República de Sofía

Quien remonte el río James hacia el norte y cruce el Paso de Melum habrá salido de toda jurisdicción conocida y entrado en la única de su especie: la República de Sofía, estado que se gobierna por «leyes supuestamente neutrales y sabias» y que ha hecho de la filosofía natural su ocupación y su bandera. Este cronista, que ha oído de ella más de lo que ha visto, consigna aquí lo que consta y advierte lo que falta.

Relación del emplazamiento

La República se extiende al norte del río James, más allá del Paso de Melum, «ahí al norte del paso de melum donde más o menos viene los escoceses»: tierra de pueblos celtas escoceses, sobre la cual el estado asienta su dominio. Fort Henry está «casi en el límite con la República de Sofía», de modo que la frontera es cercana y transitable desde esa plaza, y toda empresa que allí se acometa ocurre a un paso de otras leyes. En los mapas figura con color propio, aunque la fuente se enmienda a sí misma en el acto de decirlo: «es un lugar naranja sí no al contrario es el que está Violeta». Naranja o violeta: el cartógrafo que lo resuelva hará un servicio que este cronista no puede prestar.

Del gobierno y las costumbres

Dos vías sostienen a Sofía. La primera es la ley: un sistema reputado neutral y sabio, reputación que el estado exhibe hacia afuera y que las voces del archivo enuncian siempre en modo referido —«supuestamente»—, con la prudencia de quien no ha comparecido ante sus tribunales. La segunda es la puerta abierta: se trata de «un asentamiento donde todos eran bienvenidos», sin distinción de origen ni de tradición, principio que la aparta de todas sus vecinas. Es la potencia más progresista del tablero y la que «lleva mejor onda con los indios»: mantiene con los pueblos indígenas mejores relaciones que las demás potencias europeas, cosa que se explica sola donde la ley abstracta, y no la sangre ni la tradición, decide quién entra.

Del régimen consta al menos una figura de gobierno, «un tal Jefferson», dentro de un orden que las voces califican de extraño — tan extraño que el archivo lo llama a la vez República y «ese reino que es medio extraño», disputa de escuelas que aquí se deja abierta.

De su industria

La otra función de Sofía en el mundo es material: armería avanzada. Circulan fuera de sus fronteras «unas armas especiales de Sofía que pueden tener un cargador especial» — cargadores customizados, mercancía que se nombra por su procedencia, señal de que es reconocible pero no común. La lógica es la misma que gobierna al estado: la filosofía natural aplicada produce cargadores que ningún otro taller fabrica. Quien pueda pagarlas, las tendrá.

De su peso en el tablero

Sofía sirve de vara moral del mapa. Cuando se quiere medir cuán excepcional es un lugar que acoge a cualquiera, se lo compara contra ella —«ni en la República de Sofía»—: es el máximo conocido de hospitalidad, y aun así el término de comparación la excede. Fija además el borde político de Fort Henry, y su armería alimenta a quien la costee. Es una sola: no hay otra república de su especie en todo el registro.

Advertencias del cronista

Consigno con franqueza lo que este relato no puede afirmar. No se sabe si «Sofía», en las armas, nombra al estado o a un armero individual del mismo nombre; ni qué designa exactamente la frase sobre «esta gente que son medios que están con Sofía la cuestión de filosofía natural» — si el estado, un círculo, una persona o la disciplina misma. No se sabe qué cargo ocupa Jefferson ni qué forma tiene en verdad el gobierno. Del cargador especial, el tramo que lo describía llegó estropeado y su virtud queda sin declarar. Falta toda descripción física: ciudades, arquitectura, tamaño, población, moneda, precio de sus armas. No consta si «Melum» es la grafía correcta del paso, ni qué distancia media entre Fort Henry y la frontera, ni quién guarda el cruce. Y queda sin resolver si la puerta abierta es política deliberada de frontera o mera consecuencia de su doctrina legal. El viajero pregunte antes de cruzar; el archivo, por ahora, calla.

Véase además: Fort Henry


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.