Gusano Loco

Itinerario, para el que se anime: a la Luna, escasas horas de vuelo. Al Sol, una semana. A cualquier lugar de la galaxia, lo que tarde en decidirse — porque en vuelo su aceleración es «cercana al infinito». Y todo eso montado sobre el lomo de un gusano.

La bestia-máquina

Nadie sabe quién lo fabricó, si es que alguien lo fabricó. Lo que se sabe es lo que se vio: un cuerpo de gusano lo bastante grande como para que varios lo monten encima y para tragarse cosechas enteras de un bocado, y por dentro, «una máquina resistente» — de él llega a salir «un pedazo de mano mecánica dentro del gusano». Sus superficies interiores son paredes que se cierran; las heridas que se le producen desde adentro son contrarrestadas por curaciones que le cierran esas paredes. Todo el cuerpo está recorrido de cilias, y de ellas uno se agarra para sostenerse o para desplazarse por él. Tiene cola, y sabe usarla: «el gusano coletea de distintas maneras», desplomando enemigos y dejándolos atrás.

Tres cosas conviven en ese cuerpo: carne, máquina e inteligencia. La carne traga, sangra y cierra. La máquina resiste. Y la inteligencia — modesta, pero real — entiende ofertas y negocia. Hay quien lo compara con el «típico gusano del parque de diversiones». El parecido termina cuando levanta vuelo.

La montura

Cerca de tierra, su velocidad «es la velocidad del dragón rápido». Recorre campos, mesetas y los depósitos donde los alemanes guardan vituallas — y ahí mismo se aprovisiona: «agarra de los campos y de las mesetas y de los lugares en donde los alemanes guardan vituallas y traga un montón de todo eso». No necesita establo ni forraje. Se sirve solo.

Su inteligencia de base es corta — un 3, dirían los que miden estas cosas —, pero tocarlo mientras se lo monta la modifica: sube cuatro puntos y queda en 7. Claude lo montó y lo tocó, y el efecto quedó registrado. Un gusano así entiende una oferta de viaje formulada como «tickets para subirse a trenes en momentos y lugares diferentes» — y esa oferta «le empieza a comer un poco la cabeza».

El poder que no se vio en escena

Se afirma — no en escena, sino en un interludio explicativo del mundo — que un gusano tiene poder para «convertir lava quinientas millas a la redonda». Qué significa exactamente convertir — si la genera, la transmuta o la enfría — es una de las cosas que este cronista no puede decir, porque el verbo preciso nunca se pronunció. Quinientas millas a la redonda, en cualquiera de las tres lecturas, es un argumento para tratarlo con respeto.

De montura a red

Al momento de los hechos, el gusano está en proceso de ser convertido en tren: «un medio de transporte revolucionario». El paso es lógico — lo que ya es máquina inteligente y veloz se reconvierte en línea de transporte — pero el cambio es más grande de lo que parece: deja de ser el vehículo privado de una banda y pasa a ser una red con tickets. Quién emite esos tickets, y bajo qué condiciones se viaja, todavía no consta.

Estado del paciente

Herido pero recuperando: las curaciones le cierran las paredes interiores más rápido de lo que las heridas las abren. Peor es lo otro: al momento de los hechos fue engullido por algo, y le iba a costar mucho salir. Qué cosa puede tragarse a un ser que se traga cosechas enteras, el archivo no lo nombra. Que esté herido y engullido no es el problema de una escena: sin él no hay tránsito a escala planetaria ni cósmica. Su salud es un problema de mundo.

Cuestión de nombres

Los registros hablan siempre de el gusano — no hay indicio de que haya más de uno operativo. Pero junto a «Gusano Loco» circulan otras dos denominaciones: gusano lunar, vinculada a la conexión con las estrellas y a los viajes cósmicos, y gusano gélido cósmico, con capacidad de regenerar miembros dañados. ¿Un mismo ser con tres nombres, tres ejemplares, tres especies? Las escuelas discrepan y las voces del archivo no zanjan. Este cronista anota las tres y deja la disputa abierta.

Advertencias del cronista

Quede dicho lo que falta, que no es poco. No hay dato de color, ni de olor, ni de sonido: el gusano más grande del cielo viaja mudo por estos registros. No se sabe cuántos pasajeros admite montado, ni qué hace falta para conducirlo. No se sabe quién lo fabricó, de dónde salen sus partes mecánicas, ni a quién pertenecía esa mano mecánica que asoma en su interior. No se sabe qué lo engulló ni dónde queda ese interior. El que averigüe cualquiera de estas cosas, que lo escriba: el gusano se lo merece.

Véase además: Claude


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.