Edgar
«Un cuervo negro. Un cuervo amargo.» — así lo consignan las voces del archivo, sin adorno que agregar
De las criaturas que este cronista ha registrado, pocas plantean con tanta insistencia la pregunta que Edgar se hace a sí mismo: «¿Soy un cuervo o soy una persona?». Que un ave se interrogue ya lo aparta de la historia natural común; que nadie sepa responderle lo instala en estas páginas de pleno derecho. Edgar es uno solo. No es una especie, ni una raza, ni una clase de prodigio que pueda esperarse en otros cielos: es un individuo con nombre, y toda descripción general que se intente de él será, en rigor, su biografía.
Del cuerpo y del vuelo
Es mayor de lo que un cuervo debería ser, y ese exceso lo traiciona en el momento menos digno: «cuando está bajando se da cuenta que es más grande y cuando baja muy cansado, medio que se tropieza, es un problema bastante grande». Vuela llegando siempre tarde, «como si venía atrasado de algún jefe» — expresión que este cronista transcribe sin poder aclarar, porque el archivo no dice quién sería ese jefe, ni si todavía existe alguien ante quien Edgar rinda cuentas. Su posición habitual no es la rama ni el aire sino el hombro de una persona: ahí trabaja, ahí descansa, ahí es Edgar.
De la capa y del hombre
Basta echarle una capa encima para que el cuervo pase a figura de hombre. El cambio se ve como un dejarse bajar y después pararse «como una persona»; el hombre que resulta está desnudo, y la misma capa que lo transformó es la que «lo tapa de lo desnudo» — la causa y el remedio son una sola prenda, economía que un naturalista no puede sino admirar. Su cara humana no es la de un extraño: es reconocida de inmediato por quienes lo tratan — «esa cara familiar. Es Edgard.»
Del oficio: el hombro como puente
La función de Edgar se apoya en que habla. Se le puede dar la orden directa —«Edgar, por favor Habla, cuervo»— y responde. Sobre esa facultad se levantó su oficio: el cuervo en el hombro «era la manera de comunicarnos», el canal fijado entre los miembros de una compañía. Por eso se lo transfiere: fue primero de Magda, la bruja de la fortuna, en cuyo hombro aparece ya en el recuerdo de infancia de ella; después pasó a Krisina, para que la comunicación no se cortara. Quien piense que un cuervo es poca cosa, considere esto: perder o ceder a Edgar cambia quién puede hablar con quién. No es un arma; es un puente. Y cuando hace falta, combate — actúa junto a Magda en el mismo compás, y el archivo recuerda que en medio del fragor «la tocó a Magda», alcance de ala o de mano que su turno propio le permite.
Del estatuto: familiar que dejó de serlo
Aquí está el nudo. Edgar fue familiar de bruja: extensión de Magda, instrumento con plumas. Dejó de serlo. Adquirió voluntad propia, dejó de ser instrumento para «ser el activo», y en ese tránsito quedó «un poquito como recién nacido»: un ser que ya no pertenece a nadie pero que sigue cumpliendo la función por la que se lo tenía. El hombro, que era su lugar natural, pasó a ser su lugar elegido — o su costumbre, que no es lo mismo, y el archivo no distingue. Lo que sí distingue es su peso entre los suyos: Edgar es «un buen amigo», cara conocida y de confianza. Pesa como vínculo, no como recurso.
Reparos del cronista
Este cronista deja constancia de lo que las voces no establecen, para que nadie lo dé por sabido. No se sabe si cualquier capa obra la transformación o si hace falta una capa determinada, ni quién debe ponérsela; tampoco si el cambio es reversible por voluntad de Edgar o si exige quitarle la prenda. No se sabe qué ocurrió exactamente para que dejara de ser familiar —ni qué perdió Magda en ese momento, que algo habrá perdido—. No se sabe cómo obra la comunicación por cuervo: si transporta mensajes volando o si habla a distancia. Ni siquiera su nombre está firme: las voces alternan Edgar y Edgard, y hay escuelas para ambas grafías; este cronista adopta la breve sin pretender zanjar la disputa. Y queda la más inquietante: si vuela siempre cansado y atrasado «de algún jefe», ¿hay alguien a quien todavía le responde? El archivo calla, y el cuervo, que habla, sobre esto no ha dicho nada.
Véase además: Magda — bruja de la fortuna, primera portadora, cuyo recuerdo de infancia ya lo incluye.
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.