Tartaria

Al viajero que pregunte por el rumbo de Tartaria, este cronista solo puede ofrecerle cuatro respuestas, y las cuatro discrepan. Consígnense todas, que el papel es más honesto cuando confiesa su confusión.

De la disputa de los itinerarios

Los mapas no se ponen de acuerdo sobre dónde cae esta tierra, y no seré yo quien falsee una certeza que el mundo no ha dado. Una escuela la sitúa en Antiterra sobre los Estados Unidos, al norte de ellos. Otra dice que el camino «va muy a las tierras de Tartaria» hacia el poniente. Una tercera recuerda que los pueblos antiguos «vinieron desde el este de la tartaria que es la zona de china». Y una cuarta la pone lejos de todo lo nuestro: «la tartaria donde venían los tártaros que es del otro lado de europa». Cuatro rumbos, una sola Tartaria. El que viaje, pregunte dos veces; el que cartografíe, deje el margen en blanco.

De la tierra misma

Lo que sí concuerda en todas las bocas es la escala y la forma: llano y más llano. «Las planicies extensas de un mundo, de un continente casi podríamos decir»; «vastas planicies de tartaria»; «las grandes extensiones de la Tartaria». No hay accidente que corte el paso ni muralla natural que separe a un pueblo de otro. De su materia se ha dicho que es «esa mezcla de Mongolia, China… la Rusia soviética» — tres edades apiladas sobre un mismo suelo, y en Antiterra simultáneas. De ciudades, caminos, clima o sonido, el archivo calla, y yo con él.

Al oriente —o donde quiera que quede— colinda con Siberia, que es territorio aparte pero no libre: «En Siberia quedaron los rusos», y también sobre ellos pesa la mano del Khan.

Del imperio

Tartaria no es tierra sin dueño. «Es la horda dorada. Es la horda del Khan, que el Khan es el imperio máximo.» Bajo esa autoridad quedan los tártaros que dieron nombre a la región, y los rusos replegados en Siberia. La población es mezcla declarada: «Los tártaros están llenos de dimos, orcos, mongoles. También hay gente» — entiéndase: lo humano convive allí con lo daimónico y lo orco, y no parece ser la parte mayor. Qué lugar ocupan esas gentes bajo la horda, nadie lo ha dejado escrito.

Las planicies son la condición del imperio: terreno sin cortes por el que una horda domina de punta a punta, donde ninguna población queda a salvo de otra por obra de la geografía. La fama del lugar es consecuencia de esa acumulación, no adorno.

De la advertencia

Porque fama tiene, y no buena: «esa zona dicen que está llena de demonios». No es rumor de taberna sobre un país inventado; Tartaria es destino real de viaje, nombrado como tal, y la recomendación viene incluida en el nombre: los que van, «tienen cuidado». Si la cautela se debe a los demonios, a la ley del Khan o a la pura distancia, la advertencia no lo distingue — quizás porque en Tartaria las tres cosas son una.

Es, además, tierra de origen: de allí salieron pueblos antiguos, de allí vienen los tártaros. Para quien vive en otras regiones del mundo, Tartaria funciona primero como advertencia y después como memoria de migraciones.

De lo que puede venir

Sobre el presente de la región pesa una historia de dominación daimónica, y sobre su futuro, una palabra que corre en voz baja: «algunos hablan de las posibilidades de una revolución allí». Es posibilidad hablada, no hecho consumado. Pero si se produce, cae el «imperio máximo», y con él cambia el destino de dimios, orcos, mongoles, humanos y de los rusos de Siberia. Un cronista viejo aprende a anotar estas cosas antes de que ocurran: los imperios de llanura caen rápido, precisamente porque nada en el terreno los detiene.

Reservas del cronista

Quedan preguntas que el archivo no responde y que este escriba no va a inventar. No sé dónde queda Tartaria de una vez y para siempre. No sé si esos «dimos» son demonios, dimios u otra cosa: la voz que lo dijo llegó gastada, y la grafía admite dos lecturas. No sé si la dominación daimónica es pasado terminado, régimen presente o el poder que sostiene al Khan desde atrás. No sé contra quién se alzaría la revolución —contra el Khan, contra los demonios, contra ambos— ni quién la empuja. No sé cómo se ve Tartaria: ninguna voz describió una ciudad, un techo, un invierno. Y no sé si «horda dorada» y «horda del Khan» son un solo cuerpo o dos nombres de cosas distintas. Que el que sepa más, escriba mejor.

Véase además: Antiterra · Estados Unidos


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Lo que el archivo no fija, no se inventa.