Valle de Canagua
«El umbral fue literal: una especie de Gran marco de puerta que parecía no estaba acompañado por muros pero sí por unas extrañas escrituras.» — relación de un viajero, al describir la entrada del valle
Quien haya cruzado la cadena de montañas que corre de este a oeste sabrá que los pasos son pocos y ninguno amable. Uno de ellos —el más difícil de bajar, dicen los rastreadores— se abre sobre este valle habitado y antiguo, que es a un tiempo tres cosas: camino, morada y cárcel. Este cronista lo asienta aquí tal como lo recogen las relaciones, sin añadir de su cosecha más que las dudas.
Del camino y su dificultad
No se llega por azar. «Bajando el valle de Caguana» —que así lo escriben algunos, y de la grafía se dirá más abajo— se toman «los senderos más difíciles» de la cadena. El país es «un entorno bastante grande», de bosques altos con montañas alrededor, senderos y bosquecillos, y en medio «un valle menos tupido que el resto que cortaba el lugar»: ése es el corredor que efectivamente se camina. La ventaja es toda de quien conoce el terreno, «de quienes conocen esto como su tierra en senderos Valles bosquecillos»; el forastero que quiera pasar hará bien en procurarse guía. Hay que «sortear los caminos», y aun así el valle tiene su pie de Monte, la falda sobre la que —junto con el valle— se ven tenderse «las Sombras».
Del otro lado del paso queda el Valle del Ohio, región separada de ésta, donde según las mismas relaciones moran los dragones negros. Cuántos días toma el cruce, ningún itinerario lo declara.
Del umbral sin muros
Lo más notable del valle no es cosa de la naturaleza sino de mano antigua: en la boca del corredor se alza un gran marco de puerta que no está acompañado por muralla alguna, sino por inscripciones extrañas cuya lengua y sentido nadie ha sabido declarar a este cronista. Un marco sin muros no cierra nada; marca. Es la señal de un lugar que se anuncia antes de defenderse. Quién lo levantó, qué regula, qué prohíbe o qué protege, las relaciones lo callan.
De sus pobladores
Puertas adentro, el asentamiento es viejo: «una cantidad de lugares y hasta envenir es antiguos» —así quedó dicho, y así se copia—, y sobre esa antigüedad se asentó después la gente que hoy lo habita: «una comunidad mixta de distintos grupos indígenas incluso algunos europeos asimilados por así decir», llegada «después de un largo viaje» cuyo punto de partida no consta. No es un puesto ni un campamento: es población. Y es población castigada, porque el lugar «también sufrió escarnio y ataques» de varios poderes que las relaciones no nombran. Valle así —paso obligado, tierra habitada, sitio antiguo— es a la vez premio y blanco, y sus vecinos lo saben.
De la prisión del dragón
Consta en las relaciones que el Dragón Verde «fue liberado de El Valle canagua que era su prisión», y consta asimismo que en el valle, o en su vecindad inmediata, habitan dragones verdes. Si el valle entero era la cárcel o si había recinto dentro, y quién obró la liberación, no se dice; pero el hecho está asentado y cambia el estado de toda la región. Este cronista se permite una sola observación, y la da por lo que vale: lo mismo que hace a este cuello de montaña difícil de cruzar lo haría difícil de abandonar, y no sería mal sitio para encerrar lo que no debe salir. Las relaciones, con todo, no lo afirman.
Añádase que allí se vio por última vez un objeto mágico de importancia; su naturaleza y su paradero actual quedan sin declarar.
De los otros valles, para no confundir
La región abunda en valles con nombre, y el viajero descuidado los mezcla. No son éste: el Valle de Los Renegados; el Valle Sagrado del Pino, al oeste y sur de los territorios tribales, custodiado, a dos semanas de viaje; el Valle de Sacramento; el Pequeño Valle de la Muerte; y el valle «donde cantan música» de los clanes matriciales —aunque de este último no se ha establecido si es otro o si es éste mismo, y ahí queda la duda.
Advertencias del cronista
Tres cuestiones deja abiertas este asiento, y el que viaje pregunte antes de fiarse. Primera, el nombre: los escribas alternan Canagua, Canegua, Caguana y Canaguay, y algún copista distraído llegó a poner nombres de tierras que no son de este mundo; hasta que una autoridad fije la forma, este cronista usa la más frecuente. Segunda, el llamado Valle Verde: hay relaciones que hablan de un río de aguas claras corriendo de norte a sur, de una cascada enorme cuyo ruido se oye desde antes de llegar; si ese Valle Verde es éste con otro nombre o un valle distinto, no está establecido, y de ello depende que el río y la cascada entren o no en esta carta. Tercera, hay quien vincula el río Chowán a un valle de nombre estragado por los copistas; la relación no se aclara, y este cronista no la va a inventar. Quedan sin responder, además, quiénes infligieron el escarnio, de dónde vino la comunidad y cómo se gobierna, y qué dicen las escrituras del umbral. El valle guarda sus respuestas mejor que sus pasos.
Véase además: Dragón Verde · Valle del Ohio
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.