Hombre de gran envergadura física que circula por la frontera austral con las carretas, Pionero es de esos individuos que a primera vista inspiran cierta ternura —por el tamaño, por la calma de oso— y que solo con el trato prolongado revelan la solidez de hierro que llevan adentro. Conoce los caminos del sur con la precisión del que los ha recorrido cuando no había caminos, y su fuerza no es fanfarronería sino herramienta de trabajo.

Llegó a la zona del Fortín de la Estrella Federal en los primeros movimientos de la gesta, entre el grupo variopinto que el régimen —y sus adversarios— fueron empujando hacia el límite de la frontera. Su nombre es el apodo que le quedó: “Pionero”, así, sin más. Llano como él.

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