Henry Lefranc

«Soy un joven, soy el futuro.» — presentación de Henry Lefranc, dicha con su propio nombre, en el templo de Glastonville

Dieciocho años, un metro setenta y cinco, «un humano de piel bastante dorada». Llega al templo de Glastonville «despojado de todo»: jean, botas, «una musculosa medio maltrecha». Ni una moneda de más, ni una hoja al cinto. Lo único que carga son cantimploras con agua. Y cuando le pegan —solo cuando le pegan— los ojos lo delatan.

La sangre que se ve en los ojos

El linaje de Henry es celeste y de rasgos felinos, pero no se anuncia: se descubre. La marca aparece bajo el golpe. Cuando lo alcanzaron en combate, «sus ojos se pusieron agudos como los ojos de un gato, de un felino», y el color viró a verde o amarillento. No es un poder que él convoque; es una herencia que reacciona. Piel dorada, ojos de gato bajo el daño, ascendencia celeste: eso es todo lo que la sangre muestra. Qué más otorga ese linaje, quiénes son los otros que lo llevan, de dónde viene — nadie lo ha dejado dicho.

Dos atuendos para una misma figura

Los registros lo visten dos veces y no se ponen de acuerdo. En una versión, sombrero mexicano y poncho: la estampa del que viene de camino. En la otra, camisa blanca muy fina «donde se ven sus pectorales» y un cinturón del que cuelgan cantimploras; en esta presentación no porta arma alguna. Y en su llegada al templo, la tercera imagen: jean, botas y la musculosa maltrecha, donde la ropa gastada es el dato mismo — llega sin lujos y sin equipo. Si el poncho y el sombrero hablan de un origen, de una cultura, o solo del estado de indigencia con que pisó Glastonville, las voces del archivo no lo resuelven. Entre el linaje que es herencia y el atavío que es despojo queda esta figura de dieciocho años que carga agua y no arma.

Su lugar en la compañía

Henry funciona como el miembro joven de la banda, y él mismo lo declara como carta de presentación: la juventud como valor, antes que cualquier capacidad. En el combate tiene su turno propio —«Después de Matt viene Henry»— y depende del grupo, porque el que llega con poco necesita de los demás.

Que su presencia se cuenta lo prueba su ausencia: durante el viaje en barco Henry está separado del resto y su paradero es desconocido. Los compañeros notaron la falta — de él se dijo «que no sabe dónde está». Perdido en el viaje, confinado en otra sección de la nave, tragado por la tormenta: el archivo deja las tres puertas abiertas.

Advertencias del cronista

Un aviso para el que revise estos papeles. En las voces del archivo, Henry aparece confundido con Lotario Schottland —llegó a decirse «Henry el otario»—, pero son personas distintas, con turnos separados en el orden del combate. Que no se los funda. Queda sin responder lo más elemental: con qué pelea un hombre que no porta arma alguna; quiénes fueron sus padres; y por qué un joven de linaje celeste llegó «despojado de todo» a las puertas de un templo. Este cronista anota las preguntas y las deja donde están.

Véase además: Lotario Schottland · Glastonville


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.