Monte Análogo

El que quiera verlo, que navegue hacia el sur hasta que no quede más sur. Allí, donde la cosmografía de Dante —autoridad que este mundo toma por ley— fija «exactamente el lugar opuesto» a Jerusalén, se alza desde el agua una montaña de siete niveles, dispuesta «como si fuera el purgatorio para llegar al paraíso terrenal». Es el faro espiritual del mundo. Y es, en la hora en que escribo, una plaza sitiada.

Del porqué de un monte en medio del mar

No estuvo siempre. El monte «surgió en el agua para equilibrar el problema del infierno»: cuando Dante escribió los tres reinos, abrió los portales del Infierno, y el mundo necesitó un contrapeso. El Monte Análogo es esa compensación hecha piedra —análoga del Monte Celestial «en la tierra de los siete niveles», ese plano donde «las curaciones son maximizadas»—. De ahí que Antiterra entera se defina por relación a él: «Antiterra es casi una extensión, es como la embajada»; hay quienes dicen que es lo mismo, o «una forma apenas diluida». Tiene parecido, también, con el Monte Purgatorio que existe como lugar del mundo, y se lo ha comparado con «las escaleras del purgatorio». Su oficio no cambia con las guerras: «sí, es un faro, querrámoslo o no, es un faro».

Itinerario del navegante

Se llega por mar, y el mar engaña: «el monte está mucho más lejos de lo que parece». Desde el barco fondeado hasta la costa quedan unos cinco kilómetros, «algo que se puede sortear, no en cinco minutos, pero sí en media hora, un poco más tal vez». Antes de tocar tierra el viajero atraviesa cercos: «barreras planadas» mar afuera, y luego aduanas donde se detiene a los que vienen. Frente al monte, visible desde cubierta, «se está levantando algo… una serie de estrellas, como si fuera una red de contención» — si esa red guarda lo de adentro o rechaza lo de afuera, nadie me lo supo decir.

Hay otros caminos: portales construidos —un hechicero armó uno que conecta el plano primario con el valle del monte mediante elementales de tierra— y magia de traslado. Pero adviértase la ley del lugar: no se puede volar por medios sobrenaturales; es «una propiedad del plano: se convierte en un pájaro». Todo acceso, entonces, es por agua, por puerta o por escalón. El monte no admite atajos por el aire.

Los siete niveles

«Una montaña de varios niveles», escalonada, con «unos caminos» que los recorren. Siete peldaños que son a la vez ascenso moral y escalafón de acceso. Del séptimo solo puede decirse que no se sube: «no se puede subir a ese nivel, es luz», «es la luz del cielo». De los seis restantes, los que los habitan —ángeles y «seres del monte análogo»— no han dejado descripción que yo haya podido recoger, y no seré yo quien les invente terrazas.

Las raíces

Porque el monte también baja. Está horadado por cavernas y por «unos ríos subterráneos que detienen el monte» — y aquí el idioma del archivo se vuelve traicionero: detener puede ser sostener o puede ser bloquear, y las voces no lo aclaran. Hay una caverna «que penetra como adentro del monte, como que va más a la raíz», donde está La Fuente — qué es y qué hace, el archivo lo calla. Hay túneles excavados hacia el centro.

Y es por ahí, por donde el monte es raíz y no luz, que entró la desgracia: en los niveles inferiores se abrieron portales, y «de esas puertas salen oscuridades que van a destruir el mundo que hoy lo conocemos». La invasión sigue la lógica del monte invertida — llega «por abajo», con huestes de varios planos, barcos, «cosas que vienen por abajo». Hoy el monte «está lleno de Daemons» que minan almas de ángeles, y los suyos «jamás estarían de acuerdo con una invasión demoníaca». Estado presente: «toda la montaña está en pie de guerra».

Leyes y tribunales del monte

Rigen reglas propias, y el monte las aplica solo. Sobre la caza hay mandamientos explícitos de a qué se puede dar caza y a qué no, con sanción automática: «vos vas a cazar, pero también vos vas a ser presa, porque estás haciendo todo jodido». Es además sede de decisiones mayores: el Concurso del Jinete de la Guerra se dirime allí, y «aquellos interesados deberían dirigirse al Monte Análogo».

La tarea que hoy se proclama sobre él no es conquistarlo sino cerrarlo: «necesito que desactiven los portales que se abrieron, para que no haya más ruptura, para que no sigan invadiendo». Porque el peso del monte es el peso del mundo: «donde se caiga este monte, todo lo que vos conocés del lugar que venís va a dejar de ser como era, y va a ser todo mucho más tenebroso».

De los otros montes, para que el viajero no se confunda

El nombre atrae nombres, y conviene deslindar. El Monte Olimpo, o Monte de las Musas, es otro lugar — y quede dicho con la letra del archivo: «monte olimpo no es celestia». Allí hay pastizal verde, mariposas y gorriones, musas y cantos, dioses griegos con sus altares y panteones antiguos, puentes, un templo funcional para rituales de resurrección, sitios de entierro de los tesoros de los héroes antiguos, nereidas, las ruinas del reino de los osos, y monasterios «perchados como nidos de águila». Guarda un sarcófago con un humanoide petrificado que despierta con la llegada de Khalim — quién es ese durmiente, no está dicho. El Monte Italiano es topónimo aparte: en sus calles se encontró una espada. Los Montes Yatil y Altay se espejan en anagrama — el mundo usa topónimos de la vieja Asia Central. Y entre los Montes Celestiales mismos hay escuelas doctrinales que disputan sobre la redención: «consideramos que hasta los diablos pueden ser redimidos». Qué relación exacta guardan todos estos montes con el Análogo, el archivo los nombra juntos pero solo separa expresamente Olimpo de Celestia; el resto queda en la niebla de los mapas.

Advertencias de Paulus

Escribo con la vela corta, y declaro lo que no sé. Las versiones disputan sobre la presencia misma del monte: una afirma que «ese monte análogo al monte celestial está ahora en la tierra»; otra sostiene que «cuando existía como un lugar en la tierra… tampoco en esta instancia no está, y si estuviera está lejos; antes podías acceder navegando, ahora no». ¿Fue retirado del mundo? ¿Se volvió solo inaccesible? ¿Ambas cosas? Que el lector cargue la duda junto con las provisiones. Hay además una frase que no logro asentar: «no es el lugar de Anastasia, es una ciudad invisible, no podemos estar en mapas planos» — si el monte es una ciudad invisible o si se lo contrapone a una, no lo decido; y el vínculo de esa Anastasia con el monte queda sin resolver. De las aduanas no sé quién las administra ni qué se paga por pasar. De la regla de caza quedó una palabra que ningún escriba identificó: «había reglas en el monte análogo de los pedlan de si podías cazar o no cazar» — los pedlan, así, y así la dejo. Y de lo más urgente —quién abrió los portales de abajo y cómo se los desactiva— el archivo solo trae la orden de cerrarlos, no el modo. Ojalá otro cronista llegue más arriba que yo.

Véase además: Antiterra · Jerusalén · Khalim


CITADO — entrada trazable al archivo: cada afirmación proviene de un registro con referencia. Donde el archivo calla, la entrada lo declara — LAGUNA — en lugar de completarlo.