Monte Nevermind

De todos los montes de Antiterra, este es el único que se cuenta dos veces: una subiendo y otra bajando. Quien lo describe desde arriba habla de una montaña de varios niveles, dispuesta «como si fuera el purgatorio para llegar al paraíso terrenal», con caminos que suben hasta un séptimo nivel que ya no es piedra sino luz, la luz del cielo, y al que no se puede subir. Quien lo describe desde adentro habla de un monte «todo creado como un queso Gruyère»: laberintos horadados en la roca, cavidades comunicadas, ríos subterráneos «en las entrañas» que corren como conectores. Son la misma historia, contada por la cara y por el molde: alguien excavó, en el sur, para levantar el Monte del Purgatorio —«para hacer la presencia en la tierra del cielo, del monte celestial»— y «este es el hueco que dejaron». El monte de arriba es la ofrenda; Nevermind es el vaciado. También se lo registra bajo el nombre de White Dominion, y se lo alcanza en viaje aéreo bajo el de Monte de los Vigilantes.

El hueco habitado

Dentro de la caverna cae una cascada desde lo alto; su ruido llena el estanque, el mismo estanque donde caían los patiscafos — señal de que el hueco fue, o es, puerto y punto de llegada. Arriba, una escotilla de metal, mitril probablemente, corta el flujo cuando se la cierra: el monte no solo se habita, se opera.

Y se habita de veras. En sus habitaciones hay colchones grandes de un rojo apelmazado, que se pueden tocar y tantear, y sobre ellos, en lo alto, una heráldica de leones, de rugientes leones. Se come blando: el viejito ñomo trae el desayuno, huevitos revueltos, cosas blanditas. Que un lugar sitiado por huestes de varios planos sirva huevitos revueltos por la mañana dice más de su naturaleza que cualquier tratado: es casa antes que castillo.

Es también jurisdicción y sede. «Había reglas en el monte análogo de los pedlan de si podías cazar o no cazar» — ley propia, entonces, aunque el detalle de esa ley no haya llegado al archivo. Quienes se interesan por el Concurso del Jinete de la Guerra deben dirigirse allí: el certamen se decide en su nombre. Y alberga hechicería de primer orden — hay quien es «el mejor de los hechiceros de todo Montenevermine».

El ascenso

Arriba, los siete niveles. Subirlos es lo más parecido a haber encontrado el paraíso terrenal, «o por lo menos las escaleras del purgatorio». El séptimo es pura luz e inaccesible: «no se puede subir a ese nivel». El monte es análogo al Monte Celestial — su presencia en la tierra; el Purgatorio «también fue conocido como el Monte Análogo». Del Monte Noruego se dice apenas esto: «si el monte Noruego lo perdió» — perdió el recuerdo o el acceso al paraíso; qué perdió exactamente, y qué lo une a este monte, queda sin decir. A Anastasia también se la vincula al sitio —«la Anastasia tiene ni más ni menos que el monte análogo»—, aunque otra voz lo contrasta con «el lugar de Anastasia», y este cronista deja las dos frases donde están.

Faro y plaza fuerte

«Querrámoslo o no, es un faro.» Mientras está en pie sostiene el mundo tal como se lo conoce, y la regla está enunciada sin ambigüedad: «donde se caiga este monte, todo lo que vos conocés del lugar que venís va a dejar de ser como era, y va a ser todo mucho más tenebroso».

Por eso mismo toda la montaña está en pie de guerra. Tiene sus defensas contra invasiones y ataques demoníacos, y está rodeada no sólo de daemons sino de huestes de varios planos, con grupos, barcos y cosas que vienen por abajo. El monte está lleno de daemons que minan almas de ángeles; los ángeles, los seres del monte, jamás estarían de acuerdo con una invasión demoníaca. De él dependen sus habitantes, los refugiados que salieron de él —hay refugiados del Monte Análogo instalados en Port Royal, con descendientes viviendo en París— y el certamen que se decide en su nombre. Cualquier gesta que lo toque es asunto cosmológico, no local.

Los itinerarios que no cierran

Aquí los mapas discuten entre sí, y conviene decirlo antes de que el viajero empaque. Una escuela sitúa el Monte Nevermind «en la zona de los Sudetes, no muy lejos igual de Praga», y lo cuenta entre los lugares de paso más cercanos al inicio del viaje. Otra pone el Monte Análogo «en el sur», en el Polo Sur de Antiterra, y planifica llegar a él desde Italia. O son los dos extremos de una misma perforación —el hueco al norte, el monte al sur— o son dos localizaciones incompatibles; el archivo superpone las versiones y no las reconcilia.

A esto se suma que el monte «está mucho más lejos de lo que parece» y que «hay barreras planadas»: antes se podía acceder navegando, ahora no. Y hasta su presencia misma se disputa: se afirma que el Monte Análogo al Monte Celestial «está ahora en la tierra», y en otra voz, que «cuando existía como un lugar en la tierra… en esta instancia no está». Un monte que sostiene el mundo y del que no se sabe con certeza si está en él: esa es la clase de paradoja que los cronistas anotan y no resuelven.

Advertencias del cronista

Quede constancia de lo que este registro no puede afirmar. No se sabe quién excavó el Monte del Purgatorio, ni cuándo, ni con qué medios: el mito del vaciado corre por una sola voz. No se sabe qué son exactamente las barreras planadas ni quién las puso. De los ríos subterráneos se dijo que «detienen el monte», y la frase corta para los dos lados: no queda claro si lo sostienen o lo bloquean. No queda claro quién manda en el monte ni con qué fuerzas organiza la defensa frente al sitio. Las reglas de caza de los pedlan existen, pero no su letra: qué se caza, quién juzga, qué pena hay. Cómo se articulan la escotilla de mitril, la cascada y el estanque de los patiscafos con las vías de entrada, tampoco está dicho. Y hay una frase, sintácticamente ambigua, que deja abierta la pregunta de si el monte es o no una ciudad invisible. El viajero prudente lleve estas preguntas consigo; son parte del equipaje.

Véase además: Monte Celestial · Concurso del Jinete de la Guerra · Italia


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.