Presentación

Fue la noche más oscura del camino de los Condenados, y no por la falta de luna. La procesión maldita acababa de deshacerse sobre el camino: Silas redivivo yacía decapitado de un bastonazo, y Mortan, el guerrero del hacha, estaba muerto — los espectros del frío le habían puesto las manos en los pulmones hasta vaciarlo. Junto a la calavera de cuencas vacías de Silas, uno de los compañeros hizo entonces lo que no debía: acercó el cuerpo de Mortan a los restos del traidor, le tomó la mano al muerto y empezó a untar y mezclar los cuerpos, acariciando la calavera, invocando los deseos que Silas se había llevado atragantados en la garganta. Los Poderes Oscuros tomaron nota.

Apareció una ratita que después fue murciélago — el familiar de los viejos tratos, “yo era amigo de ambos” — y susurró el nombre que había que gritar. Hubo quien se opuso a los gritos: es un rey demonio. El nombre se gritó igual, tres veces: ¡Belial! ¡Belial! ¡Belial! Se levantó un polvo, y bajo el polvo descubrieron que estaban parados en el centro de una estrella de cinco puntas. El guante del compañero de la fe se puso rojo y caliente, y algo lo agarró: “esto es lo mío”. De la calavera de Silas se elevó una presencia y se conformó una cabeza flotante, barbada, a la que se le fue poniendo carne: “Hay muchos nombres. Lo único que quiero es que digas tu deseo en voz alta.”

El trato quedó dicho, textual en lo esencial:

“Vuestras almas. En este plano. No pueden irse. Irán a acabar con la luz del Papa Alejandro VI, en el mundo este, muy cerca. Esa es la única condición: acabar con la luz… o darán el alma. Acabado el maldito de la luz, les concederé su deseo.”

El deseo lo pronunció la compañera guerrera: revivir a Mortan y deshacer todos los daños de la última batalla, “como si no hubiese pasado nada”. Belial concedió con sentencia — “cinco serán los que tendrán armas alrededor tuya, y dura será la sentencia de la serpiente” — y Mortan renació del polvo con un peso horrible encima: en el Infierno lo estaban esperando. El guante quedó como prenda; nunca volvió. Y en la mano de la guerrera apareció un anillo con una inscripción que la observaba: “¿Cuándo la serpiente terminará de comer? ¿Cuándo terminará de cerrar el círculo?” Por un instante todos estuvieron en otro lado — calaveras, un río al costado, una serpiente grabada en un monolito: el tipo de lugar donde se graba, en el Infierno, cuando se deben almas. Desde esa noche fueron parte del círculo de la serpiente.

Lo que siguió fue la cuenta. El Abad, cuando les arrancó la confesión ante el altar, lo dijo sin vueltas: quedaban excomulgados, proto-asesinos del Papa, emisarios del que “termina en -mal, su rey el Mal”. Y los que ya no podían volver se pusieron el nombre ellos mismos, entre la risa y el vértigo de saberse perdidos: somos nobeliares. El pacto se cobró entero en la arena de Ardis Vala, donde el que concedió el deseo miró a sus instrumentos y dijo “está hecho” — pero esa cuenta pertenece ya a la crónica de los condenados.

Ver también

  • Belial — el señor del trato; la cabeza que tomó carne sobre la calavera.
  • Dieter — el emisario de capa roja que después habló y operó en su lugar, y que resultó su vehículo.
  • Mortan — el compañero cuya resurrección fue el precio visible del pacto.
  • Silas — su calavera fue la puerta; sus deseos sin decir, la mecha.
  • Los Condenados — lo que los nobeliares fueron al cerrarse el círculo.
  • Misa Roja de Helix — la primera obra del nuevo culto tras el pacto.
  • El Abad — el que pronunció la excomunión, y murió por saber demasiado.
  • Bellaca — la mano que formuló el deseo y cargó el anillo de la serpiente.

Capa interna [R]

No diegético; el dispositivo de la mesa, fuera de la lectura pública.

  • Ref.: NOV S11 (11_S11.md / consolidado §“El pacto: Belial”). Citas textuales del audio: “Hay muchos nombres…”, el trato (“Vuestras almas… acabar con la luz del Papa Alejandro VI… o darán el alma”), “¿Cuándo la serpiente terminará de cerrar el círculo?”, y el cierre de mesa “Ya está: somos nobeliares” (sic, “de Belial”).
  • El disparador lúdico es un chequeo de Poderes Oscuros de Ravenloft pedido por el Máster ante la mezcla de cuerpos (“no se activa por azar, pero…”); diegetizado como “los Poderes Oscuros tomaron nota”.
  • “La flecha para matarla”: Belial desdeña la flecha de la muerte ofrecida en trueque y amenaza con delatarla a Caladan; el referente del femenino es ambiguo en el audio ([poco claro]). No se incorporó al cuerpo.
  • En S12 el grupo intenta una segunda invocación con los cadáveres del Abad y Otar; Belial no responde y en su lugar llega Dieter, “emisario del poder al que llamaron”. El Abad cuenta el pacto como doble: “no una sino dos veces”.
  • El guante aparece en el corpus como “guante de Palantir/Parantir” [¿grafía?]; era del PJ clérigo de Amonar.

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