuste de nomenclatura de los que levantan los mapas — los registros dan las tres lecturas. Segunda: la ubicación misma está en disputa de versiones: la mayor parte de las voces la ponen al este, en los estados norteños, pero hay una mención que la sitúa como «una región en el sur» bajo gobierno de Pohuatán, y nadie ha reconciliado ambos rumbos. Tercera: quién es el rey propio de Virginia, qué trato guarda con la «imperatriz», y qué significa exactamente «filia potentis principal» —y en qué lengua se emite— son preguntas que el archivo deja abiertas. Nada consta de puertos ni de número de habitantes. Pregunte dos veces el que viaje.

Véase además: Fort Henry · Rebeca


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.