Francis Tavern
Al recién llegado a Nueva York se le dice una sola dirección, y es esta: en la zona del sur de la ciudad, cerca del Fuerte, entre árboles añosos y con las lámparas puestas en las puertas, se levanta la Francis Tavern — la taberna que antes se llamó The Queen’s Head y que su dueño, Francis, rebautizó con su propio nombre. Quien pregunte dónde quedarse, dónde comer, dónde encontrar a un compañero perdido, recibirá la misma respuesta que dieron George Washington y Alexander Hamilton: quédese ahí. «Llegan a Francis Tavern. Que es el lugar donde estaban antes.»
Señas para el viajero
El edificio es de varios pisos, con vigas de madera, y se anuncia desde lejos: «hay humo en el aire, hay tocino». Adentro se come —en la cocina sirven hamburguesas—, se bebe y se duerme. La cerveza tiene historia propia: en el local funcionó la cervecería Little Wench, de «esos preciosos cervezas al por mayor», de modo que el mismo predio que servía al menudeo producía al por mayor. Si la Little Wench sigue destilando o es ya cervecería difunta, este cronista no lo puede jurar.
Del salón principal circulan dos retratos que no terminan de encajar. Uno lo pinta como taberna de comedero y cerveza. El otro habla de «un tipo de edificio onda iglesia que tienen como varios asientos para que todos estén ahí en un éxtasis»: bancos dispuestos para una congregación, no mesas sueltas — un salón hecho para que una asamblea escuche, no para que grupos separados conversen. Puede que sean dos salas de un mismo edificio de varios pisos; puede que sean dos ojos mirando el mismo salón. Las versiones conviven, y aquí se dejan convivir.
Casa ajena vuelta propia
La taberna opera en tres registros a la vez. Es posada recomendada. Es el punto de reunión de los franceses, que ahí «están casi en su casa»: «la Francis Tavern es ni más ni menos que un lugar donde los franceses están casi en su casa». Y es sala de decisiones: se celebran en ella reuniones oficiales e informales, sirve de sede improvisada de Washington, y en sus mesas se decidió sobre los negros loyalist — lo que se resuelve ahí sale como hecho consumado.
El acceso útil al lugar pasa menos por pagar que por ser señalado por alguien. Hamilton se lo ve relajándose con amigos de Washington; la red de amigos en común es la verdadera llave de la casa. Estar cerca del Fuerte la pone, además, al alcance de la guarnición y del poder que reúne: cervecería propia, sala de congregación, cercanía del Fuerte y linaje de dueños hacen de ella el sitio natural donde se reúne quien manda.
Linaje de un techo
La lógica del lugar es la acumulación de nombres sobre un mismo techo. Primero, la vieja taberna de Stefan Kortland, de la cual la Francis Tavern es descendiente. Después, The Queen’s Head. Después, el nombre del dueño actual. Cada rebautizo es una capa más de la misma casa.
Aviso de armas
Que nadie tome la hospitalidad por seguridad. El interior es lo bastante abierto y accesible como para que se pueda entrar «a capa y espada», y ya ocurrió: en una incursión armada «habían prendido todo en la Francis Tavern y entraron a capa y espada». Siendo la taberna el punto al que todos vuelven, lo que le pase al edificio le pasa a todos los que en él se reúnen.
Reparos del cronista
Quede asentado lo que este registro no alcanza a fijar. No consta quién es Francis, el dueño que dio el nombre, ni qué relación guarda con Stefan Kortland. No consta quién ejecutó la incursión a capa y espada, cuándo, ni qué daño dejó en la madera. No hay cuenta de pisos ni de habitaciones, ni precio de cerveza, comida o cama. Y la seña «zona del sur, cerca del Fuerte» no fija calle ni distancia: el viajero que quiera exactitud, pregunte al llegar — que para eso, precisamente, está la taberna.
Véase además: George Washington
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.