Caín
Quien llega a Diomirra escucha el nombre dos veces antes de entender que quizá no nombra a uno solo. Está el Caín que, para algunas religiones, «vino hace miles de años», y que la gente usa como vara para medir la maldad ajena: «son peor que Caín». Y está el Caín de carne, «un hombre fuerte y tenso», que rige el pueblo con puño de hierro. El viajero prudente no pregunta en voz alta si son el mismo.
Un señor sin raíz
Caín no brotó de Diomirra: fue puesto sobre ella. Su cargo —gobernador, dicen unos; barón, dicen otros, y las dos escuelas persisten— nació como «una especie de intervención», colocado después de que los señores de los lagos cayeran bajo el comando del Gran Khan. Es, entonces, el punto exacto donde el poder del Khan toca el suelo local. Y porque no tiene raíz noble propia en el sitio, su legitimidad no viene del linaje sino de otras dos fuentes: el orden del comercio y la fuerza. Sus guardias, «vestidos con el uniforme del gobernador local de Caín», son la marca visible de su autoridad en la calle.
El régimen de dos leyes
A Caín le importa que funcione bien el régimen de comercio; por eso favorece a la nobleza y a los que pasan por ahí —comerciantes—, aunque él mismo no sea de la nobleza del lugar. Pero la ley que administra tiene puerta angosta: «los únicos que reciben algún tipo de verdadera ley y justicia son los que son de su mismo estirpe, o los que pagan lo suficiente». La justicia se compra; el pago es la vía de acceso para quien no es de su estirpe. Con los infractores jóvenes emite, «en su condición de gobernador», una amenaza menor, y fija la reincidencia como umbral: «si reinciden, debería hacerlos azotar». Setecientos campesinos de los alrededores viven apretados bajo sus tributos, que pide cada vez mayores.
El bosque de los Alerces
La otra mitad del señorío no está en el casco del pueblo. «Buena parte de las cargas de los tributos» toma el camino del bosque de los Alerces, coincidiendo con la llegada de cargamentos de alquimistas. En ese bosque vive la amante de Caín, «una especie de Morgana», «una mujer de cabellos negros como a los de cuervo», hechicera legendaria. Divorciado de su mujer, Caín tiene la vida privada tan afuera del pueblo como el origen de su cargo: todo lo suyo viene de otra parte o se va hacia otra parte.
De noche hay sabbats, y él y los suyos se «crispan» cuando los celebran. La señal de que «no todo está bien en el pueblo» no es la dureza del gobierno —eso es visible y sabido— sino lo que se hace de noche y no se declara. Que tributos, alquimistas, bosque y hechicera formen una sola cadena es lo que el ojo sospecha; el archivo lo sugiere sin cerrarlo, y este cronista tampoco lo cierra.
El nombre y su sombra
Queda la cuestión genealógica, que da a esta entrada su lugar en el glosario: un gobernador impuesto por el Khan que carga el nombre del que «vino hace miles de años». ¿Herencia, homónimo, o filiación buscada a propósito, para que el insulto y el señor compartan sílabas? Las religiones que veneran o temen al Caín antiguo son solo algunas; el gobernador, en cambio, alcanza a todos los que cruzan sus puertas. Tal vez esa sea la diferencia entera entre el mito y el poder: uno necesita fe, el otro cobra tributo.
Advertencias del cronista
De su persona, el archivo guarda poco cuerpo: ni edad, ni rostro, ni colores del uniforme de sus guardias. No se sabe a quién rinde cuentas ni con qué frecuencia, ni si hay una autoridad del Gran Khan con nombre por encima suyo. No se sabe cuánto «es lo suficiente» para comprar justicia, ni qué se paga en los tributos, ni qué producen los alquimistas en el bosque con lo desviado. La hechicera no tiene nombre registrado; la mujer de la que se divorció, tampoco. Y hay una ambigüedad que el viajero hará bien en anotar: la frase «gobernador local de Caín» permite leer a Caín como lugar y no solo como persona — como si el nombre, además de hombre y de mito, fuera también tierra. El propio topónimo del feudo vacila entre Diomirra y «de Omirra»; las dos formas circulan y ninguna ha sido fijada.
Véase además: Diomirra · Gran Khan
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.