
Reparte con la boina calada y una carta escondida contra la muñeca, a la vista de todos menos de los que juegan.
Yo sí las robé.
Jovencito de boina al que los compañeros dejan mensaje en la posada, invitándolo a jugar a la casa: una vela encendida en la ventana como seña. Llega con un vino, se sienta y explica el juego por el que le pagan. Más tarde, cuando el asunto se pone feo y le dan una razón más —un funeral—, confiesa: las cartas las robó él, y pasa a ofrecer pacto.
El cuaderno lo fija como lo que la mesa sospechaba: un espía. La página que lleva su nombre trae, pegado, un bloque de estadísticas de SPY reskineado, y la anotación al margen confirma el reskin. Ahí mismo queda escrito su gancho dramático —la pregunta de si vendrá o no a visitar a sus hijos enfermos—, que engancha con el hilo de la medicina renacentista de otras páginas.
Vínculos
- Florenzen — la crónica donde reparte.
- Lucio Spini — con quien se sienta a la mesa de naipes.
En el papel
C55 p17 — la página es suya: el nombre en tinta azul como título, el recorte de SPY reskineado y el gancho de los hijos enfermos anotado a mano.
[R] — Capa asertórica de mesa. Entidad de FLORENZEN minada del cruce entre la crónica jugada y el cuaderno C55. Pendiente de cotejo con el cuaderno físico.