Necronomicon
Este nombre vive en 2 mundos del archivo. Las versiones no se funden: sus diferencias son canon, y leerlas enfrentadas es la mitad de lo que el nombre significa.
En ANTITERRA
«Cerrá el libro, Cristina, por favor.» — ruego recogido en el archivo, ante el volumen abierto
De todos los libros que este cronista ha catalogado, uno solo exige que la ficha empiece por una súplica de cierre. El Necronomicon es el primer grimorio: el compendio de magia negra y necromancia que escribió el árabe loco Al Azred, dividido en diez secciones que pueden estudiarse individualmente. Su poder alcanza la destrucción universal y multiversal; su lectura completa, por eso, no es un uso sino una imprudencia.
El volumen
Es un libro físico y grande —«es así de grande el libro», dicen las voces, midiéndolo con el gesto y no con la vara—, lo bastante voluminoso para que su tamaño sea lo primero que se comente al verlo, y sin embargo manipulable por una sola persona: se lo lleva, se lo entrega, se lo abre y se lo cierra. De su encuadernación, su color, su lengua, su estado y su olor, el archivo calla, y este cronista no perfuma lo que las voces no olieron.
Las diez secciones
El libro está armado como una cosmología completa antes que como un manual: primero se explica de qué está hecho el mundo y qué hubo antes de los dioses, y sobre esa base se dan los conjuros. El poder del libro descansa en que su magia es consecuencia de su cosmogonía.
- La primera habla del origen del «ergonómico» — término oscuro que la fuente no resuelve y que aquí se copia como se oyó.
- La segunda trata de los desiertos de la Tierra y de Antiterra, de las puertas de la Luna, de los mortales y de la construcción de la Tierra y de Antiterra.
- La tercera, de los mitos antiguos anteriores a la venida de los dioses normales: los Elder Mythos.
- La quinta, «la más grande y más formidable», es «una sección de secretos»: poderes inauditos, peligrosa para la mente humana y en realidad para cualquier mente.
- La sexta, «muy densa», es magia pura: conjuros que no están en otras partes, y «además potenciada».
- La séptima se atribuye al primero que se hizo vampiro en la historia del universo —el que algunos llaman Rey Rata— y cubre necromancia, cirugía, algo de lo alquímico, la suplantación de mente y alma, y el crear y destruir almas: alquimia mística.
De la cuarta, la octava, la novena y la décima, el archivo no dice palabra. Diez estantes tiene el edificio; cuatro permanecen a oscuras.
La capa exterior: comentadores y susurro
El Necronomicon no se transmite solo como texto sino como tradición de secretos con nombres propios. Hay «una vía del susurro», y hay comentadores antiguos o guardianes de secretos; de uno de ellos el narrador propone dos nombres —Tarbafum, o Trunells— y no elige, de modo que este cronista tampoco. Si esa capa de comentario corre encuadernada con el libro o aparte, como glosa suelta o como voz, es cuestión que las escuelas no han zanjado.
La cadena de manos
Uno solo se conoce, y se sabe quién lo tiene en cada momento. Su historia de tenencia es una cadena de manos nombradas: los Atlantes antes de su caída —el libro se asocia a la magia de la Atlántida—, el conde Dracul, Morgana el Hada. En un tramo lo tiene «el árabe»; en otro, una compañía lo recibe por entrega deliberada de terceros —«el Necronomicon que le entregamos nosotros»—, con un fin explícito: ayudar en la conquista de plataformas. Krisina lo manipula y lo estudia en el mundo de los sueños.
Nótese lo que esta cadena enseña: el libro no circula por comercio sino por custodia y entrega. Y nótese lo que separa: el acceso del saber. Se puede tenerlo y no saber todavía a dónde se va con él.
El riesgo administrado
El uso normal del Necronomicon no es la lectura completa sino la selección: «bajo supervisión» se eligen algunos conjuros del libro para luchar contra los demonios y contra un diablo. Las diez secciones se estudian de a una. Que el mundo exija supervisión para abrirlo dice más que cualquier exégesis: se lo trata como un riesgo administrado, no como un recurso libre.
Por lo mismo, la decisión sobre dónde guardarlo compromete al mundo entero, no a una compañía. Se discutió la posibilidad de llevarlo al abismo, y fue considerada mala opción — el archivo registra el veredicto pero no el porqué, y hay preguntas que quizá convenga dejar sin responder.
Advertencias del cronista
Paulus advierte, antes de devolver el volumen a su ficha. Cuatro secciones enteras —cuarta, octava, novena, décima— carecen de todo testimonio: el que las cite, miente o sabe más que el archivo. El «origen ergonómico» de la primera sección es voz turbia y así queda. Quién ejerce la supervisión que autoriza los conjuros, y con qué autoridad, nadie lo dijo; y del tramo que reza «solo lo permitió Versus Demon» este cronista transcribe sin comprender. La fuente habla siempre de «el Necronomicon», en singular, pero nunca afirma que no existan copias. Qué son las «plataformas» cuya conquista motivó la entrega, y quiénes los «nosotros» que entregaron, son cabos que el archivo deja sueltos. Y la vía del susurro susurra, precisamente: no consta cómo funciona ni si camina en paralelo al papel.
En TERRA
Nota de biblioteca, manejada con guantes. El Necronomicón es un libro oculto y poderoso, de gran importancia esotérica, escrito en latín. El archivo le conoce una edición del siglo XVII catalogada en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires —prestada en su momento a Jorge Luis Borges y devuelta, dato que este cronista consigna con el asombro debido—, otra edición del siglo XVII en la biblioteca de Harvard, y una copia en la Universidad de Arkham. Y sin embargo el mismo archivo asegura que la última copia se encuentra en Buenos Aires: contradicción que no se corrige, porque un libro así bien puede ser último en varios lugares a la vez.
Múltiples facciones lo buscan. Una secta enemiga de la organización lo persiguió, y en algún conflicto el libro se perdió — el registro no dice cuál ni cuándo, solo que se perdió, que es lo que los libros de esta especie hacen mejor.
Poco más consta, y quizá sea prudente que así sea. Quien haya visto su latín, o sepa en qué anaquel porteño duerme la última copia, que lo deposite en el archivo: esta nota prefiere no ir a buscarlo en persona.
Véase además: Tierra y Antiterra · Demonios y diablos
▣ CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.