Patience Smith

Del registro de un cronista de la Corona del Norte, sobre el apellido que este mundo pronuncia cada vez que dice «el primero».

Escribo Smith y la pluma vacila, porque bajo ese apellido el archivo guarda tres linajes que nadie ha soldado: los que abrieron el territorio, los que hacen andar la nave, y uno que come de los muertos. Esta entrada trata del último, y por él, de todos.

El carpintero que da vuelta las maldiciones

Patience Smith es carpintero de oficio —«acuérdense que él era un carpintero»— y a la vez especialista en un saber que nadie más posee entre los embarcados: «sabe cómo trabajar la polaridad inversa de las maldiciones». Nótese bien la palabra: no las disuelve, no las expulsa como haría un ministro del culto; las da vuelta. Es un saber técnico y direccional, aprendido de su nana, Nancy, de quien no sabemos más que el nombre y la enseñanza. En un barco, ambos oficios son uno solo: el mismo hombre repara el casco y repara lo que se le echó encima al casco. Todo problema de maldición pasa por sus manos, porque no hay otras.

El hambre

Patience está «sin alma», y lo que lo delata no es la falta sino el apetito que la acompaña. «Patience estaba luchando contra el hambre que suele tener», y cuando lo obligaron a manifestarse «no pudo ocultarlo más y lo vieron alimentándose del cadáver» de una criatura de tres cabezas. Su hambre es «corrupta»: se sacia con cadáveres, se sostiene oculta mientras nadie lo fuerce, y cede bajo presión. Toda su fisicidad conocida viene de ese acto de comer; de su estatura, su edad, su ropa o su voz, el archivo calla. Quien lo tenga a bordo sepa que su exposición no lo compromete solo a él: cambia la situación de todos los que lo rodean.

De su boca —o de boca de otro que lo citaba, el registro no lo cierra— quedó una sola frase sobre su condición: «la muerte es mi compañera». No es temor lo que ahí se enuncia; es intimidad.

Los Smith de la nave

El apellido tiene presencia de mando en el barco donde Patience está fijado: Anker Smith es el contramaestre. Hay además un Neil, el «joven Smith». Entre los tres flotan rasgos sin dueño cierto: una «triple hilera de dientes como un tiburón», dicha del contramaestre —aunque el registro ahí nombra a un «Julián», y no queda claro si es otro nombre de Anker o una persona distinta—, y un cuerpo con «incrustadas algunas gemas, pepitas de oro», sin que se sepa si van en la piel o en la dentadura, ni si el portador es Patience o el joven Neil. Dónde navega ese barco, con qué ruta y a qué propósito, es cosa que el archivo no fija.

Los Smith de la tierra

Y sin embargo el apellido no nació en cubierta. Smith es el nombre con el que la historia de Antiterra escribe sus primeras veces. John Smith, misionero cristiano que se acercó a Rebeca, fue «uno de los primeros» en decir «pará, hay que saber cómo expandirse y hacer las cosas bien». George Smith dejó su nombre pegado a la costa: «el lugar donde llegó George Smith». Jedediah Smith, trampero, fue «el primer blanco que llegó a California por tierra, cruzando la Sierra Nevada». Misión, desembarco, cruce continental: dondequiera que la colonización tuvo punta de avance, ahí hubo un Smith.

Sobre el árbol que no puedo dibujar

Que el apellido de los que abrieron el territorio sea el mismo del que se alimenta de los muertos es una tensión que cualquier lector siente; pero las voces del archivo no la afirman. No hay un solo dato de parentesco entre los Smith históricos y los Smith embarcados. El apellido puede ser linaje o puede ser coincidencia, y este cronista, que ha visto forzar demasiadas genealogías para complacer a un patrón, no va a forzar esta. El árbol queda en blanco hasta que el archivo lo llene.

Advertencias del cronista

Quede constancia de lo que no sé. No sé si Patience y Anker son la misma persona: contramaestre, «Julián» y la triple hilera de dientes flotan sin atribución cerrada. No sé cómo se ve Patience más allá del acto de comer. No sé qué procedimiento, costo o límite tiene la «polaridad inversa», ni qué ocurre cuando falla. No sé si estar «sin alma» es causa o consecuencia del hambre, si se revierte, ni si otros lo padecen. No sé quién fue Nancy, ni si su enseñanza cubre la carpintería, las maldiciones, o ambas. No sé si las gemas y pepitas son adorno, pago, marca de oficio o consecuencia de la corrupción. Y no sé dónde está el barco. El que pregunte por los Smith, que pregunte despacio: es un apellido que en este mundo siempre llegó primero, y no siempre se supo a qué.

Véase además: La muerte


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.