Warhol
En lengua de los cherokee su nombre se dice lobo gris, y así lo pronuncian los naturales de estos bosques cuando lo ven venir; que un hombre lleve un nombre en cada orilla del mar es cosa que este cronista ha visto pocas veces, y ninguna tan cabal como en éste.
Señas del hombre
Compañero de la banda que anda por estas provincias, guerrero de mucha fuerza y no menos labia. El torso lo tiene «torneado», y sobre los pectorales lleva tatuados el sol y la luna — marcas que él mismo descubre desnudándose ante otros, y que los naturales saben leer. A la espalda carga un escudo de caparazón de tortuga, hechura de esta tierra; al cinto, cruzada y enfundada, una espada rapier de factura inglesa. Que un solo cuerpo cargue defensa de tortuga nativa y acero de Inglaterra no es adorno: es el punto exacto donde las dos naciones de este escenario se tocan.
Él se imagina «con un caballo y un rayo sonando detrás de tu propia presencia». Anótese que ésa es la estampa que él se atribuye; lo que ven los demás puede ser otra cosa, y si el caballo existe en carne o sólo en la imaginación del hombre, los registros no lo dicen.
Oficio de muralla
En la pelea, Warhol es la línea que aguanta. Se planta a quince pies de la criatura, escuda a los suyos, y calcula quedarse junto a Water, otro de la compañía. De una de esas jornadas quedó dicho, como quien levanta acta: «salvaste ahí Warhol pero casi nos tenían» — que es la manera más honesta de decir que sin él la banda entera caía.
Fuera del hierro, es doctrina suya la vigilancia: propuso rondas, una por día, hacia la Caverna, para ver si hay movimiento de otras personas. Un explorador prudente en el cuerpo de un forzudo.
Oficio de lengua
Pero donde este hombre vale su peso es en la palabra. Conoce las leyendas de la tierra — sabe historias sobre Sequoia, «el loco Sequoia» — y su relato obra efecto material sobre los naturales: uno de ellos lo escuchó, asintió y lo reconoció como propio, porque «la historia que contó Warhol encontró parte de sus relatos de infancia». Su nombre traducido y sus tatuajes son la credencial; sus cuentos, la llave. Sin esa vía, la compañía se queda sin intérprete y sin salvoconducto ante los indios de habla cherokee.
El animalillo veloz
Se le atribuye — y subrayo se le atribuye — un familiar jerboa: «una ardilla miniatura que pica ahí muy rápido», un ratón colilargo de patas extremadamente largas y finas, conectado mentalmente con su dueño, que brinca veloz y sirve de guía visual. Si la atribución es cierta, el sistema se completa por arriba: un explorador diminuto que hace el reconocimiento que el cuerpo pesado no puede hacer. Pero las voces del archivo no nombran al dueño con claridad, y este cronista no bautiza animal ajeno.
Reservas del cronista
Consigno con honradez lo que no sé. No sé de dónde le viene a este hombre cada mitad de su doble filiación — la cherokee del nombre y el caparazón, la inglesa del rapier —, ni si él la explica. No sé qué significan el sol y la luna sobre su pecho: si son marca propia, ganada o heredada, nadie lo ha dicho. No consta su estatura, ni su edad, ni su voz, ni si el caparazón está astillado o el rapier oxidado. No consta que tenga caballo, más allá del que suena en su propia cabeza. Y de Sequoia sólo consta que conoce sus leyendas; qué trato haya entre ambos, si alguno, el archivo lo calla. El que quiera saber más, que le pregunte al propio Warhol — y que se prepare para escuchar una buena historia, verdadera o no.
Véase además: Sequoia · Caverna
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.