Alfa Centauri

«En Alfa Centauri hay vida, y es vida también: una parte no es todo máquina.» — testimonio de quien vivió allí, recogido en los registros

De todos los puntos del cielo, uno solo figura en este mapa como habitado, negociable y beligerante a la vez. El nombre mismo lo declara: «alfa es la más brillante» de las estrellas de su constelación. Y el que mejor lo conoce lo llama «el único plano que conozco» — un catálogo de un solo asiento, escrito por alguien que residió en él bastante tiempo, «cuando lo interceptaron».

Itinerarios

No se llega por casualidad ni de a muchos. Los registros fijan dos caminos: la travesía interestelar guiada —«como ya hicimos, guiados por Swann»— y los procedimientos de la cronomancia, entre los cuales figura «picar en Alfa Centauri de vuelta y volver»: el rebote estelar, alternativa a la bengala cuando se pregunta si hay otras formas de viajar en el tiempo. Se declara una travesía de tres años por el continuo espacio-tiempo, cifra que este cronista consigna con reserva. Alfa Centauri es, así, dos cosas para el viajero: destino («vamos a Alfa Centauri») y pivote — el punto lejano y brillante contra el cual se rebota para volver atrás.

Los que viven allí

La población mezcla organismos biológicos y máquinas sin que ninguno de los dos términos absorba al otro. Hubo allí, además, «swans como yo»: otras versiones de Swann, cuyo número y suerte los registros callan. El plano sostiene «una idea del orden»: hay cosmología propia, no vacío. Esto explica por qué el trato con Alfa Centauri es diplomático y no de conquista — hay ahí interlocutores del mismo orden que los viajeros.

La inteligencia y su moneda

Con Alfa Centauri se negocia, y se negocia con una inteligencia artificial. Su moneda no es el oro: «a la hora de argumentar la diplomacia con Alfa Centauri, justamente es un valor muy preciado para esta inteligencia artificial la cuestión de la conciencia». Sobre esa base se le propone «una alianza a Alfa Centauri para que ellos nos ayuden a buscar el cuerpo», y se busca «hacer que esta alianza tenga otra alianza con los centauris» — encadenar pacto sobre pacto. Alfa Centauri, por su parte, reclama un artefacto sustraído, del que los registros no dicen qué es, quién lo tomó ni cuándo.

El ejército de las leyes

Y sin embargo, las mismas voces afirman: «Alfa Centauri es parte del ejército al que nos estamos enfrentando». Los Centauros de Alfa Centauri «quieren iniciar la guerra y quieren recuperar las leyes universales de la existencia»: causalidad, tiempo lineal, planos separados. Léase bien el programa: lo que quieren restaurar es exactamente el régimen físico bajo el cual el resto del mundo dejaría de funcionar como funciona. Si ganan, se acaban los planos comunicados y el viaje temporal. El pivote del rebote estelar aboliría el rebote.

Las dos versiones —el socio y el enemigo— conviven en el archivo sin conciliarse. Puede tratarse de facciones distintas dentro del mismo plano, de una alianza posterior a la enemistad, o de una alianza cuyo fin sea precisamente revertirla. Las escuelas discuten; este cronista se limita a dejar ambas en el mapa, porque ambas fueron dichas. Todo el eje bélico y todo el eje diplomático de este tramo pasan por Alfa Centauri; ningún otro plano aparece nombrado como alternativa.

Advertencias del cronista

Aquí el mapa se vuelve en blanco, y prefiero el blanco a la fábula. Del aspecto físico del plano nada consta: ni cielo, ni terreno, ni construcciones, ni cómo se ve una vida que en parte no es todo máquina — quien busque paisaje en esta entrada, no lo hallará. La jerarquía tampoco está resuelta: los registros llaman a Alfa Centauri plano, estrella, inteligencia artificial y ejército, sin decir si la inteligencia gobierna el plano, ni si los Centauros son su brazo armado, sus habitantes o una facción rival. De la «interceptación» solo queda la frase: no se sabe qué o quién fue interceptado, ni por quién. Y de la conciencia como moneda sabemos que la inteligencia la valora, pero no cómo se la ofrece, se la mide ni se la entrega.

Queda, por fin, el Jardín del Alfa y el Omega, que entra a este expediente por la sola palabra «Alfa». Lo nombra el Príncipe: «el jardín del fin y del principio», que está «en la cima» —¿la cima de qué?—, tiene incienso, es «imposible para aquellos que han pecado» aunque admite redención incluso para el mayor pecador, y crece como el grano de mostaza de la parábola. Nada en los registros lo sitúa en Alfa Centauri. Hasta que una voz del archivo los una o los separe, este cronista los tiene por homónimos, no por vecinos.

Véase además: Swann — guía del viaje a las estrellas, cuyas otras versiones habitaron el plano.


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.