Cherokee
«Te cantaré una vieja historia de los Cherokees para que también sepas.» — palabras dichas en la frontera a un forastero, según lo recogió este cronista
Relación que hace un cronista de la Corona del Norte sobre la nación Cherokee, «una tribu amplia amplia, un recorrido importante», potencia entre las gentes de esta tierra, con lengua y letra propias, que no se cuenta entre las Cinco Naciones y que a nadie pide licencia para decir que no.
De su extensión, que es su primera maravilla
No busque el lector una aldea Cherokee en el mapa: busque una franja. Su territorio «toca tanto territorios que tienen que ver con el mundo español más del sur como también llegan a las zonas más del Norte», de suerte que atraviesa de punta a punta las dos esferas: la española y la inglesa. Ninguna otra nación de estas partes cruza así ambos dominios.
Los itinerarios, con todo, disputan. Un testimonio los llama «cultura indígena del sur» que recorre las estepas; otro los tiene por «pueblo indígena de la región occidental». Sur, poniente y estepa no se concilian en los papeles que este cronista ha visto, y no seré yo quien fuerce la carta. Consta además que en el norte quedaron grupos parientes suyos, que también recorren las estepas y que son «sus grandes rivales y a veces enemigos»: la sangre común no les impide la guerra ocasional.
De su lengua, su letra y sus canciones, que son su verdadero imperio
Un pueblo tendido sobre semejante distancia debería deshacerse, y no se deshace. Lo que lo mantiene entero no es una liga ni un rey: es la palabra. Tienen idioma propio, el Cherokee, y —cosa rarísima entre estas naciones— escritura propia, de la que Sequoia es «uno de los fraguadores». La letra fija; la canción cohesiona: las palabras y canciones tradicionales Cherokee se cantan, y con ellas el pueblo «va va reforzando» sus vínculos de un extremo al otro de la franja. La tradición oral sigue viva en la frontera, donde se instruye al forastero cantándole historias viejas, como le cantaron a uno llamado Johnny.
Con los extranjeros, la lengua cede por cortesía o por cálculo: el trato empieza en idioma Cherokee «pero después pasa a la lengua común». Por su habla están emparentados con otros grupos de la tierra —pertenecen «al grupo grande»—, sea por origen común, sea por «simple cuestión de costumbres en común»: los registros no lo deciden.
De su gobierno y policía
Dos reglas constan de su vida interna, y ambas asombrarán al lector europeo. Son matriarcales —«tienen una cultura entre matriarcal», dice el testimonio, con una vacilación que anoto más abajo— y son igualitarios, con norma explícita: hay «un lugar para cada uno, o sea nadie va a pasar hambre». Con eso, y sin confederación alguna, sostienen lo que los registros llaman sin rodeos «el poder de los Cherokees». Que nadie los tome por decorado del paisaje: son potencia política.
De sus chamanes, sus huesos y su puerta
Sus chamanes profetizan leyendo los huesos de los muertos: «los antiguos habían leído los huesos de de los muertos», dejó dicho el archivo, con esa repetición que respeto tal cual llegó. Se dice también que «los Cherokees tienen algo» con un Gorro Antiguo asociado a «los poderes indios»; qué cosa sea ese algo, nadie lo ha precisado.
Y hay una pretensión mayor: los Cherokee consideran que pueden ser Guardianes de cierta puerta relacionada con las cadenas. Adviértase la palabra: consideran. Es lo que ellos sostienen de sí, no lo que el mundo les haya reconocido. Este cronista consigna la pretensión sin ratificarla.
De la Liga, y del no que dijeron
Los Cherokee no pertenecen a la Liga de las Cinco Naciones: son el gran actor no confederado de esta tierra, pieza de equilibrio y no de bloque. Pero hay dos versiones en pie, y las dos se copian aquí. Una escuela sostiene la exclusión lisa y llana. Otra recuerda que los Cherokee «alguna vez, tal vez en un pasado remoto» formaron parte de una confederación mayor, y que llegó a pensarse que las cinco naciones «podían ser seis». Sexta nación que no fue, o nación que se fue: los papeles no lo resuelven.
Lo que sí consta es su soberanía para negarse. Se les propuso una alianza y «los Cherokee dijeron No queremos». Quién la propuso, el archivo lo calla; pero quien buscó ese flanco, se quedó sin él.
De sus vecinos en el mapa de naciones
Comparten la tierra con Los Yonics, los Yanis y los Uropanos, facciones distintas entre las cuales hay separación política y acceso desigual a los recursos europeos: unas tratan con nuestras mercaderías, otras no las conocen. Por qué el mapa se reparte así, los testimonios llegaron rotos y no alcanzan a explicarlo. Sirven además los Cherokee de mojón del tiempo: cuando en esta tierra se quiere nombrar lo remotísimo, se dice «antes de que existieran Los Yonics, antes de que existieran los Cherokees».
Del que llaman «El Cherokee»
Anda por los registros una figura a la que se nombra solo así: El Cherokee. Negocia en el campamento; intenta una curación y duda de su arte —«El Cherokee piensa que no funcionó su curación»—; se lo describe como bardo conocedor de artes mágicas. Si es un hombre concreto o el gentilicio usado como apodo, si el bardo-curador y el negociador son uno o dos, este cronista no lo sabe, y lo deja anotado como quien deja una silla vacía en la mesa.
Advertencias del cronista
Confieso al lector lo que esta relación no puede darle, porque el archivo no lo dio. De la materia de este pueblo no tengo nada: ni cómo visten, ni qué levantan —aldea o campamento—, ni sus armas, ni su comida, ni el ruido y el olor de un asentamiento suyo; toda esta relación está hecha de política y de lengua porque eso fue lo único que las voces trajeron. Queda sin fijar su geografía —sur, poniente o estepa—, sin nombrar la alianza que rechazaron y su proponente, sin resolver si estuvieron o no en aquella confederación remota. Del matriarcado, el propio testimonio vacila entre lo materno y lo paterno, y falta saber por quién corre la descendencia y quién decide la guerra. De la escritura, ignoro el soporte, los letrados y los usos; de los chamanes, cómo se lee un hueso y qué se paga por una profecía; del Gorro Antiguo, todo salvo que «tienen algo». El que venga después de mí, que pregunte donde yo no pude.
Véase además: Sequoia
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.