Los Malditos
«No les voy a decir de esclavos pero viste como sirvientes con un acuerdo.» — condición del pacto con el Dragón Verde, según lo recogen las voces del archivo
Relación de una cuadrilla de mercenarios que este cronista consigna con reparo, porque de ellos se sabe menos por lo que son que por lo que deben. Cuatro o cinco hombres —las cuentas discrepan y más abajo se dirá— que tras batirse contra el dragón se dieron nombre a sí mismos, eligiendo entre dos: Los Malditos y Los Temerarios. Prevaleció el primero, y con él cargan desde entonces una maldición infernal y el oficio forzoso de «agentes mensajeros» de fuerzas que no los quieren bien.
Del bautismo tardío
Adviértase esta rareza: la banda existió antes que su nombre. Fue cuadrilla de mercenarios primero, y solo después de la batalla contra el dragón se bautizó. Y sin embargo el territorio ya murmuraba: corren «historias de los malditos» anteriores al encuentro, son «conocidos dentro del territorio». Si esas historias hablan de esta misma gente, de otra cuadrilla homónima, o de una palabra que el oído confundió, es cuestión que el archivo no zanja y este cronista no zanjará por él.
De su oficio y de sus cadenas
Funcionan por contrato y por coacción, nunca por lealtad. Se los emplea, y el empleador les pone plazo —«le dieron una semana… cuatro días… dos semanas», vacila el registro, y las tres cifras quedan abiertas— y misión. Tres cadenas los sujetan a la vez, superpuestas como capas de un mismo yugo:
Un oficio. Son mercenarios; se venden y se los compra.
Una deuda. Bajo el Dragón Verde la relación se hizo pacto de servidumbre —la fórmula que abre esta entrada— y de ese mismo dragón piden luego ayuda para escapar del yugo. Con Amador la cuenta es más blanda pero más larga: alojamiento ahora, «cuando se porten bien», y un favor sin nombre después.
Una condena. Sobre ellos pesa una represalia del infierno, ganada a hierro propio: «esta es la represalia que estamos teniendo nosotros cuatro por haber atacado esas criaturas del demonio» del aljibe. Qué efecto obra esa maldición, el archivo lo calla.
Por eso el mismo grupo figura en los registros como tripulación de una «nave de Malditos esclavistas», como mensajeros forzados y como suplicantes: no son papeles contradictorios, sino la misma cuadrilla vista desde cada uno de sus acreedores.
De su fama, que pesa más que su brazo
Todo el que se les acerca les propone una obligación: el dragón los quiere sirvientes, Amador los quiere deudores, un barco esclavista los cuenta entre los suyos, y otros les ruegan auxilio para huir. Son moneda de cambio entre poderes mayores antes que poder propio. Su reputación los precede y los define: «traidores engañosos», que es a la vez su infamia y su método. Sabiéndolo, California quiere «plantear un escenario de intriga» donde las partes se resuelvan entre sí sin que Los Malditos queden en el fuego cruzado — que es la única cortesía que se le puede hacer a gente así.
De sus señas, que son casi ninguna
Ningún registro los describe como cuerpo: ni ropa, ni insignia, ni arma común, ni seña que los hermane a la vista. Lo único material adherido al nombre son piezas sueltas: las «buenas botas» por las que se reconoce a uno de ellos al bajar con espada y cofrecito, y las botas que le arrancaron al aviador Pentoide junto con «algo de piel que era una marca para indicar que habían vencido». Esa marca de piel arrancada es el único trofeo de victoria que las voces del archivo describen — y dice de ellos más que cualquier estandarte.
De Pentoide y del Libro
De Pentoide, «este aviador de Malditos», consta la enemistad y consta el despojo: las botas y la marca. La fórmula que lo llama «de Malditos» inquieta, pero el registro lo asienta como enemigo derrotado, y así queda.
Existe además un Libro de Malditos que habla con «una voz muy aguda», asimilada a la voz de Patience. Si el nombre del libro lo liga a la banda, y si quien habla es el libro o es Patience, son cosas que nadie ha establecido.
Reparos del cronista
Escribo con la pluma en una mano y la duda en la otra. ¿Son cuatro o cinco? «Son como cinco malditos» dice un registro; «nosotros cuatro» dicen ellos mismos al hablar de la represalia; las dos cifras conviven sin conciliarse. ¿Hay tres barcos —el del capitán, el volador, la nave esclavista— o son uno solo contado tres veces? ¿En qué consiste la maldición, más allá de su origen en el aljibe? ¿Alguien usa todavía «Los Temerarios», el nombre que descartaron? ¿Y dónde están, en fin? El archivo dice «dentro del territorio» sin nombrar cuál, que es como señalar el mar con el dedo. El viajero que crea reconocerlos por unas buenas botas, sepa que esa es toda la heráldica que este cronista puede ofrecerle.
Véase además: California
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.